Un Pulpito de Ideas Preconcebidas

¿A caso la enseñanza tradicional cristiana está parada sobre un pedestal de conceptos erróneos basados en anti-judaísmo?

Millones han tenido la fortuna de tener educación en este Siglo XX. Todos hemos aprendido útil conocimiento que ha enriquecido nuestra capacidad de percibir, analizar y entender el mundo en que vivimos. ¿Podría haber duda alguna sobre el valor de una buena educación?

Uno de los beneficios de esta educación es estimularnos a obtener conclusiones independientes sobre el mundo y nosotros mismos. No podemos darnos el lujo de permitirles a otros sacar conclusiones por nosotros, pues estaríamos negando el libre albedrio que existe en nosotros. Fallaríamos en aceptar la responsabilidad de nuestra individualidad.

Entonces, debemos hacernos una pregunta, si todo lo que aprendemos debemos aceptarlo tal y como viene. Más preocupante es la pregunta si nuestros maestros se han tomado el tiempo en examinar sus propias ideas. ¿Difunden en ocasiones las ideas no probadas y preconcebidas de sus maestros?

Un principio bíblico aplicable es el «Examinadlo todo, retened lo bueno».

Todo está en relación de verificar las predilecciones de maestros con autoridad, es nuestro deber enfrentar y lentamente desplegar la historia de las dañinas ideas preconcebidas dentro del mundo de la teología.

UN NUEVO VISTAZO A LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Tome en cuenta que ahora algunos eruditos admiten que en gran parte de su historia las iglesias establecidas han estado equivocadas en algunos aspectos sobre el fundador del cristianismo y de sus primeros seguidores. ¿Es posible que las iglesias que han surgido en el nombre de Cristo hayan estado fundamentalmente equivocadas en cuanto a Él y sus enseñanzas y practicas?

Tome en cuenta que ahora algunos eruditos admiten que en gran parte de su historia las iglesias establecidas han estado equivocadas en algunos aspectos sobre el fundador del cristianismo y de sus primeros seguidores. ¿Es posible que las iglesias que han surgido en el nombre de Cristo hayan estado fundamentalmente equivocadas en cuanto a Él y sus enseñanzas y practicas?

Tristemente, es aquí donde la verdad es más extraña que la ficción.

La mayoría de los eruditos, debido a sus inclinaciones de tanto tiempo dentro del mundo teológico, han evadido el tema del judaísmo de los primeros cristianos. Sin embargo, por mucho tiempo ha estado llevando a cabo un cambio, y está causando el reconsiderar algunos métodos fundamentales del cristianismo tradicional. Si es entendido en su totalidad, las implicaciones serian en verdad profundas.

Considere las siguientes citas de un libro de ensayos de 1996, Removing Anti-Judaism from the Pulpit (Continuum Publishing Company, New York), editado por Howard Clark Kee, profesor honorario de estudios bíblicos en la Universidad de Boston, e Irvin J. Borowsky, presidente de la American Interfaith Institute: «Expresó bruscamente desde la perspectiva cristiana, que el ser anti-judío es ser anti-cristiano» (p. 50). Además que, «El contexto histórico demuestra que tan profundamente judíos—podría decir uno, que tan esencialmente judíos—eran Jesús y los primeros cristianos» (p. 53). Estas citas son del ensayo de Robert J. Daly, un sacerdote jesuita y profesor de teología.

En un complemento en el mismo volumen, John T. Pawlikowski, un profesor en la Catholic Theological Union of Social Ethics en Chicago, escribe lo siguiente sobre como la mayoría llama al Antiguo Testamento: «Hoy en día es bastante notorio para los eruditos de la biblia que la falta de inmersión profunda dentro del espíritu y contenido de las Escrituras Hebreas deja al cristiano contemporáneo con una truncada versión del mensaje de Jesús. En efecto, lo que queda es una versión mutilada de espiritualidad bíblica» (p. 31).

Admitiendo las debilidades de de su educación profesional, el ministro presbiteriano escocés David H.C. Read dice, «Reflexionando sobre mi propia experiencia, encuentro que el entrenamiento en el seminario poco hiso en despertarme al contenido espiritual de la voluminosa literatura sobre el judaísmo de antes y después de la era cristiana» (Anti-Judaísmo, p. 66).

Basado en este contexto la honestidad del Dr. Read lo pone cara a cara con la realidad de que todo el que ha enseñado error debe confrontar. Pregunta: «¿He estado alentando ciertas asunciones y declaraciones falsas que han sido parte de la dieta homiletica en muchísimas iglesias Protestantes? Por ejemplo, hay una imagen simplista del judaísmo contemporáneo de Jesús como una religión de duro legalismo dominado por una ley, cuyas regulaciones, siempre en expansión, eran rigurosamente endorsadas por una clase de clero radical conocidos como los Fariseos» (pp. 64-65).

