¿Madre Tierra?

¿Cuál es nuestra relación con el planeta al que llamamos hogar? 

«Somos como dioses y más vale que lo hagamos bien». Así lo declaró Stewart Brand en su Whole Earth Catalog (Catálogo de Toda la Tierra), publicado en varias ediciones regulares desde 1968 hasta 1972—un periodo al que ahora se refiere como de «tiempos ingenuos». En su libro Whole Earth Discipline (La Disciplina de Toda la Tierra), vuelve a consultar y edifica sobre su metodología «ecopragmática» hacia el ambientalismo. Hoy en día, dice, es tiempo para un nuevo lema: «Somos como dioses y tenemos que hacerlo bien».

Tal vez el fallecido senador norteamericano Gaylord Nelson tenía ese mismo sentimiento en mente cuando, en abril de 1970 estableció el Día de la Tierra, un evento anual con el propósito de promover la causa de la preocupación ambiental en los Estados Unidos. Cuatro décadas más tarde, El Día de la Tierra se ha convertido en parte del tapiz cultural no solamente de los Estados Unidos sino de otras naciones por igual. Por otro lado, posiblemente no anticipado por Nelson, fue la vinculación eventual de este día con una deidad en particular: Gaia, la antigua diosa griega de la tierra.

El mito de Gaia o Gea, es inscrito primeramente en el relato de la creación del Siglo VII a.C. por el escritor griego Hesíodo en su Teogonía, una genealogía de los dioses olímpicos. Gaia no sólo era la diosa madre, sino la personificación de la tierra misma—la Tierra Madre o Madre Tierra—dio nacimiento a otros numerosos dioses. La Stanford Encyclopedia of Philosophy (Enciclopedia de Filosofía de Stanford) describe la obra de Hesíodo como un «vasto relato familiar estilo Hollywood, con envidia, furia, amor y deseo todo jugando partes importantes dentro del futuro mundo como lo conocemos hoy en día». En este mitológico tumulto familiar, Gaia formó parte de varias conspiraciones que culminaron con su nieto Zeus suplantando a su padre (Cronos el hijo de Gaia) adquiriendo máximo poder.

¿Cómo llegó a asociarse Gaia con el ambientalismo? La gente a menudo se refiere a nuestro planeta como la Madre Tierra y a la biosfera y a las fuerzas que controlan como la Madre Naturaleza, pero ¿cuál es la naturaleza de nuestra relación con el planeta?

¿QUÉ HAY DETRÁS DEL NOMBRE?

Incluso antes de la conexión de Gaia con el Día de la Tierra, su nombre llegó a estar vinculado con una teoría promulgada por el científico británico James Lovelock. Según Lovelock la tierra entera, animada e inanimada, es «un sistema autoregulado compuesto por la totalidad de organismos, las rocas de la superficie, el océano y la atmosfera bien acoplados como un sistema evolutivo» que reacciona a las tensiones ocasionadas por humanos y otras fuerzas externas. Señala que el laureado novelista por el premio Nobel William Golding, al saber sobre la hipótesis de su amigo Lovelock, «pensó que semejante idea debería ser nombrada Gaia como la diosa griega de la Tierra». Eso fue en 1967, tres años antes del primer Día de la Tierra en 1970. Desde entonces, y tal vez porque la teoría Gaia de Lovelock se relaciona con las mismas ideas detrás del Día de la Tierra, los dos se han conectado de una manera sinérgica. Sin embargo, el mismo Lovelock expresa dudas sobre la relación que su trabajo tiene con lo que él llama «política ambientalista». Aunque simpatizaba con la causa ambiental, lo observa muy limitado dentro de su alcance. «Nunca he estado completamente del lado del ambientalismo, siento que su preocupación se trata más acerca de la gente y no de la Tierra», lo escribió en su Homage to Gaia (Homenaje a Gaia).

Lovelock habla de la tierra como algo con intereses propios, un súper organismo viviente, creador de su propio hábitat. Subraya, sin embargo, que esta autorregulación no es consciente; es simplemente el resultado de sistemas naturales. No obstante los neopaganos y de la Nueva Era vieron la oportunidad de capitalizar en su teoría en el contexto de su propia veneración religiosa por una Madre Tierra o Gaia viviente.

