Temas de Crianza: Teniendo Favoritos

Toma muchas formas, y existe por una variedad de razones. Los niños tienden a identificarlo más fácilmente que sus padres, y es más común durante los momentos de estrés familiar, particularmente el tipo que resulta de los problemas del matrimonio. Cuando no se reconoce y se aborda, puede crear problemas emocionales a largo plazo y puede llegar devastar las relaciones familiares. Esto es «el favoritismo», y es mucho más común de lo que nos gustaría pensar.

Cuando los padres son encuestados sobre el tema del favoritismo, casi todos los participantes dicen que a pesar de sus mejores esfuerzos por lo contrario, han favorecido a un hijo sobre otro por lo menos ocasionalmente. Por lo general admiten saber que el favoritismo es dañino para los hijos, y que frecuentemente tratan de evitarlo lo más posible. Sin embargo, algunos padres continúan felizmente desapercibidos de la posibilidad que en ocasiones actúan de maneras que revelan inclinaciones hacia o en contra de alguno de los hijos, inclusive bastante obvio para los demás. «Puedo ver la frustración y problemas de comportamiento en nuestro hijo mayor como resultado del favoritismo que su padre muestra con nuestro hijo más pequeño», dijo una madre en respuesta a una encuesta hecha por Vision sobre el tema. «Este un problema muy serio en nuestra familia».

Efectivamente, es un problema serio en cualquier familia donde existe un modelo arraigado, afectando a cada uno. A los hijos no preferidos se les ha visto con frecuencia exhibir altos niveles de depresión y comportamientos agresivos, así como un reducido sentido de autoestima y compromiso social. Sin embargo, los hijos favoritos así como los que no lo son, están al tanto de las preferencias de los padres, no quedando inmunes a efectos nocivos.

Un minucioso examen de datos de tres estudios individuales norteamericanos se refirió a este punto examinando los efectos del favoritismo en múltiples niños en la familia, comparando los resultados tanto externos como internos dentro de un total de 5.488 familias. En un numero publicado en septiembre de 2004 en la revista Child Development, la revisión encontró que, en promedio, el favoritismo de los padres tiene efectos negativos sobre todos los hijos—no solamente en los hermanos desfavorecidos. Estos efectos fueron categorizados principalmente como comportamientos «exteriorizantes», que se refieren a problemas de comportamiento emocional presentes en forma de una conducta antisocial y agresiva, aunque también fueron aparentes los efectos de habilidad cognoscitiva (específicamente relacionados con el razonamiento verbal).

Estas noticias no deberían sorprendernos. Tan solo el sentido común debería sugerirnos que los hijos con favoritismos pueden sentirse inseguros de su propio estado «privilegiado», puesto que pueden observar con facilidad del injusto e inseguro trato hacia los demás hermanos. Los investigadores sugieren también que los hijos privilegiados pueden sentir empatía, o hasta culpa, por la situación de los hermanos «desprivilegiados, o sienten la perdida de lo que podría haber sido una relación más cercana con los hermanos. Existe una base sólida en la última sugerencia: Es bien sabido entre los investigadores del desarrollo infantil que el tratamiento preferencial por parte de los padres socava seriamente las relaciones entre los hermanos, una relación que de otra manera tiene el potencial de proveer tremendos beneficios a lo largo de sus vidas.(véase «El Guarda de mi Hermano: De la Violencia entre Hermanos al amor Fraternal».)

Existe un punto en el que se debe enfatizar, y es que tan solo porque los padres tratan a los hijos de manera diferente no significa que sus acciones sean necesariamente «preferenciales». El tratamiento preferencial es aquel que deja al hijo sintiéndose menos amado, o menos favorecido que los demás, inclusive los más pequeñitos notan rápidamente este tipo de injusticia. Por otro lado, puede ser imposible—además de poco práctico—para los padres tratar a sus hijos exactamente igual (con perfecta igualdad) debido a la diferencia de edades y otras necesidades individuales. En esta situación el tratamiento diferencial no necesariamente lleva al favoritismo, aunque hay ciertos factores en que los padres pueden y deberían estar al alba.

Por ejemplo, con mucha frecuencia los hijos más pequeños son más favorecidos que los mayores o los hijos de en medio, un hecho que los investigadores atribuyen a las aptitudes sociales desarrolladas con anterioridad. Teóricamente, los niños más pequeños se vuelven más sensibles a los matices sociales a medida que trabajan por establecer una identidad que es única de los hermanos que llegaron antes. Como resultado, pueden parecer «más fáciles» de amar; Menos desafiantes hacia los padres. Por otro lado, algunas investigaciones sugieren que los primogénitos tienen otras ventajas distintas que podrían potencialmente predisponerlos al favoritismo. Sin embargo, ese no es el caso para los hijos de en medio. La investigación es consistente vinculando al niño en esta posición de su nacimiento como el menos probable que avance sobre los hermanos bajo el favor de los padres. A menos, en otras palabras, que ella sea la única hija entre dos hermanos. Los padres tienden a mostrar más afecto hacia los hijos menos agresivos, y en la mayoría de las familias con hijos de diferentes géneros, con más frecuencia tienden a ser niñas. Los hijos con problemas de salud o discapacidades serias podrían también estar predispuestos al favoritismo, ya que estos requieren de más atención de los padres. Dentro de las familias compuestas, los hijos biológicos podrían ser favorecidos por encima de los hijastros, a lo contrario podría suceder también.

