Judas: Aún tiene qué ver con el dinero

El relanzamiento este año de varios libros en edición rústica refleja el interés continuo y popular por las obras oscuras y no bíblicas relacionadas con la vida de Jesús y la iglesia de los primeros cristianos.

El año pasado se trató del recién traducido y denominado Evangelio de Judas, el texto pseudocristiano que más recientemente ha llamado la atención. Su lanzamiento fue convenientemente programado para generar ventas durante la temporada de Pascua. Un libro complementario, El Evangelio Perdido: La Búsqueda del Evangelio de Judas Iscariote, contaba la historia de la compra y traducción del trabajo de los antiguos gnósticos. Ambos libros fueron publicados por la National Geographic Society y fueron lanzados al mismo tiempo junto con un documental en el horario de mayor audiencia.

Fue un gran éxito en diversos medios, con elevadas ventas en libros; pero aunque Terry García de la National Geographic ha señalado que la sociedad gastó una fuerte suma de dinero en la restauración del manuscrito y que el proyecto no era «un negocio», su opinión tendría más peso si los argumentos presentados acerca del texto no fueran tan hiperbólicos. Por ejemplo, es muy cuestionable que se trate del «descubrimiento arqueológico más importante de los últimos 60 años», como reportaron subjetivamente las noticias de la National Geographic, o que «este evangelio perdido… sea el testimonio de algo completamente diferente de lo que se decía [acerca de Judas] en la Biblia».

Justo antes de que el documental saliera al aire, otro libro, Los Secretos de Judas: La Historia del Discípulo Incomprendido y de Su Evangelio Extraviado, se convirtió en escenario de un nuevo debate. Su autor es una de las eminencias grises de los estudios gnósticos, James M. Robinson, quien supervisó la traducción al inglés y la edición de la famosa colección de los textos gnósticos (o códices) encontrados en 1945 en Nag Hammadi, Egipto. La meta de Robinson en The Secrets of Judas [Los Secretos de Judas] era describir la historia del evangelio, pero también resaltar los problemas para determinar su autenticidad.

Si usted creía que el recién descubierto evangelio le brindaría un mayor análisis de la mente de Judas —como la razón por la que traicionó a Jesús y luego se suicidó o fue asesinado (dependiendo de la versión que usted acepte)—, entonces seguramente se decepcionaría. Poco fue lo que se reportó en la publicidad en torno a esta obra que no se hubiera podido deducir a partir de la lectura de los Evangelios de Mateos, Marcos, Lucas y Juan en el Nuevo Testamento. Está bien, en el evangelio que lleva su nombre, Judas no se muestra como el estereotipado tipo malo, sino más bien como el único discípulo que realmente entendió la misión de Jesús. En lugar de ser el villano, Judas súbitamente se transformó en un hombre bueno, pero, a pesar de todo el bombo publicitario en torno al documental, no aumentó nuestro entendimiento sobre Jesucristo o siquiera de Judas. Por el contrario, un año después de su lanzamiento parece que los esfuerzos por comercializar el recién traducido evangelio reflejan la tradicional descripción de Judas en el Nuevo Testamento: un discípulo preocupado por el dinero más que por la verdad.

«El autor del Evangelio según Judas permanece en el anonimato. Se estima que el texto griego original del evangelio, del que hay una traducción al copto, fue escrito por un grupo de los primeros gnósticos cristianos…».

NATIONALGEOGRAPHIC.COM, “Frequently Asked Questions,” The Lost Gospel of Judas

El único códice disponible (como los primeros libros que se conocían) que contiene el Evangelio de Judas en idioma copto data de aproximadamente el siglo cuarto o quinto. Aunque es generalmente aceptado como una narración fiel del original en griego y aunque el original pretende contener las verdaderas memorias del discípulo Judas escritas de manera apresurada antes (como lo registra el Nuevo Testamento) de quitarse la vida, el evangelio contiene varios anacronismos que lo señalan como un producto del siglo II —el periodo en que fueron escritos varios otros evangelios gnósticos. Como señaló el Prof. Simon Gathercole de la Universidad de Aberdeen (BBC Radio 4, 19 de marzo de 2006), es más bien como «descubrir un discurso de la Reina Victoria donde habla acerca de su afición por El Señor de los Anillos y su gran colección de CD». Este evangelio simplemente aparta tanto a Jesús como a Judas de su entorno judío del siglo I y les coloca en el entorno bastante filosófico y helenista de las comunidades gnósticas del siglo II. Las creencias gnósticas de los escritores son claramente evidentes. (Consulte «Christianity’s Tangled Roots» y «Ortodoxia: ¿Otra herejía?»).

A diferencia de los Evangelios del Nuevo Testamento esta versión gnóstica ofrece muy pocos o ningún detalle acerca de la vida de Jesús. Presentado en su mayor parte como una conversación entre Jesús y los discípulos y luego entre Jesús y Judas, es similar a los evangelios gnósticos de María y Tomás.

