A Medias Tintas

¿Hoy en día con esta variedad de ideas, que es lo que estamos engullendo?

La religión organizada tiene innumerables seguidores fieles y leales, muchos de los cuales ciegamente toman las enseñanzas de su fe como verdaderas. En consecuencia, una crítica común a la religión es que parece ser una adherencia incondicional a algo no demostrado. Cuantiosos filósofos se han sentido justificados al etiquetarla como un bastón para el de mente débil sin valor para los iluminados. Denuncian que la religión es una simple sombra de lo que reclama ser, y que una mirada más cercana la pondría en manifiesto como un barniz delgado que cubre un centro solido de hipocresía.

Los críticos señalan todos los muy frecuentes reportes de la falta de ética profesional de género por parte de los clérigos, los escándalos pecuniarios, o los supuestos milagros que resultan ser no más que fraudes bien coreografiados. Para agregar más crédito a sus inculpaciones, los oponentes hacen notar con más que un dejo de ironía las incontables guerras que han sido disputadas en el nombre de la religión.

Sin embargo, las encuestas muestran de manera consistente que por lo menos el 80 por ciento de la población mundial nominalmente se adhiere a una religión u otra. Tal vez las personas necesitan sentirse parte de algo mayor que ellos mismos, o quizás desean tener un sentido de dirección o iluminación espiritual. Algunos, sin duda, llegar a la esperanza de la existencia más allá de esta vida física.

En un intento por convertir gente fuera de la religión organizada, muchos pensadores han declarado la guerra a lo que ven como la falsa seguridad que ofrece la religión. En lugar de ayudar a fortalecer, discuten, la religión es el primer paso en el camino hacia la destrucción final del individuo. Creen que el fortalecimiento del individuo y la sociedad provienen de la emancipación  de toda la gente de los confines de cualquier dogma, especialmente religión.

LIBERANDO EL ESPIRITU 

Liberar a la humanidad de una débil mentalidad religiosa no es una idea nueva. Muchos han sugerido que el desatar nuestros impulsos más íntimos para adorar a alguien o algo mayor que nosotros mismos libera el espíritu humano y realza las nobles virtudes de la sociedad. Algunos científicos y filósofos incluso han anticipado la idea de que la abolición  de la «moralidad religiosa» engendra fortaleza y carácter.

Por ejemplo, Carlos Marx, veía la religión como un medio de control social. La vio como parte de una táctica utilizada por la clase dominante para evitar que las masas se elevaran a su potencial máximo. Describió a la religión como «el opio del pueblo».

Unos años más tarde Friedrich Nietzsche proclamó, «Dios ha muerto: pero tal como es la especie humana, quizá durante milenios todavía habrá cavernas en las que se enseñe su sombra. ¡Y nosotros—también nosotros todavía tenemos que vencer su sombra!» La moralidad, dijo, es «el instinto gregario en el individuo».

Emma Goldman, una anarquista y feminista del siglo 20, destacó que Nietzsche «vio en el cristianismo el nivelador de la raza humana, el domador de la voluntad del hombre que se atreve y hace. [Él] vio en cada movimiento forjado en la moralidad e intentos éticos cristianos no a la emancipación de la esclavitud, sino la perpetuación de esta. Por lo tanto [él] se opuso a estos movimientos con toda su fuerza y voluntad».

Ella llegó a decir que Nietzsche «lanzó golpe tras golpe  contra los pórticos del cristianismo, debido a que [él] vio en esto un perniciosa esclavitud moral, el rechazo por la vida, el destructor de todos los elementos que contribuyen a la fortaleza y el carácter».

¿Los ideales y las creencias religiosas nos fortalecen o nos debilitan? ¿Pueden marcar un camino claro en la ilustración personal, o en verdad es tiempo de deshacerse de ellos?

¿Tenía razón Nietzsche? ¿Los ideales y creencias  religiosas nos fortalecen o nos debilitan? ¿Pueden marcar un camino claro en la ilustración personal, o en verdad es tiempo de deshacerse de ellos? ¿Deberíamos, como muchas personas inteligentes y altamente respetadas insisten, reconocer que cada creencia que no se apoye sobre el conocimiento verificable es sospechosa, incluso supersticiosa, y por lo tanto debemos oponernos?