Por fortuna, los hijos son bastante capaces de comprender que el menor, el mayor, el hijastro o el discapacitado pueden tener diferentes necesidades que las de ellos, particularmente cuando los padres se toman el tiempo de explicarles el por qué la verdad de ello, asegurarles que no refleja una diferencia de que tanto los aman, inclusive involucrarlos en actividades donde puedan ayudar de acuerdo a la edad. Esto puede ser particularmente importante después del nacimiento de un miembro nuevo, que es cuando los hijos mayores pueden sentirse «desplazados» en el afecto de los padres. Cuando las necesidades de cada hijo son cumplidas—de acuerdo a las necesidades de cada uno—los hijos generalmente no percibirán la diferencia de trato como evidencia de favoritismo, pues al parecer la percepción del favoritismo es la más instrumental en crear conflicto entre los hermanos.

En las familias donde el trato a todos los hijos es bastante negativo, uno de los niños podría ser indirectamente favorecido, no debido a la preferencia real de los padres, sino simplemente por el hecho de que él o ella no es el blanco más frecuente de la culpa. Pueden formarse también «coaliciones» sutiles entre el hijo favorecido y uno o ambos progenitores, con el resultado de que el niño menos favorecido se convierte en chivo expiatorio y es intimidado por toda la familia, particularmente en aquellas familias con múltiples problemas relacionales. Alternativamente, el niño victimizado puede responder con resentimiento y agresión hacia el hermano «preferido».

Aunque hay demasiadas familias que han experimentado este nivel extremo y perturbador de tratamiento preferencial, la mayoría de los padres entienden que todos sus hijos anhelan su amor y atención y se esfuerzan por satisfacer equitativamente esta hambre universal. Solo que el hacerlo requiere que los padres sean conscientes de las necesidades de cada niño y que consideren cuidadosamente cómo tratarlos. De lo contrario, resulta demasiado fácil mal juzgar la brecha entre los niveles de necesidad que pueden existir entre los niños, creando inadvertidamente un sentimiento de favoritismo.

Como ejemplo, el padre que no tiene dificultad en abrazar a su hija de preescolar, puede que falle en notar que su hijo adolescente también anhela muestras físicas de apoyo, animo e inclusive afecto físico de su parte. Otras familias pueden cometer el error de dividir su esfuerzo y atención siguiendo la diferenciación de género. Naturalmente, los padres pasarán algún tiempo instruyendo a un hijo del mismo sexo, pero no se debe asumir que un niño del sexo opuesto no necesita tanto de nuestro tiempo. Los hijos se benefician grandemente del tiempo gastado con la madre, y las hijas de igual manera se benefician del tiempo gastado con el padre. (Véase «Hija de Tigre… ¿Pintita?»)

Desafortunadamente, los hijos aún pueden percibir el favoritismo donde los padres están seguros que han sido balanceados. En tanto que en algunos casos podría ser la percepción del niño con la que se tiene que trabajar y cambiar, es importante para los padres considerar la idea de que su propia percepción es la que está polarizada. «Los padres que genuinamente trataron de evitar favoritismos siempre se afligen cuando sus hijos creen que si los hubo», dice Peter Goldenthal, en su libro Beyond Sibling Rivalry: How to Help Your Children Become Cooperative, Caring, and Compassionate (Más allá de la rivalidad entre hermanos: Cómo ayudar a que sus hijos se vuelvan cooperativos, cariñosos y compasivos). Director de Terapia Familiar y el Niño en el Hospital Infantil de Filadelfia, Goldenthal recomienda que los padres traten de no ponerse a la defensiva si esto ocurre. « En lugar de saltar para defenderse de lo que puede parecer un ataque a su amor paternal», este observa, «sea curioso, trate de encontrar que es lo que hace que su hijo crea que usted se preocupa más por su hermana, el que usted quiera pasar más tiempo con ella, o apreciar sus talentos más». Este enfoque puede ayudarnos a descubrir prejuicios que ni siquiera sabíamos que teníamos, y puede permitirnos responder mejor a las necesidades de nuestros niños.