¿Por qué, entonces, la publicación del Evangelio de Judas gozó de tantas fanfarrias y tanto alarde?

DEL MERCADO GRIS AL MERCADO MASIVO

Diversos factores han convergido para hacer de este manuscrito algo tan intrigante. En primer lugar, su propiedad está en tela de juicio. Salió a la luz en la década de 1970, aunque algunos especulan que pudo haber sido parte del descubrimiento original de Nag Hammadi. Como tesoro arqueológico, es estrictamente propiedad de la nación de Egipto, pero fue ilegalmente exportado y se encontró en el mercado gris de antigüedades durante más de dos decenios, por lo que se fue deteriorando rápidamente debido a su manejo negligente y abusivo.

Durante este tiempo el códice fue ofrecido a varias universidades de prestigio, todas las cuales lo rechazaron debido al excesivo precio solicitado y a la falta de información respecto a su procedencia o los detalles de su origen y descubrimiento. La especialista gnóstica de la Universidad de Princeton, Elaine Pagels, detalló su propia experiencia con sus primeros contactos con el manuscrito en una reciente entrevista para Visión: «Recibí una llamada de un comerciante en Cleveland quien me dijo que tenía un texto que quería que viera; quería que yo publicara el Evangelio de Judas. Yo me asusté y pensé: “¿Cómo es que este hombre sabe que en realidad existió uno?”. Me dijo que verificara sus credenciales. Averigüé que era un comerciante respetable, pero luego de perseguirme por dos semanas nunca más devolvió mis llamadas. Me di cuenta, por supuesto, que el texto era robado y no podía ser vendido de manera legal».

Pagels continuó diciendo: «Estuve hablando con un miembro del consejo de Princeton, quien había donado varios libros raros a la universidad, para ver si él pudiera estar interesado en adquirir el texto, en fotografiarlo y luego devolverlo formalmente a Egipto. Eso es lo que tendría que hacerse para que fuera legal. Estábamos hablando de esa opción cuando el comerciante me pidió que fuera a Cleveland a verlo».

«Así que fui y me mostró una portada que muy claramente decía “El Evangelio según Judas”. Luego me mostró cinco páginas que parecían muy familiares, como muchos otros textos que he visto, pero no eran un diálogo entre Jesús y Judas. Así que pensé “Está exagerando; está diciendo que es el Evangelio para elevar el precio. No es el evangelio; es sólo alguna clase de oración copta convencional”. Después resultó, como supe en septiembre de 2006, que antes de ser publicado el comerciante supuso que el título precedía a las páginas. Lo que él no sabía, aunque negocia con textos coptos, es que con frecuencia el título se coloca al final, por lo que las 26 páginas anteriores correspondían al Evangelio de Judas, y yo nunca las vi. Lo que me mostró fueron las cinco páginas de Alógenes. Sonaban bastante familiar y ciertamente no se parecían a lo que él había descrito».

El manuscrito luego quedó guardado en Europa por un coleccionista privado quien finalmente lo sometió a un proceso de preservación que debió haberse hecho ya mucho tiempo atrás y luego procedió a su traducción.

TIEMPO Y DINERO

La segunda razón para publicar el Evangelio de Judas es que era el tiempo propicio para sacar provecho de dicho documento. Se ha dado mucha publicidad a los gnósticos y a sus escritos debido al arrollador éxito de El Código da Vinci. El público lector parece tener apetito por dicho material, lo cual sugiere que quien tenía en su posesión el manuscrito de Judas y la National Geographic Society esperaban obtener alguna clase de beneficio económico a partir del evangelio antes de que fuera devuelto a su hogar legítimo en Egipto.

«El tipo de cristianismo que ha ganado popularidad en los últimos dos siglos… ha aceptado… una esperanza futura que es incorrectamente similar a aquélla del gnosticismo».

N.T. Wright (Obispo de Durham), Judas and the Gospel of Jesus

Sin embargo, algunos dicen que más bien se trató de algo fortuito. Marvin Meyer, un miembro del equipo de traducción y profesor de Estudios Bíblicos y Cristianos en la Universidad Chapman de California, expresó su sorpresa en cuanto al nivel de interés del público cuando se dio a conocer el documento. En una conferencia en la Universidad del Judaísmo en Los Ángeles señaló que su éxito se debía a los recursos y a los hábiles medios de comercialización de la National Geographic Society.

Otro factor que logró mantener vivo el interés en el tema es lo que se podría denominar el efecto «rebote». Con su punto de vista poco convencional de Judas como un discípulo que realmente entendió las necesidades de Jesús, lo que le permitió ser crucificado de manera que pudiera escapar de su cuerpo físico, el documento provoca una respuesta crítica de quienes mantienen un punto de vista ortodoxo de las Escrituras. Diversos libros que hablan de Judas y su recién traducido evangelio han sido un éxito en las ventas. Tom Wright, obispo de Durham y uno de los principales especialistas de la Iglesia de Inglaterra, ha escrito Judas and the Gospel of Jesus: Have We Missed the Truth About Christianity? [Judas y el Evangelio de Jesús: ¿Hemos perdido la verdad acerca del cristianismo?]. Por otro lado, The Gospel of Judas: Rewriting Early Christianity [El Evangelio de Judas: Reescribiendo el cristianismo primitivo] de Gathercole está listo para ser publicado este mismo año. Mientras tanto, los seguidores de Judas tienen muchos otros libros en diferentes etapas del proceso de publicación y las cajas registradoras de las librerías siguen sonando.

