Pablo: El Hombre en la Intersección

Muchos estudiosos de la Biblia están de acuerdo en que el apóstol Pablo ha sido seriamente mal interpretado. En tanto que han trabajado por regresarlo a su contexto del siglo primero, aún continúan luchando con las consecuencias. ¿Quién fue el verdadero Pablo, y cuál era su mensaje?

Un antiguo proverbio dice que «una mentira conseguiría dar media vuelta al mundo antes de que la verdad tuviese tiempo de ponerse sus botas» y George Bernard Shaw reflejó ese «falso conocimiento» es «más peligroso que la ignorancia». 

Si estas observaciones son correctas, ¿podemos darnos el lujo de confiar en cualquier cosa que se nos enseña o dice sin hacer ninguna investigación? En el mundo de hoy, en donde la educación e información están al alcance de los dedos, estamos facultados para revisitar la verdad de un asunto y demostrar la validez de las ideas por nosotros mismos. Sorprendentemente, muchas ideas y conceptos arraigados y enseñados durante mucho tiempo han sido identificados como completamente falsos.

Eso es lo que un cierto número de estudiosos de la Biblia han ido descubriendo en los últimos años en relación con el apóstol Pablo. Desde hace mucho tiempo a Pablo se le ha considerado como el verdadero padre del cristianismo, en ocasiones como el fundador de una nueva religión, y especialmente como a alguien que desechó su herencia hebrea para liberarse de la ley del «Antiguo Testamento». Sin embargo, ¿es eso en realidad un retrato fiel de su creencia y práctica? 

UNA PERSPECTIVA NUEVA 

Lo que los académicos comenzaron a descubrir dentro de su «nueva perspectiva sobre Pablo» es que su imagen largamente fomentada dentro del mundo cristiano es simplemente falsa—que cuando regresamos al apóstol a su estado cultural e histórico del primer siglo en el mundo romano, leer lo que dijo y observar cercanamente a lo que estaba haciendo, el Pablo que emerge tiene muy poco parecido a la imagen cristiana más prevalente de él, una imagen que a pesar de todo se continúa promoviendo hoy en día.

El término nueva perspectiva en cuanto a Pablo data de un artículo en 1983 por James Dunn en referencia a la obra de E.P. Sanders. Con más de 30 años, esta «nueva» perspectiva ya es bastante vieja; inclusive antes de 1983, algunos teólogos y estudiosos estuvieron aludiendo a una desconexión del pensamiento cristiano moderno cuando se tenía que ver con Pablo y la ley de Dios. Por ejemplo, en el comentario del libro a los Romanos por C.E.B. Cranfield en 1970, enfatizaba que para Pablo, el guardar la ley de Dios no era una reliquia moribunda del pasado sino un requisito continuo, y que la capacidad para hacerlo fue solamente posible en el siglo primero por medio del don de Dios, el Espíritu Santo. 

En su obra de 1990, Paul and the Jewish Law (Pablo y la Ley Judía), el erudito de la Reforma, el holandés Peter Tomson identificó un error común tripartita en las ideas obtenidas sobre Pablo como apóstol a los gentiles. Estas incluyeron el asumir de que el mensaje de Pablo fue de atacar la ley judía; que para Pablo la ley ya no tenía ningún significado práctico en la vida diaria; y que para entender a Pablo no era necesario consultar literatura judía sino solamente las obras gentiles griegas. Como lo aclaró Tomson, cada una de estas ideas arraigas por tanto tiempo, han sido probadas inexactas. 

«Podría pensarse que lo que se ha dicho de la fe es incompatible con la ley y lo llama en cuestión. Tal lectura de la situación Pablo lo rechaza enfáticamente. La verdad es más bien que, correctamente entendida, la ley apoya y confirma la doctrina de la fe». 

C.E.B. Cranfield, The Epistle to the Romans 1–8 

Tales ideas falsas se habían infiltrado en el pensamiento cristiano a través de los siglos. Figuras influyentes de la historia de la iglesia, como Marción, Constantino, Crisóstomo y Lutero, la mayoría de los cuales eran abiertamente antisemitas habían buscado borrar todos los nexos de los cimientos hebreos de la iglesia primitiva. 

Lo que la nueva perspectiva proporcionó entonces, fue una nueva oportunidad para formar una visión precisa de Pablo y de volver a los hechos de la Biblia. ¿Quién era el verdadero Pablo?

INTERSECANDO CAMINOS 

El hombre Saulo, quien se convertiría en el apóstol Pablo, nació en Tarso, una ciudad de habla griega del Imperio Romano en la región de Cilicia (en la costa sureste de la actual Turquía). 