Lovelock se sorprendió con la reacción del público hacia Gaia: A New Look at Life on Earth ([Gaia: Una nueva mirada a la vida en la Tierra] su primer libro sobre el tema, publicado por primera vez en 1979): «No tenía ni idea de que sería tomado como un libro religioso», admitió en su continuación en 1988, The Ages of Gaia (Las edades de Gaia). «Dos tercios de las cartas recibidas, y aun siguen llegando, son acerca del significado de Gaia dentro del contexto de la fe religiosa».

Una revisión de la historia de Gaia y el Día de la Tierra sugiere que algunos van demasiado lejos al condenar esta celebración anual de tener sus raíces en la descarada celebración de una antigua deidad pagana, mas el hecho de que algunos hacen una conexión religiosa es innegable. Esa conexión ha impedido a varios científicos tomar la teoría de Lovelock en serio. Sin embargo, a la larga se ha dado cuenta de que sus objeciones «eran menos sobre la ciencia de Gaia que de la semántica y el uso de la metáfora. Los biólogos neo-darwinistas habían tenido sus propios momentos defendiéndose de los creacionistas, tradicionalistas y los proponentes de la selección de grupo». Relató que un crítico le dijo «Al principio Gaia parecía otra de estas falsas teorías: para él, la fe religiosa Nueva Era dentro de una Madre Tierra era anatema».

«Ahora bien», escribió Lovelock en la edición del 2000 de Gaia: A New Look at Life on Earth (Gaia: Una nueva mirada a la vida en la Tierra) «la mayoría de los científicos parecen aceptar la teoría Gaia y aplicarla a su investigación, sin embargo aun rechazan el nombre Gaia y en cambio prefieren hablar de Ciencias del Sistema Tierra, o Geofisiología».

LA CONEXIÓN RELIGIOSA

Ya sea que se conozca como Gaia o alguna otra cosa más, el interés religioso en la tierra y su cuidado en realidad se ha expandido, como fue demostrado por el tercer Parlamento de las Religiones del Mundo en Ciudad del Cabo, Sudáfrica en 1999. Alrededor de 7,000 delegados de la mayoría de las religiones mas organizadas se reunieron para el evento.

El organismo patrocinador del evento, El Consejo del Parlamento de las Religiones del Mundo (CPWR por sus siglas en inglés), elaboró un documento en conjunto con la conferencia, titulado «Un Llamado a Nuestras Instituciones Tutelares». Ese documento basado en uno similar producido por el consejo en la conferencia de Chicago en 1993: Un documento «Hacia una Ética Global». Entre otras cosas, estos papeles pidieron a las principales instituciones de gobierno del mundo a reflexionar en sus actitudes hacia la tierra y abogó por la adopción de cambios fundamentales en todas las esferas de la sociedad.

El CPWR describe el documento de 1999 como «un llamamiento al dialogo activo y continuo sobre la creación de una solución justa y un futuro sostenible a favor de toda la comunidad de la Tierra». Reconociendo que «las religiones del mundo y las tradiciones espirituales difieren profundamente con respecto a varias creencias y prácticas», no obstante, el consejo expresa paz. En el documento se habla de «compromisos morales compartidos» y de encontrar «maneras sostenibles de cumplir pacíficamente las necesidades de toda la gente al mismo tiempo de preservar la integridad de la vida de toda la comunidad sobre la tierra».

LA TIERRA Y LA BIBLIA

De acuerdo a un relato de la creación muy diferente al de Hesíodo, la humanidad en efecto, tiene una responsabilidad enorme por el cuidado de la tierra y las formas de vida que la habitan.