Estas declaraciones así como otras, surgen de un profundo reconocimiento entre algunos eruditos y maestros que el anti-judaísmo ha plagado al cristianismo tradicional casi desde su comienzo. Inclusive alguno de los más famosos nombres en la historia de la iglesia han perpetrado y/o perpetuado este engaño.

Marción de Sinope, personaje en los comienzos de la historia de la iglesia, era abiertamente anti-judío. Era hijo de un obispo en el Asia Menor, hoy Turquía. Marción fue excomulgado finalmente por su propio padre debido a sus enseñanzas. Sin embargo, sus puntos de vista del siglo segundo continúan resonando hasta la fecha dentro del cristianismo popular.

De acuerdo a Wallace M. Alston Jr., ministro en Princeton, New Jersey, «Marción trato de deshacerse de las Escrituras Hebreas del todo, estando convencido quela iglesia estaba cometiendo un error alineándose con la religión y literatura de los judíos» (Anti-Judaísmo, p. 103).

Las inclinaciones inherentes en el pensamiento de Marción fueron continuadas por otros teólogos renombrados. Williamson y Allen, profesores del Christian Theological Seminary (Seminario Teológico Cristiano) en Indianápolis, escriben: «Cuando leemos los ocho sermones que predicó Juan Crisóstomo a finales del siglo cuarto en Antioquia o Lutero con su petición de expulsar a todos los judíos de Sajonia, sabemos que Crisóstomo y Lutero tenían la intención de lo que habían dicho. Lo suyo era un anti-judaísmo consciente e intencional» (Anti-Judaísmo, p. 37).

La conclusión de que estos «grandes» de la teología han estado profundamente erróneos en puntos fundamentales, debería de servirnos para pausar y pensar. ¿Si estos famosos nombres se equivocaron tan grandemente sobre el fundador del cristianismo y sus primeros seguidores, cuantos más nos habrán engañado?

Nuevamente David Read ministro presbiteriano nos da un indicio de malentendidos en un terreno importante, generado por la tendencia anti-judía y nos dice: «Me acuerdo de mis primeros días como predicador forzado a reconsiderar la conjetura de que el evangelio del Nuevo Testamento de la gracia de Dios había reemplazado la Ley como el centro de una religión viviente, y por lo tanto considerar la mayor parte del Antiguo Testamento obsoleto» (Anti-Judaísmo, p. 66).

«La doctrina de que el pacto de Dios con Israel ha sido abrogado e invalidado. . . ya no es. . . una posición cristiana aceptable».

Robert Daly

Este tema de la ley y de la gracia ha plagado a la iglesia desde el siglo primero. Considere esta abrumadora declaración de Robert Daly erudito jesuita: «La doctrina del pacto de Dios con Israel ha sido abrogada y considerada sin valor por el nuevo pacto en Jesucristo junto con otras tradiciones…ya no es, por lo menos no dentro de la iglesia Católica Romana, una posición cristiana aceptable» (Anti-Judaísmo, p. 52).

TRES SUPOSICIONES ERRONEAS

En 1996 en una plática con el erudito de la Reforma Holandesa Peter Tomson, hablamos de su libro de 1990, Paul and the Jewish Law [Pablo y la Ley Judía (Van Gorcum & Company, Assen, Netherlands)]. En esta obra identifica tres ideas recibidas, comunes pero erróneas sobre el apóstol para los gentiles. La primera suposición errónea que menciona es el creer que el centro del pensamiento de Pablo es un ataque a la ley judía. La segunda es el pensar que para Pablo la ley ya no tenía ningún significado práctico en la vida diaria. La tercera asunción tradicional es aceptar que, para poder entender a Pablo, no se necesita consultar literatura judía sino solo obras gentiles griegas.

Tomson comenzó a mostrar la debilidad en estos tres enfoques que han dominado el pensamiento hacia Pablo. Claramente explica que el primer concepto no aparece en ningún lado en la literatura anterior a la Reforma Protestante. Se origino durante esa época. Es decir que por casi 1,500 años no hay evidencia que los escritos de Pablo fueran considerados un ataque a la ley.

John Pawlikowski un erudito Católico Romano comenta este entendimiento. Escribe sobre Pablo que su «alegada total oposición al Tora según los teólogos, especialmente de iglesias protestantes, frecuentemente lo toman como base para su contraste teológico entre cristianismo y judaísmo (libertad/gracia vs. Ley) actualmente parece descansar en algo menos que tierra firme» (Anti-Judaísmo, p. 32).