Tarso estaba en el cruce de importantes rutas comerciales que atravesaban montañas, llanuras costeras y el mar. Las influencias en la ciudad eran tanto orientales y occidentales, griegas y romanas, judías y paganas. La ciudad como un punto central de conjunción o intersección, entre extremos aparentes es una metáfora apropiada para la vida de Pablo. Por ejemplo, nació con doble ciudadanía, la romana y la judía helenista de la tribu de Benjamín. Altamente educado, bien versado en la filosofía y literatura griega; con todo y eso también sobresalió en el judaísmo, estudiando bajo el renombrado rabí Gamaliel en Jerusalén. 

Entonces, desde el comienzo Saulo estaba desarrollando una mente bien informada en la intersección de su herencia hebrea y el pensamiento asociado con las naciones a su alrededor. Con todo y eso, aún no era el apóstol Pablo. Para que Pablo diera un paso adelante, debería ocurrir un cambio interno—un cambio de corazón y mente. Debía ser tan radical, tan absoluto, que «Saulo» desaparecería para siempre. No obstante, ¿significaba esto que daría la espalda a su herencia hebrea como algunos lo sostienen? 

El celo por las enseñanzas de sus antepasados judíos le guiaron a ser un perseguidor violento de aquellos adheridos a las enseñanzas de Jesucristo, a los seguidores de lo que la Biblia simplemente llama «el Camino» (Hechos 9:2). Más tarde Pablo aseveró, «Perseguía yo este Camino» hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres (Hechos 22:4). Igual que muchos judíos de su época, sabía que un mesías fue profetizado para levantarse entre ellos, aunque al principio no podía reconocer a Cristo como a tal. Ese aspecto clave era una pieza del rompecabezas aun no establecido en el entendimiento de Saulo. 

El cambio significativo que tendría que ocurrir en el corazón y la mente de Saúl comenzaría en el camino a Damasco. Es un evento famoso, bastante idealizado e incluso distorsionado por los artistas del Renacimiento y el Barroco tales como Tintoretto y Caravaggio con sus embellecidas visiones de la narración. Dichas representaciones tradicionales del encuentro de Saulo con Cristo, a menudo lo muestran llevando una túnica romana o incluso un atuendo medieval contrario a la ropa típica que usaban los varones judíos del siglo primero; Por lo general también lo muestran siempre montado a caballo o desvalido tirado a la orilla del camino, derribado del caballo. El pasaje bíblico no hace referencia a caballo alguno; de hecho, es mucho más posible que él y sus acompañantes iban a pie, como la narración lo dice simplemente, que Saulo «Calló al piso» y «los demás se pararon atónitos» y entonces «llevándole por la mano, le metieron a Damasco» (Hechos 9:3–4, 7–8). 

Aun más, la tradición cristiana falsifica el evento al sostener que el Pablo judío fue derribado, para solo levantarse como Pablo «el cristiano», supuestamente un hombre libre de la ley de Dios, quien como el Shylock de Shakespeare fue forzado a una humillante renunciación de su herencia judía motivo que se equipara el error inherente.

«A [Pablo] muy frecuentemente se le describe simplemente como a un “cristiano”... Y a lo que se dedica debe caracterizársele como un nuevo movimiento religioso, ya que se basa en la convicción de que hay algo fundamentalmente “equivocado” con, y dentro, del judaísmo». 

Mark D. Nanos and Magnus Zetterholm (eds.), Paul Within Judaism: Restoring the First-Century Context to the Apostle

 

Uno de los factores preocupantes aquí, es que esto no está apoyado como la historia de un ser humano cuyas acciones y actitudes de persecución y violencia estaban en la necesidad de cambio, sino encaminado a promover la idea de que su identidad fundamental como israelita y su deseo de obedecer la ley de Dios estaban equivocadas. En este sentido, ayuda a recordar que Cristo mismo era un judío, que dijo: «No piensen ustedes que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir» (Mateo 5:17). Más aún, Pablo mismo dijo, «Entonces, ¿por la fe invalidamos la ley? ¡De ninguna manera! Más bien confirmamos la ley» (Romanos 3:31). 

En una entrevista con Visión, Robert Sloan, presidente de la Universidad Bautista en Houston, dijo que cortar el judaísmo en Cristo y a la teología de Pablo no solo es «históricamente falso» sino que también «tiene implicaciones peligrosas». De hecho, agregó Sloan, «Ciertamente creo que Pablo hubiera dicho con el salmista, “Que, por el contrario, se deleita en la ley del Señor, y día y noche medita en ella”». 