El relato sobre la creación en la Biblia Hebrea describe una armonía mucho más grande que la que se describe en la historia de Hesíodo sobre la familia disfuncional de Gaia. Adán, que posteriormente se sumó a su esposa Eva, fue puesto en un jardín con el encargo dado por Dios de «labrar y guardar» su entorno (Génesis 2:15). Las dos palabras hebreas son instructivas. Cuidar o labrar, son derivadas de la misma raíz así como el verbo servir, así que una relación de servicio era el propósito. La instrucción de «cuidar» viene del verbo guardar, de manera que se les encargó a los humanos desde el comienzo de servir y guardar el medioambiente del cual fueron hechos. Los conceptos depredadores que alimentaron la opinión de una sociedad expansionista—por lo que la tierra estaba ahí para su uso de cualquier forma que la humanidad deseara, sabiendo que cuando mermada o arruinada, había mucho mas disponible—esto no fue parte de la instrucción. Ni tampoco fueron las ideas de que la tierra fuera hostil y con la necesidad de ser subyugada. Independientemente de cómo lea uno el relato de la creación de Adán y Eva en Génesis 2, el concepto del «uso y abuso» del aprovechamiento del suelo no se suponía ser parte de su manera de pensar.

Este punto de vista de ver la tierra también moldeo la utilización prevista del antiguo Israel de la Tierra Prometida, la cual iban a heredar y habitar. Las instrucciones relacionadas con el cuidado de la tierra, como se dan en la Tora (es la porción de las Escrituras Hebreas conocida como la Ley), están basadas sobre el mismo principio de servir y guardar. Se les hizo entender a los israelitas que el medio ambiente finalmente era propiedad de un todopoderoso y amoroso Dios.

Como fundador del Día de la Tierra, Gaylord Nelson estimaba que la arrogante y aun abusiva manera de tratar la tierra estaba destinada a destruirnos. Cree que necesitamos una base moral para el uso de nuestro medio ambiente, la cual describe como de interés nacional. Estos sentimientos en gran medida hacen eco a los de Lovelock, cuya preocupación principal es que la humanidad acepte la responsabilidad por la armonía en la tierra y actué en conformidad con esto. Como ya se ha visto, el punto de vista de Stewart Brand sobre el papel de la humanidad es como una oportunidad divina en la que no solamente somos libres sino que tenemos una responsabilidad que ejercer.

Todos estos individuos parecen acordar con el problema y el reto de llegar a la unidad para prevenir la destrucción de nuestro planeta y sus sistemas interrelacionados. Sin embargo, ninguno de ellos intenta dar a entender nada abiertamente religioso—a diferencia de la CPWR, quien basa su llamado completamente en la idea de que al unirse las religiones del mundo y promover una «ética global» se hará posible la paz y la continuidad.

Ahora, si tantos—seculares y religiosos por igual—acuerdan en la necesidad de dicha ética, para algunas bases morales, ¿entonces por qué el saqueo de nuestro planeta aun es tan universal? Como lo señala el CPWR en su documento «Hacia una Ética Global», «hemos experimentado grandes avances tecnológicos como nunca antes, aun así que a nivel mundial la pobreza, el hambre,. . . la miseria, y la destrucción de la naturaleza no han disminuido sino al contrario han aumentado».

«La Tierra no puede cambiar para bien a menos que la conciencia de los individuos sea cambiada primero».

Declaration Toward a Global Ethic,” Statement of the 1993 Parliament of World's Religions

El mismo documento sugiera la respuesta: «basados en las experiencias personales y la onerosa historia de nuestro planeta hemos aprendido que. . . tanto las mentes y corazones de hombres y mujeres deben ser considerados». Señala que «La tierra no puede ser cambiada para mejor, a menos que primero sea cambiada la consciencia de los individuos».

Como lo señala la CPWR mas delante, «ya existen pautas antiguas para el comportamiento humano las cuales se encuentran dentro de las enseñanzas de las religiones del mundo y que son la condición para un orden mundial sustentable. . . . Por supuesto esta ética no provee ninguna solución directa para todos los grandes problemas del mundo, en cambio, sí suministra la fundación moral para un mejor orden individual y global: Una visión que puede guiar mujeres y hombres lejos de la desesperanza, y a la sociedad lejos del caos».

