...Pequeñas Inquietudes

El esclarecimiento del genoma humano ha abierto las puertas a una amplia gama de tratamientos médicos. La promesa de medicamentos e intervenciones adaptados a la genética individual del paciente mantiene una ventaja persuasiva sobre los remedios genéricos comunes para todos aquéllos con los que contamos en la actualidad. Sin embargo, el mayor progreso en este floreciente campo de la medicina molecular se debe, en parte, a la investigación continua que utiliza las células madre de los embriones humanos. Aunque las células en sí son microscópicas, su uso en la investigación médica deja a muchos con algunas no tan pequeñas inquietudes.

El Dr. McCoy observa con simpatía a la anciana que padece una enfermedad renal. Al recordar que ha viajado de regreso al siglo XX desde el XXIII hace una mueca y murmura, «¿Diálisis? ¡Estamos en la Prehistoria!». Abre su maletín y coloca bruscamente una píldora en la mano de la mujer. «Si tiene algún problema, llámeme». Ella introduce la píldora en su boca mientras el médico desaparece de la sala del hospital. Unos instantes después un grupo de internos desfila por el pabellón con su silla de ruedas mientras la mujer exclama efusivamente: «¡El médico me dio una pastilla y me creció un nuevo riñón! ¡El médico me dio una pastilla y me creció un nuevo riñón!».

Si tan sólo los reemplazos de órganos fueran tan sencillos como en las películas de Viaje a las Estrellas. En la actualidad miles de personas se encuentran en listas de espera para recibir un trasplante de riñón. Muchos más esperan impacientemente obtener pulmones, corazones, hígados o córneas de las series de víctimas de infortunados accidentes automovilísticos o de pacientes terminales que han aceptado ser donadores de órganos. ¡Qué milagro sería tener la capacidad para estimular la regeneración desde el interior de nuestro propio cuerpo! Tal vez no estemos aún en ese punto, pero cada vez es más difícil estar al día con los rápidos desarrollos en la práctica médica: la medicina de Viaje a las Estrellas es claramente un objetivo hacia el que nos dirigimos firmemente.

Por ejemplo, una reciente noticia del mundo médico del siglo XXI reporta la fabricación de vejigas urinarias humanas. Mientras que, por un lado, el tejido de la vejiga es una de las estructuras más simples del cuerpo, por el otro la restauración quirúrgica de la función del paciente con un nuevo órgano desarrollado fuera del cuerpo es extraordinaria. Los biofísicos están introduciendo nuevas técnicas que imprimen una llamada «tinta biológica» compuesta de células en un andamio sintético. Quienes la desarrollan creen que, en principio, pueden «imprimir» cualquier estructura deseada, incluyendo vasos sanguíneos y órganos.

De igual manera, las intervenciones genéticas exitosas se están volviendo cada vez más comunes. A principios del año 2006 dos pacientes con inmunodeficiencia hereditaria (un tipo de inmunodeficiencia combinada grave o enfermedad del niño burbuja) fueron tratados con éxito utilizando sus propias células madre sanguíneas, que habían sido sometidas a la ingeniería genética para remplazar al gen defectuoso. Tales curas basadas en las células brindan gran esperanza a quienes padecen otras enfermedades degenerativas como Alzheimer, diabetes y Parkinson.

El concepto en éstos y otros casos, incluyendo la regeneración muscular después de una insuficiencia cardiaca y de un traumatismo en la médula espinal, consiste en diseñar o preparar células para regenerar o reemplazar el tejido dañado del paciente. Mientras que parece haber pruebas confiables de estudios en animales en quienes la regeneración es factible y no meramente teórica, los estudios clínicos en humanos apenas se están desarrollando. Sin embargo, aunque se están realizando cada vez más estudios y los investigadores son optimistas, existe un problema: incluso cuando tienen éxito, los investigadores con frecuencia desconocen aún los mecanismos genéticos y bioquímicos que entran en juego.