La segunda asunción equivocada identificada por Tomson se origina en los escritos de los padres del cristianismo primitivo. Está la idea de que para Pablo, la ley ya no significaba nada, en el sentido práctico. Cercas al fin del siglo primero, Ignacio, obispo de Antioquia, dijo que la práctica de los judíos fue prohibida para los cristianos y que el judío que se convertía en cristiano debería parar de vivir como judío.

La prohibición en contra de tomar parte en rituales judíos fue declarada derecho canónico en el Concilio de Antioquia (341) y Laodicea (c. 360). En ese entonces Crisóstomo escribió a finales del siglo cuarto, que recriminaría a los cristianos en Antioquia que observaran la Fiesta de Trompetas (Rosh Hashana), el día de Expiación (Yom Kippur) y la Fiesta de los Tabernáculos (Succoth) con los judíos.

De acuerdo con Tomson, «Todo esto iba a enfatizar la perspectiva fundamental de la tradición judía de ser inherentemente malvada, obsoleta, y, huelga decir, irrelevante en la práctica de la vida cristiana» (Paul and the Jewish Law [Pablo y la Ley Judía], p. 3).

Podemos descubrir mucho más para indicar la continua adherencia de Pablo a la práctica judía que lo que tradicionalmente se asume.

La tercera asunción identificada por Tomson es la creencia de que Pablo puede ser entendido solamente por referencia de obras griegas. Desechando esto, nos refiere a un contemporáneo de Pablo, el judío de Alejandría historiador/comentarista Filo, como evidencia de lo que se puede aprender de Pablo a través de fuentes judías. Aquí el punto es que podemos descubrir muchas cosas que nos indican que Pablo continuó adherido a la práctica judía más de lo que tradicionalmente se asume.

Lo que ahora está pasando con varios eruditos es que están reconociendo la necesidad de ser honestos en cuanto a sus tendencias. De hecho, de acuerdo a Pawlikowski, estas tendencias se han estados llevando a cabo por algún tiempo:

«Utilizando Nostra Aetate del Concilio Vaticano II como estándar, ya estamos a casi tres décadas dentro del encuentro contemporáneo Cristiano-judío. De hecho las raíces del dialogo se remontan un poco más temprano cuando una generación de pioneros eruditos de la biblia, investigadores educativos, y ecumenistas sentaron las bases de ese documento histórico al igual que otros documentos similares dentro de otras denominaciones cristianas. Su impacto permaneció más bien periférico hasta que el Concilio formalmente lanzó el proceso de desarraigar la teología clásica del desplazamiento judío desde el pacto a la luz del suceso de Cristo y lo remplazaron con obra teológica basada sobre la noción de la continua validez del pacto judío al que los cristianos se habían unido. Podemos discernir tres fases importantes de este dialogo....

«La primera fase la describiría coma la fase de “limpieza” ; Esta fase a involucrado la eliminación dentro los textos educativos tradicional cristianos el cargo de que los judíos de manera colectiva fueron responsables de la muerte de Jesús, que los fariseos fueron los enemigos acérrimos de Jesús y que estaban vacios espiritualmente, que los judíos han sido reemplazados por los cristianos dentro de la relación de pacto con Dios como resultado de su rechazo a aceptar a Jesús como el Mesías, que el "Antiguo Testamento" era totalmente inferior al Nuevo, y que la fe judía estaba enraizada en el legalismo mientras que la religión cristiana estaba basada en la gracia.

«Esta fase esta sustancialmente completa en cuanto a la mayoría de las iglesias tradicionales» [Anti-Judaísmo, pp. 29–30].

Podríamos preguntar, ¿A dónde se va con todo esto? ¿Significa que la mayoría de los creyentes van a aceptar y practicar las creencias de los cristianos primitivos? Conociendo cuanta atracción tienen los humanos por la ley de la inercia, parece improbable. Aunque eso no aminora la gravedad de la situación.

Durante siglos se le ha pedido a la gente creer respecto a Jesús y Pablo lo que ahora algunos eruditos rechazan en parte. La profunda tendencia anti-judía en la mayoría de opiniones sobre Pablo es aun más preocupante cuando reconocemos que esto ha conducido a una clase de teología errónea distorsionada descrita por el ensayista citado aquí. ¿Cuántas personas a través de los años han caído con la idea de que Jesús vino a abrogar la ley, o que Pablo no enseño la observancia de la ley? ¿Y cuáles han sido las consecuencias en las vidas de aquellos que creyeron en esta distorsión?

