El Fin del Mundo (Continuación)

En la grata película de 1960, Un Marciano en California (Visit to a Small Planet), Jerry Lewis añadió un toque de comicidad al concepto de un encuentro cercano con extraterrestres cuando interpretó a Kreton (una juguetona variante de cretino), un viajero intergaláctico en el tiempo que causa problemas debido a su torpe ingenuidad. Kreton propicia la mayor parte del caos poniendo de cabeza un entorno social tras otro. Finalmente, al informar a su maestro alienígeno que se ha cansado de la humanidad, Lewis comenta en su trillado tono infantil: «Éste es un mundo loco y confuso».

No obstante, Kreton aprendió una lección importante: «No interferir en los planetas de otras personas».

Pero ¿dónde estaría Hollywood si nuestros vecinos cósmicos sólo se ocuparan de sus propios asuntos? Ya sea el argumento de «llegar a conocerlos» de Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind), por un lado, o el de «queremos su planeta» de La Guerra de los Mundos (War of the Worlds) o de Día de la Independencia (Independence Day), por el otro, los encuentros con alienígenas son fascinantes para nosotros… y alientan las esperanzas de los cineastas de obtener grandes ingresos de taquilla.

Un Marciano en California se podría considerar una excéntrica continuación de Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still), la película de 1951 de Robert Wise que se realizó a principios de la Guerra Fría. Wise aprovechó esta oportunidad para crear una advertencia respecto a la necesidad de que las superpotencias se mantuvieran a una distancia prudente del precipicio nuclear. Es interesante mencionar que en la puesta en escena original de Un Marciano…, escrita por Gore Vidal, Kreton intenta provocar un intercambio de ataques con misiles nucleares.

Klaatu, el extraterrestre, era el portavoz del antimilitarismo de Wise. «He sido un antimilitarista toda mi vida», afirmó después. «Ésa fue una manera de expresarlo». Una solución impuesta —un mensaje exigiendo la paz comunicado a todos los Estados del mundo por un representante interestelar— parecía ser un plan razonable para Wise, una solución esperada ante la amenaza de la mutua destrucción entre las superpotencias atómicas de los Estados Unidos y la Unión Soviética.

NEGOCIADOR DE PAZ

Michael Rennie, un extranjero alto de rasgos angulosos era desconocido para el público estadounidense, y era el actor perfecto para el papel original de Klaatu. Rennie le imprimió naturalidad a su comportamiento extraterrestre, cuyo llamado a «la eliminación total de la agresión» generó gran atracción en el mundo real, incluso si la anunciaba una criatura de un mundo imaginario.

Hace casi 60 años Klaatu nos dijo icónicamente: «El universo empequeñece cada día. Ya no es posible tolerar la amenaza de agresión de cualquier grupo en cualquier lugar. Debe haber seguridad para todos, o nadie estará seguro».

«Su elección es simple», continuaba Klaatu en el clímax del filme original: «únanse a nosotros y vivan en paz, o continúen el curso actual de las cosas y enfrenten la aniquilación». GORT, el robot indestructible con un rayo de calor en su único ojo —irónicamente creado para acabar con cualquier violencia— impondría la paz.

«Estaremos esperando su respuesta», informó Klaatu al mundo antes de regresar a su nave espacial. «La decisión depende de ustedes».

EXTERMINADOR

En lugar de venir con un ultimátum de paz, la «reinvención contemporánea» de El día que la tierra se detuvo (The Day the Earth Stood Still) comienza por proponer que se debe disolver la especie humana de la faz del planeta. Y, de hecho, conforme se desenvuelve la historia, la destrucción parece ser el método empleado. Klaatu no acudió a una visita social, y ciertamente no está aquí para ocuparse de sus asuntos personales.

A diferencia de su contraparte de 1951, el nuevo Klaatu es el único que tiene la decisión en sus manos: ¿exterminar o no? Tal como le cuenta a Helen (una astrobióloga interpretada por Jennifer Connelly), «si la Tierra muere, ustedes mueren. Si ustedes mueren, la tierra sobrevive». Este Klaatu no es el pacífico negociador cósmico de Rennie; más bien es el fumigador y nosotros somos la plaga. Como una vieja caricatura de El Extremo (Far Side) de Gary Larson inflada con dólares hollywoodenses, somos el insecto cargado de huevecillos con su letrero de «muchos bebés a bordo» esperando persuadir al ama de casa para que no nos rocíe con insecticida.

Interpretado por un Keanu Reeves con una adecuada apariencia de incomodidad, el nuevo Klaatu presenta una imagen novedosa del comportamiento extraterrestre. No se trata de un ciborg cubierto de piel (El Exterminador [The Terminator]) o de un raro extraterrestre que cambia su apariencia (Héroes fuera de órbita [Galaxy Quest], entre otras), el personaje de Reeves es más espiritual que físico, más dios que hombre. Klaatu es luz encarnada en un traje humanoide. Como un eco de la respuesta de Dios a Moisés: «Si vieran cómo soy en realidad», la verdadera forma de Klaatu «sólo los atemorizaría». Vivir en un cuerpo de carne y hueso debe ser ciertamente limitante para un ente de luz.