Pero a pesar de su celo, Saulo no había reconocido a Dios ni a su pecado personal, porque Dios aún no le había elegido para abrir sus ojos y revelarse a él. Cuando lo hizo, obtuvo la atención de Saulo, quien literalmente fue segado por la luz. Sin embargo, la escritura nos dice que fue llevado a la ciudad, donde tres días después le fue restaurada la vista; Después fue sumergido en las aguas del bautismo y recibió el Espíritu Santo. Gracias al máximo sacrificio de Cristo, con el proceso del bautismo los pecados de Saulo fueron lavados. El Espíritu Santo permitiría a la mente de Cristo cumplir «la justicia de la ley» (Romanos 8:4) en Pablo. Si Pablo había renunciado a su herencia hebrea, entonces abogando en defensa de la mente de Jesús el judío que guardaba la ley, sería una extraña manera de demostrarlo. 

PABLO EL HEBREO 

Son los hechos de esta clase que los estudiosos y autores han comenzado a colaborar con el fin de despojar la falsa concepción cristiana de que Pablo se había despojado de su herencia judía. Sloan pone en claro que Pablo «no fue el fundador del cristianismo», revelación asombrosa para muchos, quizá. 

En La Mente del Apóstol del escritor inglés A.N. Wilson dice que «si Pablo fue “convertido” “de” algo “a” algo más, ciertamente no fue “del” judaísmo “al” “cristianismo”. Pablo continuó siendo judío hasta el día de su muerte». Wilson también señala que el término cristiano aparece solo una vez en todo el Nuevo Testamento en un sentido que puede ser disputado—aunque poco convincente—de no ser denigrante, un hecho que sugiere una etiqueta aplicada externamente.

La idea de que Pablo se despojó de su herencia hebrea es simplemente ilógica y niega las palabras del apóstol mismo. Por ejemplo, él valida y sostiene su estatus como hebreo en términos irrecusables: «fui circuncidado al octavo día, y soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín; soy hebreo de hebreos y, en cuanto a la ley, fariseo» (Filipenses 3:5). Una vez que recibió el Espíritu Santo su entendimiento creció al punto donde sabía que cumplir el ritual de la circuncisión no era lo importante. Al contrario, podía afirmar que «guardar los mandamientos de Dios es lo que importa» (1 Corintios 7:19). 

«Pablo estaba escribiendo sus cartas desde el seno del judaísmo, no del cristianismo, incluso si esa no es la forma en que sus cartas han sido leídas por lo menos desde un cierto punto en el segundo siglo». 

Mark D. Nanos and Magnus Zetterholm (eds.), Paul Within Judaism: Restoring the First-Century Context to the Apostle

En desacuerdo, no fueron sus primeros esfuerzos guardar la ley, sino el hecho de que le faltaba el Espíritu Santo, la mente de Cristo, la cual le permitiría guardarla a mayor escala. El espíritu de Dios estaba a disposición de todo aquel a quien Dios llamara; judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, como dijo Pablo, podrían entrar en una misma mente, en obediencia a la ley eterna —no de Israel, no de los judíos, pero de Dios—y en una relación con Él. Sloan le dijo a Visión, «Pienso que teológicamente Pablo dice que la ley puede cumplirse en aquellos quienes poseen el Espíritu». 

Sloan está entre los académicos actuales que reconocen la necesidad de adoptar aún más la nueva perspectiva sobre Pablo. Obras académicas tal como la colección de ensayos editados por Mark Nanos y Magnus Zetterholm en 2015, titulado Paul Within Judaism: Restoring the First-Century Context to the Apostle (Pablo Dentro del Judaísmo: Restaurando el Contexto de Pablo en el Siglo Primero), es lo que hace. Su convicción compartida de que «Pablo debe ser interpretado dentro del judaísmo» les ha llevado a estudiar al apóstol en «en su contexto más probable en el siglo primero».

Aunque mientras que el trabajo escrupuloso de los estudiosos para cortar a través de los errores y volver a la verdad es encomiable, su perspectiva actualizada no ha provocado el cambio sísmico que parece exigir.

EL VERDADERO PABLO 

Los propios escritos de Pablo indican que estaba operando en otra intersección diferente, tratando de ser «A todos me he hecho de todos»—no de traerlos a su propio punto de vista, generado humanamente, sino como «siervo de Jesucristo» (1 Corintios 9:22; Romanos 1:1), para exhortar tanto a judío como al no judío para mantener la intención completa de la ley eterna de Dios. 

