En Busca de Veritas 

En el mundo grecorromano, la diosa Veritas personificaba todo lo que se entendía como verdad. La búsqueda de este evasivo concepto se consideraba un viaje esencial para todo ciudadano romano.

A principios del siglo primero, un procurador romano enviado a una polvorienta provincia en el Cercano Oriente quedó impresionado por alguien que afirmaba poseer la evasiva cualidad de la verdad. Poncio Pilato, un representante del César, se refería a las palabras de ese prisionero que había sido acusado de crímenes contra su pueblo y el poder de Roma. El hombre judío le dijo que uno de los propósitos de Su existencia era revelar la verdad, y también afirmó que aquéllos que estuvieran de Su lado escucharían la verdad mientras Él hablara (Juan 18:37).

Probablemente el Procurador fue algo escéptico ante alguien que afirmaba entender la esencia de la verdad absoluta. Pilato bien pudo haber considerado las palabras del prisionero como increíblemente arrogantes e ingenuas. ¿Cómo podía alguien, mucho menos un prisionero de Roma, afirmar que poseía la verdad? La respuesta de Pilato a las afirmaciones del prisionero parecía expresar en voz alta su pensamiento: «¿Qué es la verdad?» (versículo 38).

En los años posteriores a esta declaración, la búsqueda de Veritas no fue exclusiva del mundo romano, sino que la fuente de la verdad ha demostrado ser tan esquiva como siempre.

En una época más reciente, Alexander Solzhenitsyn lanzó este reto en una ceremonia de graduación de la Universidad de Harvard en 1978. El que alguna vez fue también preso político se refirió al lema de la afamada institución mientras les advertía de los retos de cumplir con su promesa.

«El lema de Harvard es “Veritas”» observó. «Muchos de ustedes ya lo han descubierto y otros descubrirán en el curso de su vida que la verdad nos evade si no nos concentramos con total atención en su búsqueda. Y mientras nos evade, persiste la ilusión de conocerla y nos conduce a muchos malentendidos». En la suave lluvia del día, el famoso ex prisionero continuó diciendo que dirigía a su auditorio duras palabras respecto a la búsqueda de la verdad. «La verdad en raras ocasiones es agradable, más bien casi siempre es invariablemente amarga. También hay cierta amargura en mi discurso hoy; sin embargo, quiero enfatizar que no proviene de un adversario, sino de un amigo».

El tono de este discurso de graduación carecía del acostumbrado mensaje motivacional dado usualmente en esa época del año. Por el contrario, el célebre autor de Archipiélago Gulag siguió analizando los difíciles retos que el mundo ofrecía a los graduados de 1978, pero 30 años después sus palabras parecen ser extraordinariamente relevantes para el estado actual de las cosas. El discurso de Solzhenitsyn expresaba temas enfocados en la disparidad real y percibida entre culturas, la falta de visión del mundo occidental, el lugar de la ley en una sociedad moderna y los errores de las estructuras políticas que encontramos en Oriente. El autor habló en ruso y no titubeó al abordar todos los puntos de la ecuación. Su vertiginoso ataque contra la naturaleza materialista de la cultura occidental estaba igualmente balanceado por una severa condenación a los azotes del humanismo, el socialismo y el comunismo marxista. 

Solzhenitsyn pidió reconquistar la verdad auténtica y advirtió de la catástrofe global que causaría fallar en el intento. Él veía la búsqueda de la verdad como una disciplina espiritual que era esencial para todos.

«Pero la lucha por nuestro planeta, en lo físico y lo espiritual, una lucha de proporciones cósmicas, no es una vaga cuestión del futuro… ya ha comenzado. Las fuerzas del mal han comenzado su decisiva ofensiva; ya es posible sentir su presión, y sin embargo sus pantallas y publicaciones están llenas de sonrisas obligatorias y copas listas para brindar. ¿A qué se debe el gozo?».

El discurso de graduación finalizó con algunas preguntas curiosas mientras reflexionaba acerca de la situación de la humanidad y el posible futuro que aguarda. Este tipo de preguntas fuerzan a considerar la genuina fuente de la verdad.