Éstos y muchos otros ingeniosos efectos buscan cumplir su cometido respecto a la esperanza del director Scott Derrickson de satisfacer las «expectativas icónicas» que dejó la película original, pero con un «estilo retro y una sensación actual para el público moderno», como el propio Derrickson mencionó en una conferencia de prensa. «Fue una fantástica oportunidad para volver a contar la historia de una manera que aborde los problemas y conflictos que nos afectan en la actualidad».

Reeves agregó: «Al recrear esta película tuvimos la oportunidad de capturar el tipo real de angustia que viven hoy las personas, una preocupación muy actual de que la manera en que vivimos podría tener consecuencias desastrosas para el planeta». En un comunicado de prensa Reeves enfatizó que «es como ver en un espejo el reflejo de nuestra relación con la naturaleza y observar nuestro impacto en el planeta, para la supervivencia de las especies, incluyendo la nuestra».

ERRAR ES DE HUMANOS

Con su argumento ecológico, El día que la Tierra se detuvo cae en los estancamientos de otros filmes recientes con un enfoque similar. Como El Día después de Mañana (The Day After Tomorrow), de 2004, una grave falta de humor en el libreto y una fotografía oscura separan emocionalmente al espectador de los personajes y, por ende, también de la historia. Es una lástima. Aunque la película puede estar muy bien realizada, ni siquiera los excelentes efectos especiales por computadora pueden cubrir lo que seguramente, en el fondo, es una historia sobre relaciones humanas. Muchos otros filmes han retratado el fin del mundo de manera mucho más entretenida y, por lo tanto, más interesante.

A este respecto, asignar a John Cleese el seco papel de un intelectual que estudia el altruismo es la oportunidad más desperdiciada en el filme. En lugar de enfocarse en el desarrollo de la insulsa y disfuncional relación entre Helen y su hijastro, la película pudo haber permitido a Cleese ser el portavoz del mensaje. Los productores fracasaron al presentar en la pantalla algunas de sus cualidades más atractivas, aunque eran obvias incluso en sus propios materiales para la prensa. «En realidad no estoy muy interesado en si existe o no vida extraterrestre», declaró Cleese. «Estoy mucho más interesado en la razón por la cual estamos en el planeta. ¿Tiene algún propósito? ¿Existe algún reglamento en alguna parte? ¿Y dónde se consigue caviar decente a un precio razonable?».

En vez de eso, donde un duelo de fórmulas físicas no da el ancho, un poco más de Basil Fawlty [NT: personaje del popular programa cómico Fawlty Towers que protagonizaba John Cleese] no sólo hubiera sido más divertido, sino que le habría dado algo al público para sumergirse en la trama. Cleese es el tipo de actor veterano que atrae la atención del público, pero no es el flexible tipo común y corriente al que un director puede asignarle cualquier papel.

Como la película tanto se esfuerza por afirmar, los seres humanos tienen un gran potencial. Entonces, ¿por qué ese punto se planteó de manera tan pobre en el filme?

CAMBIO DE ACTITUD

Este fracaso no significa que debamos ignorar los retos que se nos presentan en éste o en otros filmes que retratan un repentino daño al medio ambiente con catastróficas consecuencias para la humanidad. Muchos científicos están de acuerdo en que estas posibilidades han dejado de ser mera ciencia ficción.

El biólogo conservacionista Paul Ehrlich y su esposa Anne señalaron en su nuevo libro, The Dominant Animal: Human Evolution and the Environment (El animal dominante: La evolución humana y el medio ambiente), que «las fuerzas que conducen a la civilización hacia el desastre ambiental (y, por lo tanto, económico) parecen ser muy fuertes; sin embargo, las sociedades pueden cambiar extremadamente rápido cuando el momento es el adecuado». Los medios de comunicación pueden jugar un papel al generar este cambio, comentó Ehrlich para Visión. «Creo que son una “cuña” importante».

La conclusión de la nueva versión de El día que la Tierra se detuvo, comenta Derrickson, tiene un «final abierto» sin un desenlace persuasivo respecto a los temas tratados en la película. Buscaba «mostrar una imagen, algo visual», dijo, «no una respuesta, de manera que no fuera didáctica ni demasiado directa. Al público no le gusta que le digan qué hacer».

Así, en la nueva versión, Klaatu no transmite su mensaje a una multitud. En la original, Wise expresó sus sentimientos antimilitares a través del discurso público de Klaatu. El personaje de Reeves expone el problema únicamente a Helen. Derrickson explicó que este cambio de audiencia pública a una particular podría considerarse como una forma de preservar «el motivo cinematográfico de la figura de Cristo» que los espectadores superpusieron a la versión de 1951. Después de todo, observó Derrickson, en la Biblia «el mensaje llega de la misma manera: únicamente a 12 individuos».