Suena bastante razonable. Si es que es verdad, sin embargo, ¿no debería de ser esta la prueba para todas nuestras convicciones, cualquiera que sea su naturaleza? Por ejemplo, ¿cuántos se han detenido a considerar algunos de los «hechos» que tomamos por sentados dentro del mundo de la ciencia, los cuales simplemente son teorías e hipótesis y de hechos no tienen nada?

PEREZA INTELECTUAL

Irónico como parece, cuando se trata de disfrazar las opiniones como hechos, la ciencia es vulnerable. Por ejemplo, en su libro Evolution: A Theory in Crisis (La Evolución: Una Teoría en Crisis), el biólogo molecular Michael Denton comenta: «No es  de extrañar que, dentro del contexto del . . . abrumador consenso social, muchos biólogos están confundidos en cuanto al verdadero estatus del paradigma Darwiniano y no están conscientes de su basamento metafísico» (énfasis añadido).

También podríamos considerar el impacto de algunos de los gigantes en el campo de psicología y la sociología. Las ideas de hombres como Sigmund Freud y Alfred Kinsey tuvieron un tremendo efecto en la sociedad del siglo 20, a pesar de eso, sus métodos y conclusiones están siendo puestos en graves dudas. Al parecer, millones de personas optaron por cambios de vida basados en las enseñanzas de presuntos científicos antes de poner a prueba esas enseñanzas.

La mayoría de nosotros asumimos descuidadamente que lo que se nos ha enseñado es verdadero. Como resultado nos implicamos con algunos comportamientos altamente irracionales.

Todos podemos volvernos perezosos con nuestra manera de probar la verdad en lo que creemos. La mayoría de nosotros asumimos descuidadamente que lo que se nos ha enseñado es verdadero. Como resultado nos implicamos con algunos comportamientos altamente irracionales. Considere la popularidad de los horóscopos. Muchas personas los consultan con regularidad, aun hasta el punto de dirigir sus actividades diarias por estos. ¿Cuántas novias acatan la superstición de que si son vistas por el novio en su traje de novia antes de casarse les acarrea mala suerte? ¿Se han preguntado a sí mismos porque creen en semejantes cosas?

También está en la política. ¿No esos que se consideran liberales tienen la tendencia a creer la frase de un político liberal sobre cualquier tema? Del mismo modo, ¿no el conservador apoya el punto de vista del político conservador? ¿Cuántos se toman el tiempo de corroborar los datos y estadísticas citados por su político favorito antes de adoptar la línea del partido?

Así que si bien es cierto que muchas personas simplemente han aceptado, sin cuestionar, un conjunto de creencias religiosas, igualmente es verdad que muchos se han tragado la información e ideas que se les han dado por científicos, sociólogos, políticos y los medios de comunicación sin pensarlo dos veces.

¿Puede realmente decirse entonces, que la debilidad de carácter es un síntoma único de la creencia religiosa, o debemos concluir  que la misma pereza intelectual frecuentemente aplica a otras creencias y opiniones profundamente arraigadas?

Todo dogma (que es, cualquier cosa sostenida como una opinión establecida), se origina de una fuente: la mente humana. Ya sea en materia de ciencia, religión, política o las noticias de la noche, la creencia—o fe—juegan una parte fundamental en las convicciones del individuo.

¿Podemos concluir entonces, que todo lo que requiere una cierta cantidad de fe es una señal de carácter débil?

PUNTO DE VISTA DE UN CIENTÍFICO

Albert Einstein entendió que no todo el conocimiento puede ser verificado por medio de la experimentación científica, especialmente el conocimiento concerniente al comportamiento humano. Escribió, «El punto débil del concepto [del racionalista extremo] es. . . que las convicciones que son necesarias y determinantes  para nuestra conducta y juicios no pueden ser encontradas solamente junto con este solido medio científico».

Se dio cuenta que el conocimiento no es un fin en sí mismo, sino que debe ser utilizado para beneficio de la sociedad. Sin embargo la raza humana ha demostrado a lo largo de los siglos que no es muy buena regulando su comportamiento para lograr resultados consistentemente positivos.

Einstein razonó que cuando alguien determina que ciertos medios son útiles para lograr una meta, entonces los medios, en realidad, se convierten en el fin. En otras palabras, de la manera como logramos nuestras metas es de critica importancia. Algunos, incluyendo a Nietzsche, podrían aducir que, siempre y cuando el carácter del fuerte prevalezca, cualesquiera medios pueden ser justificados por el fin. Einstein argumenta que en una sociedad saludable no debe de suceder.