El ministro presbiteriano David Read muestra un poderoso punto en cuanto a cómo mejorar las enseñanzas de hoy: «Los sermones podrían reflejar no solo la frecuente declaración citada “La Ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad por Jesucristo," sino también las palabras de of Jesús: “No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17)» (Anti-Judaísmo, pp. 65–66).

Existe una continuidad entre el Antiguo y el Nuevo testamento, o las Escrituras Hebreas y los Escritos de los Apóstoles, como algunos lo prefieren. No es de sorprender que las enseñanzas de Cristo confirmen esa continuidad.

Reflexionando sobre la obra de Jesús, Williamson and Allen nos recuerdan que «las buenas nuevas o la palabra de Dios manifestada en el Nuevo testamento es una representación de la misma palabra dada a conocer por Dios a Israel en la historia, en la Tora, y en los profetas» (Anti-Judaísmo, p. 41).

Reconociendo que el contexto de la vida de Jesús estaba dentro de la religión israelita de las Escrituras Hebreas, Pawlikowski observa que «[algunos] eruditos de la biblia comparten la convicción de que Jesús debió haber regresado a su contexto esencialmente judío si la iglesia entendiera su mensaje propiamente» (Anti-Judaism, p. 31).

¿Cómo fue que Jesús fue removido de su contexto, y por qué? La idea fue promovida en el siglo XX por el influyente teólogo Rudolf Bultmann. Pero ahora las ideas de Bultmann están bajo ataque.

De acuerdo con Pawlikowski: «Hoy en día estamos siendo testigos de un rápido fallecimiento del virtual estrangulamiento que por varias décadas Rudolf Bultmann y sus discípulos tenían sujeta la interpretación del Nuevo Testamento. La escuela Bultmanniana hiso todo lo posible para distanciar a Jesús de sus sólidos lazos bíblicos y del judaísmo del segundo templo para que pudiera emerger decididamente como una persona. Intencionadamente o no, tales representaciones abrieron las puertas para el desarrollo de la teología anti-judaica» (Anti-Judaísmo, p. 31).

VERDAD Y CONSECUENCIAS

¿Cuáles son las consecuencias de todo esto para la creencia, entendimiento y práctica cristiana? Está claro que se necesita el conocimiento correcto. Los maestros que entienden la verdad y están libres de tendencias y malos entendidos necesitan hablar esa verdad. Una verdad esencial es que Jesús enseñó la ley de Dios. El fue claro sobre la aplicación en la vida diaria y su continuidad.

El erudito y educador John D. Garr escribe: «Para Jesús no había duda sobre la continua importancia del Tora: “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos” (Mateo 5:19)» («Torah, Bane or Basis of Christian Faith?» [«¿El Tora, Flagelo o Base de la Fe Cristiana?»] Publicado electrónicamente en la sección de Cristianismo del Foro de Religión Compuserve [file: torah.txt], 24 Marzo 1995).

La conexión de la Iglesia Cristiana primitiva con la tradición religiosa judaica—o más acertadamente, con el antiguo israelita—es tan importante que, sin ella, el entendimiento de la fe que Cristo introdujo sería imposible.

Una vez mas Pawlikowski dice: «El abandono a la perspectiva Bultmanniana está guiando a algunos eruditos del Nuevo Testamento... a varias conclusiones generales acerca de Jesús y la Iglesia primitiva. Incluyendo la opinión de que el movimiento de Jesús debió ser descrito como movimiento reformista dentro del judaísmo cuyos miembros, antes de la guerra contra los romanos, no tenían entendimiento propio de sí mismos como comunidad religiosa en contra del judaísmo» (Anti-Judaísmo, p. 31).

Las implicaciones de esta clase de pensamientos son varias y diversas. ¿Por ejemplo, que nos dice la nueva perspectiva acerca del apóstol Pablo? ¿Acaso libera las percepciones sobre Pablo de las asunciones erróneas tradicionales que Tomson ha identificado? ¿Qué dicen los eruditos del nuevo enfoque sobre Pablo?

Pawlikowski observa: «eruditos tales como E.P. Sanders, James D.G. Dunn, Alan Segal, Lloyd Gaston, y otros ahora se han presentado con nuevos estudios los cuales retan el punto de vista predominante de la perspectiva de Pablo hacia el judaísmo. Mientras que la mayoría, sino es que todos estos eruditos continúan arguyendo que Pablo rompió con sus colegas judío cristianos sobre el tema de la observancia del Tora por los gentiles,... su oposición a la ley fue mucho más matizada y limitada de lo que se creía antes» (Anti-Judaísmo, p. 32).