El editor principal de la publicación Regenerative Medicine [Medicina Regenerativa], Stephen L. Minger (investigador de células progenitoras del Centro Wolfson de Enfermedades Seniles (Wolfson Centre for Age-Related Diseases) en el King’s College de Londres), observó de manera entusiasta que «el campo de la medicina regenerativa y el de la biología de células progenitoras se ha convertido en una de las áreas más importantes en la ciencia contemporánea». Aun así, Minger dijo a Vision que mucho del potencial para la «medicina personal» y la oportunidad de contar con curas reales se está exagerando. En este momento, dice, «todo es alquimia y no ciencia en lo absoluto», porque muchos procesos fundamentales todavía tienen que descifrarse.

Los puntos importantes giran en torno al entendimiento de cómo se forman, en primer lugar, los tejidos y los órganos. Los investigadores creen que si pudieran profundizar en la historia del matizado desarrollo del cuerpo podrían encontrar mejores formas de estimular la regeneración cuando las cosas van mal. Pero ¿qué tan lejos llegarán al intentar esos descubrimientos? Los medios para el cambio de la alquimia a la comprensión bioquímica son un punto de importante controversia ética.

DES-CONTANDO EL COSTO

Aunque por ningún motivo se cuenta con carta blanca para la generación de órganos de clones humanos o para la creación de nuevas especies de humanos, las leyes actuales, sin embargo, permiten procedimientos que para muchas personas resultan ser problemáticos. Los periodos en que los investigadores llegarán a resolver estos rompecabezas y desarrollar aplicaciones clínicas con frecuencia parecen demasiado utilitarios como para ser convenientes. Por ejemplo, Huseyin Mehmet del Weston Laboratory en el Imperial College de Londres está investigando el uso de las células madre para reparar el daño cerebral en niños prematuros. La mayoría de la gente llamaría a esto un intento heroico.

No obstante, su técnica de investigación incluye la extracción de células del cerebro de fetos recién abortados. Al menos esto da a una mujer embarazada la sensación de que «no fue una pérdida total», comentó Mehmet a Visión. Los abortos tardíos son los mejores candidatos, observó, debido a que «las células madre simples no son buenas para el tratamiento». En su investigación, las células humanas extraídas se inyectan en embriones de ratones; cuando los ratones nacen y más tarde son sacrificados, las células nerviosas humanas se han incorporado de manera exitosa en sus cerebros. «Tienen la morfología correcta», enfatizó Mehmet, «pero para ser verdaderamente terapéutico, tendríamos que saber que también funcionan».

«ENTRONCADO»

Este intercambio de células parece grotesco y aún así existe un método para lo que parece una locura. Para entender la función se requiere entender la maquinaria de las células: los genes. Si alguien busca controlar el desarrollo de los tejidos y el destino final de las células debe entender cómo es que las células llegan a conocer su lugar en el cuerpo, cómo llegan a saber qué genes utilizar.

Podemos imaginarnos los genes de nuestro genoma como carpetas de archivo en un gabinete. Cuando las células crecen y se dividen, duplican todo el gabinete; las células no son diferentes porque contienen diferentes grupos de genes, sino porque utilizan diferentes subgrupos de genes. En la fertilización, cuando el esperma fecunda al óvulo, un genoma humano se reconstituye y se completa. El truco, entonces, como sucede al reacomodar los archivos en el orden correcto para las tareas del día, consiste en ordenar los genes en la secuencia correcta para formar todos los diversos tejidos, órganos, sistemas y estructuras del cuerpo. Es una compleja danza de comunicación y procedimiento químico, algo semejante a maniobrar el Queen Mary 2 comparado con una motocicleta.

A medida que se forma el cuerpo se va solidificando el destino de las células. Los biólogos lo denominan «diferenciación», el progreso que limita a una célula a un futuro en particular. Por ejemplo, los hepatocitos se limitan a leer los archivos de las células del hígado; las células musculares, las células nerviosas y todos los más de 250 tipos de células en el cuerpo toman y se apegan a sus archivos genéticos únicos, mientras que los demás archivos quedan cerrados y sellados. Sin embargo, algunas células, aun en el cuerpo adulto, retienen la capacidad o el potencial para reproducir diversos tipos de células. Éstas son las llamadas células madre, ya que una variedad de ramas de tipo celular se puede derivar de ellas.

