Mas Bienaventurado Dar Que...

Un viejo adagio en libro de los Hechos nos dice, “Más bienaventurado es dar que recibir.” (Hechos 20:35). En un mundo que ha cultivado la importancia del interés propio, en buscar ser el número uno en todo, ese es un sentimiento frecuentemente duro de aceptar. ¿Acaso la benevolencia de tratar a los demás como queremos ser tratados tiene beneficios palpables?

Arthur C. Brooks, antiguo profesor de la administración pública del Colegio Maxwell de Ciudadanía y Relaciones Públicas parte de la Universidad de Syracuse y ahora presidente del American Enterprise Institute, ha donado estudios de demografía por más de 10 años, anotando sus hallazgos en su libro Who Really Cares (2006) y en numerosos artículos publicados. Señala que los Estados Unidos es una nación notablemente altruista: “La Fundación Giving U.S.A. estima que la nación donó cerca de $3000 millones de dólares en beneficencia en el 2006—más que la producción interna bruta (valor de todas las mercaderías y servicios producidos en el país anualmente) de todos los 33 países en el mundo” (“Giving Makes You Rich,” 2007).

Dar es obviamente bueno para los que están en el lado de los que reciben, ¿beneficia esto al benefactor? A simple vista, el altruismo— esto es, diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio—sugiere solamente perdida para el dador. Sin embargo la sorprendente conclusión es que el hecho de dar afecta la química de nuestro cerebro de maneras positiva. Frecuentemente, por ejemplo, se ha informado de sentimientos de euforia en el que da. Los psicólogos se refieren a esto como “jubilo personal”; al parecer existe una conexión entre el comportamiento altruista y la liberación de químicos cerebrales llamados endorfinas las cuales producen una versión muy ligera de las sensaciones que la gente obtiene de drogas como la morfina y la heroína aunque por supuesto, sin los efectos negativos de una costosa adicción criminal y los efectos secundarios en la salud.

“El altruismo también reduce las hormonas del estrés que causan la infelicidad,” Brooks informa en su libro “Why Giving Makes You Happy” (2007). “En 1998 en un experimento de la Universidad de Duke, se le pidió a adultos mayores dar masaje a unos bebes—la idea fue de que el darle placer al bebe es un acto compasivo sin esperar recompensa, ni siquiera un ‘gracias’—a cambio. Después de haber dado los masajes, se encontró en los adultos mayores que el nivel de estrés en las hormonas de cortisona, adrenalina y noradrenalina en sus cerebros dramáticamente había bajado.

“En el fondo de toda la investigación del dar es de que no solo es bueno para su causa favorita; también es bueno para usted”.

Donadores generosos se describen así mismos mas conectados con sus comunidades. También encuentran significado y satisfacción al contribuir a alguna causa más grande que el yo. En el libro Who Really Cares, Brooks habla de una conexión entre el altruismo y sentido del bienestar personal, concluyendo que “la felicidad, la salud y el ingreso coexisten dentro del ciclo de la retroalimentación positiva con el altruismo: las personas felices, saludables, exitosas orientadas a la oportunidad son más posible que den y sean voluntarias. A la misma vez, la gente altruista es más posible que sea feliz, saludable y financieramente prosperas que los que no son altruistas. Sí, la gente prospera es mas dada al altruismo—meramente el altruismo también puede hacerlos más prósperos y es más probable que hagan más contribuciones altruistas.”

¿Acaso se ha topado Brooks con el ciclo de retroalimentación positiva proclamado por Jesucristo siglos atrás? “Dad, y se os dará,” proclamó el Maestro de Galilea; “medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

La reseña de Brook de las últimas encuestas presta apremiante apoyo a esta vedad bíblica. Las ciencias sociales y las Escrituras concuerdan al confirmar los tangibles beneficios de amar a tu prójimo de manera activa y generosa como a sí mismo. “El valor del altruismo no se limita a aquellos que reciben los servicios que el dar hace posible”, dice él. “La evidencia muestra en este libro que el altruismo genera enormes beneficios no solamente para los dadores sino también para sus familias, comunidades y la nación. Todos entienden que las organizaciones altruistas generan valor al suplir a los necesitados. Lo que varias organizaciones malentienden es quienes son los verdaderos ‘necesitados’. Aunados a aquellos con necesidad de alimentos, albergue y educación, los necesitados son también aquellos que necesitan dar para obtener su potencial completo en felicidad, salud y prosperidad material—los cuales somos todos nosotros”.

Así que resulta que es mejor dar que recibir, y el amar a tu prójimo como a ti mismo tiene mas amplios beneficios que lo que se pueda imaginar. Tener una actitud altruista y ponerla en práctica, es aparentemente después de todo en beneficio de uno mismo.