«Incluso si nos libramos de la destrucción de la guerra, nuestras vidas tendrán que cambiar si es que queremos salvar la vida de la autodestrucción. No podemos evitar revisar las definiciones fundamentales de la vida y la sociedad humanas. ¿Es verdad que el hombre está por encima de todo? ¿No existe un Espíritu Superior por arriba de él? ¿Es correcto que la vida del hombre y las actividades de la sociedad deban estar determinadas en primer lugar por la expansión material? ¿Es lícito promover tal expansión en perjuicio de nuestra integridad espiritual?».

Las preguntas planteadas por Solzhenitsyn en un temprano día de junio de 1978 merecen ser consideradas y respondidas. Desde su punto de vista, la búsqueda de la verdad suponía un justo entendimiento del propósito de la existencia de la vida humana en este planeta: un deseo genuino por alcanzar la verdad llevaría a cualquiera a revisar la naturaleza fundamental de la vida humana y la sociedad. Este antiguo prisionero tuvo el valor de preguntar si había algo más que sólo la parafernalia de una existencia física. Solzhenitsyn sugirió que el hombre debería considerar que podría existir un Espíritu Superior.

Alguien se puede imaginar que algunos responderían a preguntas como éstas con palabras similares a las de Poncio Pilato: «¿Qué es la verdad?».

El prisionero que estaba de pie ante Poncio Pilato hace casi 2,000 años no tenía una mera noción nublada de la fuente de la verdad absoluta; más bien, Su propósito era representar la fuerza espiritual que transformaría radicalmente y para siempre la vida humana y la sociedad.

Jesús fue arrestado y llevado ante el procurador romano por acusaciones en Su contra. Se pensaba que Él se proclamaba a Sí mismo como un gobernante al mismo nivel de un rey o del mismo emperador de Roma. Aunque Jesús no respondió directamente a estas acusaciones, sí le indicó a Pilato que existe otro poder por encima de cualquier gobierno o sistema humano. Él simplemente estableció que la fuente a la que Él representaba no podía ser contenida por este mundo (Juan 18:36).

Poncio Pilato tuvo la oportunidad de estar frente a frente con la verdad, en las palabras y la persona de ese hombre judío. Jesús le dijo que era Su propósito haber nacido y vivir para dejar entrever esa verdad absoluta, y planteó que habría quienes la escucharían y responderían a ella. 

«Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz» (Juan 18:37).

Las palabras de estos dos prisioneros políticos, separados por más de 1900 años de existencia humana, proveen cierta orientación útil para aquéllos que buscan la verdad. Uno de ellos fue prisionero de un régimen humano opresivo que lo forzó a pensar en el propósito absoluto de la humanidad y las soluciones a los terribles problemas que enfrentamos. El galardonado autor estuvo dispuesto a formular incómodas preguntas y a esperar la respuesta. El otro fue un humilde judío que sabía que había soluciones a los problemas destructivos que enfrenta la raza humana, y entendió que habría algunos que responderían a la verdad y algunos que no.

Jesucristo trajo un mensaje de esperanza para toda la humanidad que no se basaba en una solución meramente física. Él representaba una forma diferente de gobierno, liderazgo y filosofía que podía ofrecer una respuesta para cada una de las preguntas formuladas dos milenios después por un autor ruso en un discurso de graduación en Harvard. 

Al reflexionar acerca de la búsqueda del hombre por la verdad, Solzhenitsyn comprendió que hemos perdido mucho de nuestro viaje por la verdad absoluta. «En el camino desde el Renacimiento hasta nuestros días, hemos enriquecido nuestra experiencia, pero hemos perdido el concepto de una Entidad Suprema y Completa que solía contener nuestras pasiones y nuestra irresponsabilidad. Hemos puesto demasiadas esperanzas en las reformas políticas y sociales, sólo para descubrir que estábamos siendo privados de nuestra posesión más preciada: nuestra vida espiritual».

Jesucristo advirtió que la humanidad no podía tener la llenura que esperaba encontrar en las innumerables e impracticables reformas políticas y sociales de este mundo. Él proveyó un camino hacia la única fuente de verdad, cuyos resultados, cuando fuese tomada por completo por una mente abierta, serían algo mucho mayor que el final de la búsqueda de Veritas. El camino iluminado por Jesucristo conduce a un entendimiento del potencial espiritual absoluto que la humanidad fue creada para poseer.