Las células madre originales que crean a un individuo se encuentran, por supuesto, en el embrión. Hasta hace poco se creía que las células madre en el cuerpo del adulto estaban limitadas a las áreas en donde es necesario el crecimiento constante: la piel, la sangre y la pared intestinal, por ejemplo; pero un estudio posterior ha descubierto que las células madre están dispersas en los tejidos del cuerpo, desde el cerebro hasta el tejido adiposo, desde el hígado hasta la nariz. Las células madre adultas tienen la capacidad para crear otros diversos tipos de células relacionadas, pero es importante señalar que no todos los tipos de células. Si existe un poco de controversia, ésta gira en torno al uso de dichas células, porque no son embrionarias: no pueden utilizarse para clonar un individuo ni es necesaria la creación de un embrión para obtenerlas.

La utilidad de estas células para la regeneración del cuerpo está bajo un riguroso escrutinio de investigación. La investigación animal ha mostrado que muchos tipos de células madre adultas tienen, en efecto, la capacidad para ayudar en la regeneración de tejidos dañados. De cualquier manera, sin un entendimiento profundo de la naturaleza bioquímica de las interacciones entre las células madre y el sitio dañado, el cambio de la investigación animal al uso y beneficio en seres humanos continúa distante. Nadie desea comenzar a cambiar las células madre de un punto en el cuerpo a otro sin tener un entendimiento completo de lo que hacen y del porqué lo están haciendo. Las bases de la biología aún son embrionarias: ¿Las células madre responden a las llamadas de ayuda del sitio dañado? ¿Actúan como ingenieros examinando y dirigiendo a otras células? ¿Qué sucede cuando estas células se encuentran en las áreas incorrectas? Si transportaran los mismos genes defectuosos de las células que no funcionan bien, ¿ellas también se degenerarán?

Es extremadamente difícil obtener las respuestas de la compleja red de interacciones celulares en curso dentro de un sistema adulto. Por lo tanto, sin importar el futuro de las células madre adultas, la simplicidad relativa del embrión en fase inicial y de sus células madre embrionarias continuará siendo una importante plataforma de investigación. Incluso si un día se descubre que la terapia celular es posible sin la creación de embriones, el embrión seguirá siendo un punto de atención de la ciencia del desarrollo y la medicina.

OFERTA Y DEMANDA

Así como el Proyecto del Genoma Humano fue sólo el punto de inicio para muchos campos nuevos de investigación, es probable que el estudio que utiliza las células madre embrionarias también se extienda. Sin embargo, aunque el ADN no es difícil de conseguir, los embriones humanos sí lo son. Es la mayor producción y el mayor uso de los embriones humanos para la investigación científica lo que preocupa a muchos. Incluso los investigadores que no se han encontrado con obstáculos morales al utilizarlos como material básico para las células madre (entre aquellos embriones considerados «rezagos» de las clínicas de fertilidad o los embriones recién creados en el laboratorio parece haber poca diferencia) reconocen la necesidad de una mayor supervisión.

«Las cuestiones éticas relacionadas con el uso de los embriones humanos para la derivación de células madre embrionarias, …la prisa por llevar la investigación de las células madre a la aplicación clínica y todo el bombo publicitario irrazonable que gira en torno a esta área de investigación amenazan con debilitar un campo que avanza rápidamente con un potencial importante para el tratamiento de la enfermedad humana», escribe Minger del Wolfson. «Por lo tanto, es importante subrayar de nueva cuenta que, con la reglamentación adecuada y el compromiso de la comunidad científica, es posible poner en marcha una agenda de investigación estable y pragmática».