En efecto, esta ética ya existe y es especialmente evidente en la tradición judío-cristiana. La Biblia es reclamada como el libro sagrado de más de dos mil millones de personas que se identifican a sí mismos como cristianos, con mucho la más grande de las religiones del mundo. De igual manera los judíos consideran como Escritura lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento. Desafortunadamente, sin embargo, los anales de la conducta humana muestran que la armonía y las instrucciones dadas por Dios han sido más notorias por su incumplimiento que por su acatamiento. Las instrucciones bíblicas en cuanto a nuestra responsabilidad por la tierra han sido penosamente desatendías por siglos.

Quizá no debiera ser sorprendente que, mientras el Consejo del Parlamento de las Religiones del Mundo representa un amplio espectro de sistemas de creencias, muchas de sus conclusiones son directamente sacadas de las páginas de la Biblia. Por ejemplo, en su conferencia de 1993 en Chicago puso en marcha cuatro «directrices irrevocable» como base de su propuesta «ética global»: No matar. No robar. No mentir. No cometer inmoralidad sexual. Por supuesto, estos son cuatro de los Diez Mandamientos encontrados en Éxodo 20 y Deuteronomio 5. El informe de conferencia 1999 amplía sobre esas directrices, con una expresión que suena notablemente como la de un profeta del Antiguo Testamento: «Ten respeto por la vida. Trata con honestidad y justicia. Habla y actúa con sinceridad. Respétense y ámense unos a otros». Mas delante continúa: «Debemos tratar unos a otros como queremos ser tratados. . . . No debemos vivir para sí mismos, sino debemos servir a los demás. . . . Debemos hablar y actuar con sinceridad y compasión, tratar a todos justamente y evitar odios y prejuicios. No debemos robar. Debemos dejar a un lado el dominio de la codicia por el poder, prestigio, dinero y consumo para hacer de este un mundo justo y pacífico».

«Todos somos interdependientes y debemos relacionarnos entre si de una manera respetuosa y pacífica;... todos somos responsables del cuidado de la Tierra de la cual dependemos y el bienestar de las comunidades en donde vivimos».

Documento para “Una Ética Global”, Proclamación del Parlamento de las Religiones del Mundo en 1993

Regresemos por un momento a las palabras de Brand: «Somos como dioses y más vale que lo hagamos bien». Los humanos quieren jugar a ser dios y moldear el medioambiente a su propio gusto. El éxito con la limpieza de los desastres ambientales en el pasado ha dado valor a las personas, ya sea a individuos o corporaciones a pensar que el planeta es de ellos y que pueden hacer lo que crean conveniente. ¿Aun no han aprendido que no somos los maestros del medioambiente, para usarlo como nos plazca, sino siervos para cuidar de este en maneras establecidas por un poder supremo? El CPWR visualiza una época cuando «tomaremos responsabilidad individual por todo lo que hacemos. Todas nuestras decisiones, acciones y fracasos al actuar tiene consecuencias». Es una manera de decir que cada uno de nosotros debe adoptar una manera de vida—una manera de pensar y de actuar que busca lo mejor con todo los que interactuamos—ya sea seres vivientes o la tierra que nos sostiene a todos.

La humanidad moderna civilizada, en general rechaza el concepto de que fuimos creados a la imagen de un Dios omnisapiente y todopoderoso, descrito en Génesis 1:26–27. Sin embargo, la única esperanza que tenemos de gobernar esta tierra es al lado del Dios verdadero—después que hayamos aprendido a estar sujetos a Sus reglas y fomentar nuestras varias relaciones (con El, con cada uno y con nuestro planeta) basadas en el amor y respeto. En primer lugar exige que reconozcamos que existe un creador, y que es El a quien se tiene que adorar en lugar de la creación. Sin el aprendizaje de esa lección, estamos condenados a continuar en el camino que hasta ahora nos ha alejado de nuestra meta de un medioambiente pacifico y sostenible.

Los problemas que enfrentamos solo pueden ser vencidos por una vida de obediencia y armonía con el Dios verdadero del cielo y de la tierra—algo que raramente se ha tratado de hacer.