Propiamente dicho, no es de sorprender que encontremos a Pablo guardando la ley, y con un significado profundo. Les escribió a creyentes judíos y gentiles en Corinto, «Así que celebremos la fiesta [de Los Panes sin Levadura], no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad» (1 Corintios 5:8). En otras palabras, así como se le había dicho a Israel que sacara la levadura de sus casas una vez por año, ahora el significado más profundo era también sacar el pecado fuera de nuestras vidas y reemplazarlo con acciones sin levadura (humildes, sin pecado) acciones guiadas por Dios, para lo cual es esencial que more internamente el Espíritu Santo. Guardando estos días santos anuales, Pablo dijo que nos recordarían de estas cosas. 

De acuerdo a Pablo, Cristo es «nuestra Pascua» (versículo 7), el máximo cordero expiatorio que cubrió el pecado de una vez y por todas, así como el antiguo Israel lo había prefigurado sacrificando verdaderos corderos. Cuando llegaba la hora de guardar la fiesta de Dios de Pentecostés, que conmemora el día en que Dios concede acceso al Espíritu Santo, el viajero Pablo se apresuraba hacia Jerusalén para observarla (Hechos 20:16). Cuando era el Sábado, activamente buscaba observarlo con otros de igual pensar (Hechos 16:13). Enseñó que todo aquel que fue llamado por Dios debía de hacer lo mismo («Celebremos la fiesta»), una instrucción con la que muchos estudiosos aún tienen problemas. 

El ministerio de Pablo lo llevo a lo largo y a lo ancho. Cada que llegaba a algún lugar, primero iba a la sinagoga local a predicar el evangelio de Cristo para aquellos que ya sabían sobre la ley de Dios. Las sinagogas se componían de un amplio espectro de la sociedad—no solo judíos sino prosélitos, gentiles temerosos de Dios, paganos interesados y, en una ocasión, casi todos los residentes de una ciudad entera. Pablo, el hombre en el crucero, también enseño en las plazas públicas en donde se podía encontrar a medio mundo. Predicó el evangelio a los filósofos epicúreos y estoicos en Atenas, y directamente a los idólatras paganos en el Areópago (la Colina de Ares; véase Hechos 17:22–34). En Éfeso fue protegido de una turba desenfrenada, que se había vuelto enfurecida por su enseñanza en que los dioses hechos con las manos no eran dioses en absoluto (véase Hechos 19:23–34). 

La comisión que recibió Pablo de Jesucristo no fue la de tirar la ley del Padre de Cristo, de quien finalmente había provenía. Como dijo Pablo, él no sabía que era el pecado hasta que supo que había una ley que lo definía (Romanos 7:7). Entonces después encontró que, como todos los demás, era culpable de pecado (definido como anarquía o infracción; 1 Juan 3:4). Así que, el mensaje de Pablo a sus diversas audiencias, no era de liberarse de la ley sino el de libertad por medio de la ley—liberación del pecado y su pena de muerte a través del arrepentimiento, bautismo y recibir el Espíritu Santo (Hechos 6:20–23; 17:30; 19:1–8). 

«Martín Lutero se dio cuenta un día de que no podía ser legalista, y así que en vez de legalismo ahora tenemos libertad. En lugar del juicio tenemos amor. En lugar de reglas tenemos la gracia. Por supuesto, todo esto es la forma tradicional que hemos leído estos textos, y no es justo». 

Robert Sloan, Vision Interview (November 2014)

La inmutable y eterna ley de Dios sigue en pie, como el proverbio del elefante en la habitación, como lo ha sido desde el comienzo de la existencia humana. La intención fue de que toda la raza humana la guardara, sin importar quienes fueran o de que camino venían. Previamente Israel había sido invitado a hacerlo, y de hecho había sido separado para ejemplificar los beneficios de la ley a las naciones circunvecinas, pero fallaron en hacerlo fielmente. Así bien, por medio de Jesucristo, la oportunidad de arrepentirse, recibir el Espíritu Santo, y someterse a un cambio necesario de corazón y mente se le iba a ofrecer a toda la humanidad. Como Pablo escribió en Romanos 8:4, ahora era posible para cualquiera con la mente de Cristo cumplir «el justo requisito» de la eterna ley de Dios, como el mismo Cristo ya lo había hecho. Cristo interrumpió el modelo perpetuo del fallo humano desde el Edén. El apóstol Pablo, aunque en prisión, en golpes, en naufragios y en toda clase de peligros a manos de seres humanos, puedo regocijarse constantemente en esas circunstancias. 

Así como Pablo luchó por imitar la obediencia de Cristo hacia el Padre (1 Corintios 11:1; Juan 15:10), también cada uno como hijos hechos a la imagen de Dios seremos invitados a regresar al Padre, quien nunca se alejó, y quien está parado en la intersección esperando pacientemente en llamar a todos sus hijos.