Dicha reglamentación en el Reino Unido incluye las leyes de Buenas Prácticas de Manufactura y contratos de licencia que permiten a los laboratorios del Reino Unido crear embriones para propósitos de investigación. La ley también establece un banco comunal de células madre, una especie de centro de distribución en donde se puedan depositar las nuevas líneas de células madre para su comercialización entre los grupos de investigación.

«Una ciencia permisiva y una reglamentación estricta forman el modelo ideal», dijo Minger a Vision en una conferencia sobre células madre en el Cambridge Healthtech Institute en San Francisco. Al observar que «la población estadounidense no acepta la reglamentación», Minger elogió el ambiente más receptivo de Europa. «El Reino Unido representa uno de los ambientes más sensatos y pragmáticos para continuar la investigación de las células madre».

«Mientras descendemos a un uso instrumental de la vida humana destruimos la razón principal por la que realizamos nuestros nuevos tratamientos; degradamos a la humanidad a la que estábamos tratando de aliviar».

William B. Hurlbut, “Altered Nuclear Transfer”

Pero es precisamente este tipo de pragmatismo lo que preocupa al bioético William Hurlbut de Stanford. Como miembro del Consejo de Bioética del Presidente, Hurlbut está impulsando ampliamente la reconsideración sobre el uso científico (o lo que él llama «instrumental») de los embriones humanos. En un artículo de la edición de Primavera 2005 de Perspectives in Biology and Medicine [Perspectivas de Biología y Medicina] escribió: «En esta etapa primaria de nuestro control tecnológico de la vida en desarrollo tenemos una oportunidad para salir de la infranqueable investigación de células madre y proveer una guía moral para la biotecnología del futuro... Cualquier retraso en este proceso sólo intensificará el dilema mientras nos adentramos a los reinos del avance tecnológico no guiado por la reflexión» (consulte nuestra entrevista con el Dr. Hurlbut «Stem Cell Research: Setting the Moral Frame»).

El Dr. Hurlbut no intenta sólo arrojar tierra a los engranes de las células madre, engranes que, admite, no dejarán de girar. Su solución, denominada «transferencia nuclear alterada», proveería un medio para la creación de una genética equivalente a las células madre embrionarias sin crear al embrión. Hurlbut escribe que «El utilizar las técnicas de transferencia nuclear, pero con la alteración intencional del núcleo antes de la transferencia, podría resultar en una entidad biológica que, por su diseño y desde sus inicios, carece de los atributos y capacidades de un embrión humano».

EL COSTO DE LA CONVENIENCIA

El aspecto más interesante de la controversia sobre las células madre de embriones humanos es que hay controversia. Aunque algunos continúan afirmando a viva voz que «un embrión es como un librero armable» (sólo partes esperando ser ensambladas), nuestro cada vez mayor entendimiento del proceso de desarrollo dice lo contrario. Cada vez es más difícil insistir en que un embrión humano, incluso al inicio de su gestación, es simplemente tejido. A la pregunta de si el embrión es un ser humano, la respuesta simple de Hurlbut es inequívoca: el «momento de la verdad” es la concepción; un embrión se encuentra en el proceso de “llegar a ser lo que ya es».

A la pregunta de si el embrión es un ser humano, la respuesta simple de Hurlbut es inequívoca: el «momento de la verdad» es la concepción; un embrión se encuentra en el proceso de «llegar a ser lo que ya es».

Aun así, parece que la investigación basada en embriones continuará, simplemente porque es más fácil que las alternativas. Minger lo expresa claramente cuando dice «los embriones por FIV [fertilización in vitro] están disponibles y se desechan; ¿por qué molestarse con la transferencia nuclear alterada?».

La ciencia médica es, con frecuencia, un negocio cruel. Durante siglos ha avanzado a través del estudio del enfermo y del moribundo. Incontables pacientes han sufrido mucho mientras la práctica de la medicina se ha ido refinando. En recompensa, muchos otros no sólo han vivido más tiempo, sino que también han contribuido al fondo de conocimientos clínicos que continúan llevando a la medicina hacia el progreso.