Existe una nueva disposición entre ciertos eruditos para admitir que la caracterización tradicional de Pablo como un rebelde contra de la ley es profundamente deficiente. Carol Ann Morrow, una editora Católica Romana, nos recuerda que las «opiniones intelectuales se están desplazando más hacia un Pablo judío, un Pablo orgulloso de su judaísmo, quien respondía pragmáticamente a situaciones difíciles, pero que continuaba observando la Tora» (Anti-Judaísmo, p. 100).

¿CRISTIANISMO O PAULINISMO?

David Wenham, profesor de la Universidad de Oxford, publicó un libro en 1995 acerca de la relación entre Jesús y Pablo. ¿Era pablo seguidor de Jesucristo, o como afirman algunos, que él fue el verdadero fundador del cristianismo? El cuidadoso análisis literario de Wenham revela a un Pablo completamente alineado con su Maestro. Un crítico del libro confirma la necesidad de ser cuidadoso con lo que nuestros maestros nos dicen. Dice que el libro es importante porque nos muestra que «la cuña que frecuentemente es impelida entre Jesús y Pablo es una invención imaginaria de los eruditos». Así concluye Wenham su libro:

«Probablemente Pablo se hubiera horrorizado con la sugerencia de que él fue el fundador del cristianismo.... Pablo se vio a sí mismo como esclavo de Jesucristo, no como el fundador del cristianismo. Estaba en lo correcto al verse a sí mismo de esa manera.

«La importancia de esta conclusión, si es ampliamente correcta es grandiosa. Tiene implicaciones en nuestro entendimiento de las tradiciones de los evangelios, en nuestro entendimiento del cristianismo primitivo, y en nuestro entendimiento sobre Pablo. Si el texto principal que Pablo está exponiendo en sus escritos es el tema de Jesús, entonces en lugar de leer las epístolas de Pablo separadas de los Evangelios, sería importante leerlos a la luz de los Evangelios... [Paul: Follower of Jesus or Founder of Christianity?» (Pablo: ¿Seguidor de Jesús o Fundador del Cristianismo?)Wm. B. Eerdmans, Grand Rapids, Michigan, pp. 409–410].

A diferencia de Bultmann, Pablo no andaba desviando las enseñanzas de Jesús fuera del contexto original para así poder alcanzar una audiencia más grande. El era fiel al contexto original.

Los escritores que hemos citado intentan obtener las conclusiones que sus investigaciones exigen. Pero parece ser que no del todo han llegado a ese punto. Peter Tomson se quedó corto con una importante conclusión a pesar de tan estupendo comienzo. Este concluye que,Pablo en verdad sí enseñó a los judíos cristianos a guardar la ley, sin embargo a los cristianos gentiles los liberó de tales obligaciones. Una grieta similar dentro de la lógica se encuentra en los comentarios del erudito Peter C. Phan, profesor en la Universidad Católica de América en Washington, D.C. Citando documentos oficiales, expresa la posición de la Católica Romana:

«La Antigua Ley es una preparación para el Evangelio.... Esta profetiza y presagia la obra de liberación del pecado la cual será cumplida en Cristo: provee al Nuevo Testamento con imágenes, “tipos”, y símbolos para expresar la vida de acuerdo al Espíritu» (no. 1964). Concerniente al sábado, por ejemplo, del cual se dice está «en el corazón de la ley de Israel» (no. 348), El catecismo declara que para los cristianos la observancia ceremonial del domingo, que es «el octavo día» (no. 349), «reemplaza al sábado» (no. 2175) [Anti-Judaísmo, p. 79].

En su premiada obra en 1996, The Mystery of Romans [El Misterio de los Romanos) (Fortress Press, Minneapolis)], Mark D. Nanos se acerca más al entendimiento de Pablo y su relación con los gentiles. Aunque Nano comparte el punto de vista con la mayoría de los eruditos de que Pablo les daba concesiones a los gentiles, pero requería mas de los cristianos judíos; sin embargo este comenta que en la carta a los Romanos, el apóstol «de manera vehemente resistió la acusación de que él enseño antinomianismo a los cristianos gentiles, reservando no afecto para aquellos que lo acusaban de tal hecho» (p. 8).

Una postura antinómica hubiera puesto a Pablo en oposición de guardar la ley de Dios. Que él hubiera enseñado a los cristianos gentiles algo que el mismo no practicaba con respecto a la ley es inconcebible.