«Para aclarar estos objetivos y evaluaciones fundamentales», dijo, «y fijarlos rápidamente en la vida emocional del individuo, me parece a mi precisamente la función más importante que la religión tiene que llevar a cabo en la vida social del hombre. Y si uno se pregunta de donde se deriva la autoridad de tan fundamentales fines, puesto que no pueden ser declarados y justificados meramente por la razón, uno solamente puede responder: estos existen en una sociedad sana como tradiciones poderosas que actúan sobre la conducta, aspiraciones y juicios del individuo; están ahí, es decir, como algo vivo, sin que sea necesario encontrar la justificación de su existencia».

¿Demostró Einstein esto empíricamente, o se aferró a ello como cuestión de fe?

La fe en sí no es el problema. Sin embargo, la mente seria e ilustrada, no puede ni se alejará de la búsqueda por el entendimiento. Buscará para probar si sus creencias están basadas en los hechos. Sin embargo, ¿Dónde podemos encontrar dichas pruebas?

Religión y ciencia comparten poco terreno común en la mente del filósofo moderno, que en muchos sentidos es una tragedia. Varias historias de la Biblia fueron consideradas cuentos chinos hasta que en los siglos 19 y 20 la arqueología comenzó a verificar los nombres de personajes y lugares bíblicos. Historia y religión han demostrado que una alianza de integridad puede ser golpeada cuando el pensamiento crítico y la búsqueda de datos son empleadas en ambos lados. La ciencia hasta cierto punto es parte de quienes somos como seres humanos, y la Biblia tiene mucho que decir de esto. ¿Podemos usar ambos para esclarecer nuestro camino en la vida?

A través de las palabras que se encuentran en sus páginas, la Biblia muestra la forma de enmarcar la existencia humana—los medios para un final deseable. Lejos de disminuir y debilitar el papel de la humanidad, la Biblia de hecho lo aclara. No obstante, creer simplemente sin tratar de demostrar si esta correcto, no es una opción.

EXAMINADLO TODO 

En esta era de relativismo, la mayoría de la gente se resiste a la idea de los absolutos. Dicen que a menos que podamos probar empíricamente que existe una fuerza que nos gobierna y tiene el derecho de determinar la verdad, debemos rechazar dichas nociones.

La Biblia misma nos desafía a «examinarlo todo; retener lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21, Versión Reina-Valera 1962). La palabra griega traducida como «bueno» tiene la connotación de honesto, valioso, virtuoso o digno. Claramente estas son cosas que se buscan con cada fibra de nuestro ser, y cuando finalmente las encontramos, debemos aferrarnos a ellas como una ancla dentro de un mar de incertidumbre.

No es algo natural, y en el proceso podemos desanimarnos y dudar, sin embargo en el  Salmo 34:8 dice, «Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en Él». De hecho la verdad puede ser demostrada viviéndola en fe plenamente. Es por medio de experiencias verdaderas que la creencia o fe, llegan a cimentarse.

Este tipo de creencia viva puede impulsar a una persona a profundizar continuamente en los misterios del universo y el propósito de la raza humana. Lejos de inhibir el crecimiento del individuo, esta le permite a la persona la libertad de desarrollar un pensamiento crítico y construir un carácter que verdaderamente libere al espíritu humano.

Cuando ciegamente seguimos creencias de cualquier clase sin verificación, cometemos el mismo error que se ha estado haciendo a lo largo de los siglos. 

Vemos ejemplos de caracteres débiles  a nuestro alrededor. Cuando ciegamente seguimos creencias de cualquier clase sin verificación, cometemos el mismo error que se ha estado haciendo a lo largo de los siglos. A través de la pereza intelectual seguimos ideas no probadas.

De hecho, se necesita una mente fuerte para enfrentar y aceptar la verdad revelada por un ser Espiritual Supremo. Dicha mente quiere saber la verdad así como el Autor de la verdad quiere sepamos la verdad.

El debilitamiento de nuestras mentes se lleva a  cabo cuando nos alejamos del proceso de búsqueda objetiva. En otras palabras, cuando vamos por nuestro propio camino y buscamos llenar el vacío con ideas humanas diseñadas. La historia ha grabado las fallas de este método.

Tal vez es hora de investigar una manera de vida que prometa la verdadera iluminación y la paz como su fin. Se necesita la fuerza de la mente y el espíritu de embarcarse en este viaje fascinante.