LA ACADEMIA DIVIDIDA

Lo que es de mayor importancia y que se ha mantenido oculto en buena parte del público es el debate en los círculos académicos entre quienes se especializan en literatura gnóstica. El evangelio les ha dividido en dos áreas: Pagels se encuentra entre quienes apoyan la traducción actual, mientras que otros, como April DeConick de la Universidad de Rice, consideran que falla por su base hasta el grado de haber conducido a conclusiones incorrectas. Para DeConick, Judas es el malo incluso en su propio evangelio.

Mientras más tiempo lleva disponible para los académicos la traducción y las copias del manuscrito original, mayor es el clamor con respecto a que la traducción es, en realidad, incorrecta. En una conferencia organizada por la Universidad Sorbona en París, DeConick presentó con cautela sus puntos de vista sobre los problemas de la traducción y las falsas conclusiones obtenidas de la misma. Para su asombro, otros dos especialistas gnósticos de diferentes partes del mundo presentaron conclusiones similares. Ninguno de ellos había expresado sus preocupaciones a los demás antes de realizar su presentación en la conferencia.

Más tarde, en la conferencia anual de la Society of Biblical Literature en Washington, D.C. (noviembre de 2006), los asistentes escucharon y respondieron con entusiasmo a la presentación del Prof. Craig Evans de la escuela Acadia Divinity College, en donde él también expresó sus dudas sobre la traducción. Evans, al igual que Pagels, había formado parte del equipo original reunido por la National Geographic Society para dar a conocer el Evangelio de Judas. Como panelista, se encontraba en una buena posición para entender algunas de las presiones a las que habían sido sometidos para la publicación del evangelio.

El problema para la comunidad académica no es sólo la traducción. El códice se había dejado deteriorar hasta el grado en que las páginas tenían que volver a colocarse como en un rompecabezas. El trabajo hubiera sido demandante incluso bajo las mejores circunstancias y el equipo reunido para llevarlo a cabo demostró ser demasiado pequeño para la tarea. No había nadie a la mano para corroborar o validar la colocación de las palabras o las secciones del texto. Como consecuencia, cuando el documento por fin se sometió a la revisión de otros expertos, se realizaron sugerencias alternas en cuanto a la colocación de los fragmentos y el significado del texto.

Los especialistas están ansiosos por ver fotografías de las páginas originales y su reconstrucción. En tanto no estén disponibles y se haya determinado la formación del rompecabezas, todas son adivinanzas. La especialista gnóstica, Karen King, dijo a Visión que, a pesar de su confianza en el equipo que realizó el trabajo inicial, «es imposible decir lo que pensamos acerca de sus resultados hasta que podamos ver el texto real, y no se ha dado acceso general al papiro. Como dije también respecto a mi traducción para el libro que Elaine [Pagels] y yo escribimos, todo es provisional hasta que podamos ver realmente el papiro».

Uno no puede evitar especular en cuanto a que, en un deseo por comenzar a comercializar el proyecto y contener los costos, la National Geographic Society descuidó el control de calidad. Pero entonces otras lecturas quizá no hubieran sido tan sensacionales o no hubieran producido los resultados iniciales que ésta logró.

UN VIEJO DEBATE

Aunque se trata de la primera copia del Evangelio de Judas en ser vista en el mundo moderno, se nos ha hecho saber de dicho documento a través de los escritos de Ireneo de Lyon, quien censuró al Evangelio de Judas como una herejía en sus escritos hacia finales del siglo II (Contra las Herejías 1.31.1).

Al igual que Ireneo, Epifanio, quien escribió a finales del siglo IV, relacionó al evangelio con un grupo gnóstico llamado los cainitas, quienes tomaron su nombre del asesino de Abel: Caín. Epifanio detalló las creencias del grupo, mostrando cómo reverenciaban a todo aquél que se ganaba el desprecio de los escritores bíblicos (Panarion 38).

Ahora nos encontramos en la posición de evaluar el recién encontrado evangelio y de determinar si corrobora las afirmaciones de Ireneo y Epifanio. A primera vista, este documento ciertamente tiene algunas similitudes con el conocido únicamente por la historia, pero también difiere en algunos aspectos, lo que dificulta aún más determinar un vínculo concreto.

No obstante, algo sí es seguro: por diversas razones que van desde el dinero hasta el debate académico y la demanda del público, es poco probable que Judas y su evangelio desaparezcan pronto del panorama.