Se le preguntó sobre el significado de la declaración de Pablo en 1Corintios 7:19 («la circuncisión nada es, y la incircunsición nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios»), Nanos respondió que este era un tema de investigación para mas delante. Ciertamente, como dice Nanos en su libro, «las implicaciones [del nuevo enfoque] es en ocasiones impresionante» (p. 13).

¿DEBERIAN LOS CRISTIANOS HACER LO QUE CRISTO HIZO?

¿Así que, a donde nos lleva todo esto? El caso es que un cambio en el entendimiento no necesariamente nos conduce a un cambio en la práctica por parte de aquellos que estudian estos asuntos. Sin embargo, debería guiarnos a una nueva apreciación, respetar y quizás tolerar aquellos que siguen las practicas de la Iglesia primitiva. Debería proveer a los que guardan el séptimo día, el sábado, con la oportunidad de decir lo que creen y practican, dentro de una atmosfera más razonable.

¿Si en verdad los seguidores modernos de Cristo quieren asimilar a su líder, cuales practicas del primer siglo debe imitar?

¿Adónde podrían guiar estas nuevas perspectivas en términos de la práctica diaria del cristiano que quiere saber que hicieron Cristo y la Iglesia primitiva? ¿Si en verdad el moderno seguidor de Cristo quiere imitar a su líder, cuales practicas cristianas del primer siglo debería imitar?

Al presentar el caso para practicar el cristianismo como la Iglesia primitiva lo hizo, parecería razonable comenzar con estas premisas directas: Los primeros seguidores de Jesús hicieron lo que El hizo, después de todo El era su Maestro. Sus prácticas no se iban a desviar sin revelación directa de Él.

¿Qué tan «judíos» eran Jesús y sus primeros seguidores? Los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles fueron escritos después de la mayoría de las epístolas de Pablo, Pedro y Santiago. Sin embargo aun revelan a Jesús y un grupo de hombres y mujeres firmemente fijos dentro de las prácticas de un antiguo sistema religioso. La Iglesia el Nuevo Testamento se mantenía guardando su antigua tradición israelita.

¿La Iglesia primitiva era fiel a la Tora? Nuevamente de Garr («¿Tora, Flagelo o Fundamento de la Fe Cristiana?»): «En tiempos apostólicos, aun no había duda: “Toda la Escritura [Tora] es inspirada por Dios, y útil para… enseñar en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (II Timoteo 3:16), y, “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendieren un punto, se hace culpable de todos.... Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad...” (Santiago 2:10, 12)».

Sin embargo cuando la Iglesia primitiva observaba la ley de Dios, lo hacían con entendimiento enriquecido. Por ejemplo, cuando leían las enseñanzas de Pablo en Romanos 8 entendían que era posible cumplir con la ley en el espíritu, y no que la ley había sido abrogada.

Cuando C.E.B. Cranfield escribió su comentario sobre el libro de Romanos en los años 70, llegó a importantes conclusiones sobre Romanos 8:3-4, diciendo lo siguiente, «Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, lo hiso enviando a Su propio hijo en semejanza de carne de pecado: Condeno el pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu».

 Cranfield reconoce que algunos eruditos han expresado sus tendencias en contra de la ley:

«El uso del singular [“requisito”] es significativo. Muestra el hecho de que los requisitos de la ley son esencialmente una unidad, la pluralidad de los mandamientos no siendo confusos ni una complicada conglomeración sino un todo reconocible y comprensible, la paternal voluntad de Dios para con sus hijos. El propósito de Dios en “condenar” el pecado fue que el requisito de su ley pudiera ser cumplido en nosotros, esto es, que su ley pudiera ser establecida en el sentido de que por fin fuera verdadera y sinceramente obedecida—el cumplimiento de las promesas de Jeremías 31:33 y Ezequiel 36:26».

Cranfield agrega esta nota de pie:

«Jeremías 31:31-34 [“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. —no como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová, porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”] Se entiende que la nueva ley como promesa tomara el lugar de la antigua... de otra manera sería como promesa de una religión del todo sin ley. Mas la nueva promesa en el v. 33 es, en efecto, ni una nueva ley ni una emancipación de la ley, sino un sincero e intrínseco deseo y determinación de parte del pueblo de Dios de obedecer la ley que ya se les había dado(“mi ley”)».