Pero la investigación sobre células madre embrionarias es diferente. Mientras que los investigadores médicos buscan una gran cantidad de curas, el embrión carece de voz en su propia destrucción. El «consentimiento informado» que siempre ha estado en el centro de la investigación basada en humanos da curso a las necesidades percibidas de las prerrogativas del investigador y a la esperanza económica de los patrocinadores. Desde este enfoque podemos decir fácilmente que el fin justifica los medios; es la cruel racionalización de que «sólo necesitas unos cuantos huevos para preparar un omelet». El fruto de la medicina curativa no debe cultivarse mediante el descuido negligente de los materiales que emplea. Un buen fruto no se obtiene mediante una práctica deficiente. Lo que vemos hoy podría describirse como el fruto híbrido del árbol proverbial del conocimiento del bien y del mal.

Aunque nuestras intenciones sean grandes, las realidades del embrión humano, realidades que la ciencia misma ha revelado, deberían informar y moderar un mayor progreso. «Todo lo que no confirme la inviolabilidad de la vida a través de todas sus etapas, desde el cigoto hasta la muerte natural, conduce a un punto de vista instrumental de la vida humana», advierte Hurlbut. «La revocación de esta valoración moral básica se extenderá en una lógica de justificación que tiene implicaciones ominosas para nuestra actitud y enfoque de la existencia humana».

Hurlbut concluye que la situación es más peligrosa que sólo una «pendiente resbaladiza», en donde aún existe una esperanza de tracción. Más bien estamos construyendo un «peñasco que se desmorona», una cornisa sin cimientos en donde los soportes más importantes, que son los principios morales eternos que se refieren a la vida humana, han sido eliminados por simple conveniencia. «El descenso subsiguiente consiste en simplemente practicar y tratar de regresar al principio», escribe. «Mientras descendemos a un uso instrumental de la vida humana destruimos la razón principal por la que realizamos nuestros nuevos tratamientos; degradamos a la humanidad a la que estábamos tratando de aliviar».

ATENCIÓN DIRIGIDA

La ciencia ficción es notable, no tanto por su ficción sino por su ciencia. Cuando el Dr. McCoy de Viaje a las Estrellas regresa del futuro y ofrece un riñón regenerado en una píldora estimulante, queremos creer que estamos echando un vistazo a la realidad del futuro. Nuestro deseo para tal cura y remisión del sufrimiento nos lleva fácilmente a hacer a un lado la incredulidad. Pero la búsqueda para aliviar el sufrimiento no es un recorrido indoloro y las lecciones que surgen de este viaje con frecuencia revelan más de lo que esperamos descubrir y nos dicen más acerca de nosotros mismos que de las enfermedades que nos atacan.

En la urgencia por tratar de curar es cada vez más fácil ignorar los defectos fatales inmersos en nuestras propias motivaciones. Son defectos de espíritu, defectos de orgullo, que nos llevan a creer que las soluciones que buscamos para controlar la degeneración y la enfermedad valen la pena a cualquier costo. Estos costos son realmente elevados y, como los intereses de una deuda, inherentemente degenerativos.

Es una pena que las películas no expliquen la realidad de las transiciones y las decisiones que se deben tomar para lograr los fines descritos. Mientras que la ciencia genómica y del desarrollo continúa fortaleciendo nuestro entendimiento de que existe vida humana desde la primera célula del embrión, nos enfrentaremos cada vez más a la ética de nuestro tratamiento de esa creación.

Para acercarnos más hacia el potencial médico que inspira la escena de Viaje a las Estrellas estaremos obligados a abordar temas más importantes que tienen qué ver con nuestra definición colectiva de la identidad humana y de nuestro propósito. Tal definición, que incluye todo lo que podemos profundizar desde el potencial de la célula hasta lo vasto del universo, seguramente entrará en conflicto con nuestro sentido de lo que es la vida y de los sacrificios que hacemos para controlarla.

Algunas veces son los pasos más pequeños a lo largo del camino los que requieren nuestra mayor atención.