Ahora, ¿qué pasa si uno de los padres tiene más en común con un hijo en particular? Supongamos que los dos comparten los mismos intereses, y que naturalmente gravitan hacia el otro. ¿Es realmente razonable esperar que un padre no tenga un hijo favorito? ¿Pueden los padres realmente tener éxito en amar a los hijos por igual?

Dándole un giro a estas preguntas, podríamos cuestionarnos: ¿No es posible que cambiemos nuestros sentimientos acerca de las personas? ¿No podemos aprender a amar a personas con las que tenemos poco en común? ¿No vale la pena aprender a disfrutar de nuevas actividades simplemente para conectar con alguien que amamos?

Estas preguntas son importantes para que los padres se las hagan así mismos, porque independientemente de si otras necesidades físicas de los niños pueden diferir, su necesidad de amor y apoyo de los padres no. Cada uno de nuestros hijos tiene la misma necesidad de demostrarles que estamos interesados en apoyar sus fortalezas y fomentar sus actividades, y nuestra capacidad de hacer esto tiene poco o nada que ver con lo mucho a que se parezcan a nosotros. Como uno de los clientes de Goldenthal finalmente se dio cuenta, «ir a un museo con su hijo no exigía que estuviera especialmente interesado en el arte, sólo que él se interesara especialmente por su hijo».

Estar interesado en sus hijos también requiere que los padres aprecien la mezcla particular de talentos, habilidades y fortalezas de la personalidad que hace que cada niño sea único. Desafortunadamente, los padres sabotean a menudo su propio éxito haciendo comparaciones entre sus hijos. Etiquetar a un niño como «el creativo» y al otro como «el genio matemático» puede estimular a cada niño a sentir celos del talento del otro. «Todas las comparaciones, inclusive las positivas tienen dos problemas», de acuerdo a Goldenthal. «Encasillan a los hijos, limitando su libertad de descubrirse a sí mismos, qué intereses les atraen, y en cuales áreas tienen potencial de sobresalir. Alimentan la competencia entre hermanos. Podemos reconocer las capacidades únicas de nuestros hijos si aceptamos lo que ellos son sin ninguna clase de comparaciones». De esta manera se benefician tanto padres como hijos. Aunado a ayudar a los padres a apreciar a sus hijos como individuos, los s elogios honestos y realistas que evitan las comparaciones permiten a los hijos a enfocar en el gusto de obtener nuevas destrezas así como en contribuir en el bienestar de otros. Los padres que se adaptan adecuadamente a las necesidades de todos sus hijos sin parcialidad les ayudan a adaptarse a las necesidades de los hermanos, compañeros y la sociedad en general de la misma manera. Tales padres también ayudan a sus hijos a desarrollar un sentido positivo de su potencial. (Véase «Ayudando a los Hijos a Desarrollar una Percepción Positiva de Sí Mismos».) 

Por el contrario, los padres que de modo consistente favorecen a un hijo sobre otro arriesgan a dejar al hijo desfavorecido sin sentirse amado, indeseado e indigno de afecto. La mayoría de los padres nunca desean ser crueles con un hijo -pero el favoritismo puede lastimar muy cruelmente- y es demasiado fácil para los padres pasar por alto.

Por esta razón, es importante que los padres hagan un inventario de sus comportamientos hacia cada uno de sus hijos. ¿Nos encontramos con frecuencia respondiendo negativamente hacia uno de los hijos en particular, usando frecuentemente el sarcasmo, o sintiéndonos irritados con él o ella? ¿Etiquetamos al hijo como «el difícil», o tal vez le resulta menos natural mostrarle afecto a un niño en comparación con los otros? ¿Nos percibimos exagerando hacia alguno de nuestros hijos de manera más consistente que a los demás? Si estas preguntas son difíciles de responder con certeza, puede ser útil preguntar a un amigo cercano o familiar si han notado diferencias en la forma en que tratamos a nuestros hijos.

Si sospechamos que hemos sido menos que equitativos con nuestro amor y afecto, la buena noticia es que está dentro de nuestro poder cambiar nuestra actitud y la situación. Una estrategia podría ser anotar rasgos positivos y negativos de todos nuestros hijos. Si no podemos encontrar un número igual de rasgos positivos para cada uno, puede ser útil preguntar a los maestros, amigos o familiares lo que admiran acerca del niño menos favorecido. También es importante ser honesto acerca de las deficiencias en el niño favorecido, que probablemente no es más perfecto que el niño o los niños menos favorecidos.

A medida que tomamos un criterio más equilibrado de nuestros hijos, equilibrando también el tiempo que pasamos con cada uno, eventualmente será natural para nosotros distribuir nuestro amor y afecto por igual. El resultado bien valdrá el esfuerzo. Cuando cada hijo es amado por la persona única que él o ella es, el escenario está establecido para las relaciones de hermano cercano y relaciones familiares saludables en general. No hay mayor regalo que los padres puedan dar a sus hijos o a sí mismos.