En 1994 en un libro sobre los Romanos, el autor, John Stott, escribe unos comentarios sobre este pasaje en Romanos 8:

«“los que... andan... conforme al Espíritu”.... Esta frase guía nuestra atención al comportamiento cristiano que obedece la ley como el máximo propósito del acto de Dios a través de Jesucristo. En este caso el dikaioma de la ley o “justo requisito”... se refiere a los mandamientos de la ley moral vista como un todo, con la cual Dios quiere que sea “cumplida” (i.e. “obedecida”, no “satisfecha”) en su pueblo.... Esto no es perfeccionismo; simplemente decir que la obediencia es un aspecto necesario y posible del discipulado cristiano. A pesar de que la ley no puede asegurar esta obediencia, el Espíritu si puede» [Romans: God's Good News for the World, (Romanos: Las Buenas Nuevas de Dios para el Mundo) InterVarsity Press, Downers Grove, Illinois, p. 221].

Aunque Stott, sin duda, apoya solamente la enseñanza de la ley moral; la lógica de lo que estamos descubriendo es que a la Iglesia primitiva se le enseñó la necesidad de obedecer la ley igual que Jesús y Pablo la entendieron, como «buenos judíos,» llenos del Espíritu de Dios. Por ejemplo, cuando la Iglesia primitiva obedecía las leyes sobre los alimentos en el libro de Levítico, entendieron mejor la separación de lo inmundo que un cristiano debe ejemplificar. A la misma vez es impensable que Cristo y Pablo no hayan obedecido las leyes sobre los alimentos. La venida de Cristo dio un significado más profundo a la adherencia física de tales prácticas.

Nuevamente, ¿cuáles son las implicaciones para aquellos que siguen a Cristo en la actualidad? Las respuestas se pueden encontrar en las epístolas y ejemplos de los primeros seguidores. Considere los comentarios de Pablo sobre la observancia de la Fiesta de los Panes sin Levadura. En 1 de Corintios 5:8 dice: «Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad».

ERUDITOS: CON LOS OJOS BIEN CERRADOS

Parece ser que los eruditos que han mostrado el coraje de caminar por el camino del arrepentimiento de los errores teológicos del pasado, aun no han llevado su pensamiento a una conclusión lógica. Por ese motivo existe voluntad en sus escritos de aferrarse a algunas de sus antiguas enseñanzas. Cuando Pablo es el centro del debate, existe una renuencia en concluir que él había enseñado a los gentiles a obedecer la ley de igual manera que él lo hizo.

Parece que los eruditos que han mostrado coraje en caminar por el camino del arrepentimiento de los errores teológicos del pasado aún no han llevado su manera de pensar a su lógica conclusión.

No obstante sabemos que Cristo guardó la ley. Sabemos que Pablo nos enseña que tenemos la mente de Cristo. Sabemos que Pablo enseñó a los gentiles a seguirle a él así como él siguió a Cristo. Agreguemos a esto lo acabamos de leer en Romanos sobre la obediencia y el Espíritu. Después tenemos el argumento de David Wenham de que Pablo estaba alineado con su maestro en pensamiento y enseñanza. Este es un argumento sólido para la práctica del cristianismo así como los primeros cristianos lo hicieron.

Lo que los eruditos trabajando en este campo no han podido concluir es que no pudo haber ido en contra de sus propias enseñanzas o el ejemplo de Cristo en la práctica diaria del cristianismo

Pawlikowski es el que más se acerca al admitir que a un gentil le gustaría vivir evidentemente como lo hizo Pablo. Dice que «la observancia de la Tora no era necesariamente algo malo a los ojos de Pablo siempre y cuando como persona reconozca la fuente primaria de la salvación. Se hecho, algunos eruditos ahora están persuadidos de que Pablo probablemente favoreció la continuación de la práctica de la Tora entre los judíos cristianos. Debería un cristiano gentil libremente decidir llevar a cabo la observancia del Tora no hay nada en las enseñanzas Paulinas, como ahora se interpreta, sugerir que tal persona estaría poniendo en peligro su fe o salvación. Por consiguiente, el contraste tradicional entre el judaísmo como una religión de ley y el cristianismo como una religión de libertad/gracia es profundamente simplista» [Anti-Judaísmo, p. 33].

Por parte de Pawlikowski's esta es una admisión audaz y sorprendente. Al parecer es la más cercana de la nueva literatura pro-judaica a un entendimiento acertado a la creencia y practica de la Iglesia primitiva del Nuevo Testamento. Algunos eruditos, parece ser, que están acercándose al camino hacia un reconocimiento de que los seguidores de Cristo del primer siglo, incluyendo a Pablo, imitaron a su Maestro, y que algunos entre los gentiles probablemente imitaron a Pablo. Existe aun buena disposición en reconocer que el plan de Dios para Israel está incompleto (al igual que para la mayoría de la humanidad). El pueblo judío en los tiempos de Pablo no estaba todavía redimido. La promesa de su salvación era, y aun esta, en pie de acuerdo a Pablo.

