Errando al Blanco

En momentos cuando muchos de nosotros estamos perplejos ante la creciente evidencia del mal en acción en el mundo, un respetado comentarista sobre asuntos religiosos se ha presentado para asegurarnos que no tenemos que preocuparnos tanto. Me quedé perplejo por una reciente contribución en la BBC Radio en el programa Thought for the Day (Pensamiento del Día) por el autor y teólogo Martin Palmer. Este último esfuerzo para lograr relevancia dirigiéndose a conceptos filosóficos humanistas y demás, ha permitido la difusión de ideas que son peligrosas y destructivas para la vida humana. Quizás no debiera haberme sorprendido tanto, pero fue uno de los intentos más evidentes de enturbiar la distinción entre el bien y el mal. Es una reminiscencia del propio intento de Satanás en el Jardín de Edén, para que Eva aceptara su forma de pensar como superior a la de Dios. La Biblia nos dice que Satanás sí la persuadió y a su vez ella a su marido, Adán, a creer que el árbol del conocimiento del bien y el mal era una mejor fuente de conocimiento y discernimiento de lo que era el árbol de la vida.

Palmer ha escrito varios libros sobre la historia de la religión. Quizás es este trasfondo que le llevó a afirmar que «[el] conocimiento de un mundo del bien el mal fue desarrollado en Irán por un hombre llamado Mani, que nació casi exactamente hace 1,800 años. [Él] creía que el mundo era un campo de batalla por una lucha cósmica entre la fuerza absoluta del bien—Dios—y la fuerza absoluta del mal—Satanás. . . . Mani ayudó a definir la idea de que el desacuerdo estaba amenazando, y el mal, en lugar de simplemente alejarse dejar las cosas tal y como están».

Decirnos que el bien y el mal es una distinción que llegó tarde dentro de la historia humana y que es sólo la opinión de un hombre, está jugando rápido y a la ligera con miles de años de la historia del mundo anterior a Mani, cuando la gente sabía que existía el bien y el mal; es pretender que realmente el pecado no existe. Palmer agrava su error e incluso se apropia indebidamente de la palabra de Dios para apoyar su caso, cuando dice: «Es que no siempre hemos pensado así, ni lo necesitamos. . . . Existe, y siempre ha existido una alternativa en el punto de vista del bien contra mal. Si lo que creemos y hacemos es fiel a nuestros propios entendimientos, entonces no hay, en realidad, ninguna necesidad en pensar que las diferentes creencias o estilos de vida están, por tanto, necesariamente equivocadas o malas. Así pues, como lo expone el profeta Miqueas, “Qué pide Dios de ti, solamente hacer justicia, y amar misericordia, y caminar humilde con tu entendimiento de Dios”».

Esta cita de Miqueas omite su primera clausula importante, «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno» (Miqueas 6:8). De manera que el profeta reconoció que «bueno» es un concepto divino. No obstante, es mucho más problemático que Palmer inserta las palabras «entendimiento de» para sugerir que Miqueas aceptaba varios entendimientos equivalentes de Dios, siendo que el profeta no dijo eso. Por otra parte, habría sabido que cuando Dios les presentó a nuestros primeros padres con los dos árboles, y les dio instrucciones en relación con lo que les daría la vida y lo que les llevaría a la muerte, Dios estableció una distinción en los términos más claros.

Conocer la diferencia entre el bien y el mal es una de las piezas más importantes que podemos tener. Las Escrituras son consistentes mostrándonos la diferencia en la Biblia desde el principio hasta el final—y todo lo antecedente a Mani, el místico iraní. El profeta Isaías había emitido la advertencia de Dios a los moralmente ambivalentes 900 años antes: «!Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» (Isaías 5:20). Afortunadamente, aproximadamente 150 años antes de Mani, el apóstol Juan advirtió: «Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios» (3 Juan 11).