Nuevamente el erudito Católico Romano Peter Phan, en un comentario sobre la actual posición católica, dice: «En cuanto a la actitud de Pablo hacia la Tora en particular, debe recordarse que nunca sugirió que “la ley (Tora) había cesado de ser la voluntad de Dios para el pueblo judío” y que en cuanto a los judíos y la Tora, Pablo declara que “aun antes de la fundación de la Iglesia, la relación sigue perdurando y es válida, porque ‘Los Dones de Dios y su llamado son irrevocables’”»(Anti-Judaísmo, p. 88).

Siendo este el caso, parece irracional sugerir que Jesús, Pablo y Dios en el cielo requerían nada menos que obediencia a la Ley del Reino de parte de todo el pueblo de Dios, judíos o gentiles.

Frederick Holmgren, profesor investigador del Antiguo Testamento en un seminario en Chicago, escribe:

«Jesús estrechó la Tora de Moisés; no vino a abogarla sino a cumplirla (Mateo. 5:17) —a transmitir su enseñanza. Más aún, para aquellos que vinieron a él buscando vida eterna, la sostuvo como una enseñanza de ser observada (Lucas 10:25–28). A pesar del conflicto entre Jesús y algunos interpretes de aquellos días, ambos eruditos judíos o cristianos lo ven como a alguien honró y siguió la Ley. Cuando Cristo proclama el futuro reino de Dios, en ningún lado habla en detalle del carácter interno de este reino. No necesita hacerlo pues ya había sido descrito en el Antiguo Testamento y hablado de ello dentro del judaísmo» [Anti-Judaísmo, p. 72].

La examinación del anti-Judaísmo por parte de la Católica Romana ha producido enorme cantidad de comentarios. En cuanto a Cristo y la Ley, los siguientes detalles de declaraciones oficiales del Vaticano son significativos:

«Jesús aceptó y observó la Ley (cf. Gálatas 4:4; Lucas 2:21–24), exaltó respeto por ella, e invitó a obedecerla (Mateo 5:17–20). Por lo tanto, nunca será válido poner las enseñanzas de Jesús (evangelio) en oposición fundamental a la Tora. La realidad dinámica de que es Ley judía nunca debe describirse como ‘anticuada’ o reducida a “legalismo”» [Anti-Judaísmo, nota de pie, p. 88].

«El Antiguo Testamento y la tradición judía fundada sobre el mismo no debe oponerse al nuevo Testamento en tal manera de que el anterior parezca constituir u a religión de solo justicia, temor y legalismo, sin un llamado al amor de Dios y al prójimo (cf. Dt 6:5; Lv 19:18; Mt 22:34-40)» [Anti-Judaísmo, nota de pie, p. 88].

Hemos llegado a lo que podría ser un cambio significativo dentro del entendimiento teológico. Si la evidencia del anti-Judaísmo examinada en este artículo es aceptada, junto con las conclusiones lógicas y las lecciones prácticas derivadas de esto, entonces el cristianismo popular podría revolucionarse. Llegaría a ser «por la fe que ha sido una vez dada a los santos», por lo que Judas nos instruye a «contender ardientemente».

Sin embargo, existe, algunas indicaciones de que la lección no se ha aprendido aún, y podría no aprenderse. Comentando sobre el progreso del enfoque anti-judaico dentro de la Católica Romana, Pawlikowski incluye una alerta preocupante: «Un nuevo estudio paralelo de materiales protestantes, aún en progreso, muestra un tanto resultados mezclados con algunos de los estereotipos todavía existentes o aun resurgentes en algunos textos religiosos» (Anti-Judaísmo, p. 30).

En otras palabras, todavía queda un largo camino que recorrer para que un acertado punto de vista sobre el esencial judaísmo de Jesús y de la Iglesia primitiva se pueda alcanzar. A pesar de todo, hay que agradecer a los eruditos por su tenacidad en investigar peligrosos conceptos erróneos que han si perpetrados en nombre del fundador del cristianismo y Sus primeros seguidores.

Por ahora, Peter Tomson provee una útil conclusión a esta discusión. Escribe que «una adecuada lectura de Pablo requiere una aproximación correcta al antiguo judaísmo; y ambas presuponen una distancia reflejada hacia la tradición cristiana. Este desiderátum implica nada menos que un cambio paradigmático en las percepciones básicas, metas y métodos de ilustración cristiana establecida» (Paul and the Jewish Law, p. 7).

En Visión compartimos el deseo y la tarea de enseñar y profesar sobre esta base.