El Redescubrimiento de los Valores

Uno de mis conocidos de origen británico que antes trabajaba para el gobierno expresó recientemente que el mundo carece de un sistema de valores. También comentó que en su ocupación actual hace falta restablecer los términos del discurso ético. Así mismo, se mostró asombrado por la incapacidad de los líderes de diversa índole para aplicar dicho sistema a los graves problemas sociales que nos aquejan.

¿Será mera coincidencia que justo ahora en el Reino Unido se esté llevando a cabo un debate acerca de la reactivación de la familia tradicional y de sus responsabilidades en la educación moral y en el fomento de valores en la juventud? Se culpa a los cambios sociales que han comprometido a la unidad familiar durante las últimas décadas de la marginación y la violencia asociada que invade el país. Casi todos los días las noticias presentan la historia de una persona apuñalada o de un tiroteo perpetrado por la juventud en contra de los más vulnerables.

Al hablar acerca de un ataque particularmente brutal llevado a cabo por una banda de jóvenes en contra de un hombre de 50 años a quien se le consideró como «el mejor padre que cualquiera pudiera desear», un detective británico asustó a la audiencia de la televisión matutina al admitir que «la policía ha perdido el control de las calles». Su consejo era que nadie debía resistirse a los jóvenes vándalos a menos que estuvieran seguros de poder superarlos o, de lo contrario, «los matarán». También señaló que los británicos debían hacerse a la idea de que un enorme y muy negativo cambio social estaba en marcha.

Todo esto nos lleva a la pregunta: ¿Qué ha pasado con el principio de tratar a otros de la manera en que deseamos ser tratados? Parece obvio que una sociedad cada vez más materialista, egoísta y moralmente ambivalente les está fallando a sus jóvenes. ¿Realmente puede haber alguna duda respecto a que la falta de una enseñanza moral basada en la familia dará como resultado natural la anarquía?

Las voces en contrario afirman que el problema no es la falta de educación con valores y moralidad, sino la falta de una riqueza compartida. Consideran que, de superarse la pobreza, la marginación y la violencia en las calles dejarán de existir. Se trata de un argumento familiar y de una ilusión que se aprovecha de lo peor de la naturaleza humana, además de que divide ampliamente a quienes se preocupan por la decadencia social. No obstante, los bienes materiales no constituyen la base de la conducta moral. En las sociedades del mundo existen ejemplos donde los menos privilegiados y sus hijos mantienen sus valores humanos fundamentales; la riqueza física puede eludirles, pero gozan de los beneficios de la certidumbre moral y ética. Por el contrario, muchas personas en las naciones prósperas han perdido esta perspectiva.

El orden del mundo actual está dominado por la búsqueda del materialismo y la violencia. Se trata de un sistema destinado al fracaso a falta de un sistema de valores correctos llevado a la práctica. En una descripción apocalíptica de un mundo violento acosado por las falsas normas el autor bíblico, Juan, registra la ansiedad de los acongojados mercaderes que se lamentaban diciendo que «en una hora han sido consumidas tantas riquezas» (Apocalipsis 18:17). Ellos comercian todo tipo de artículos de lujo y, lo que es peor, también lo hacen «con seres humanos, vendidos como esclavos» (versículo 13, NVI). Es un sistema basado en el principio de recibir más que en la generosidad del espíritu.

Jesús creía en valores muy diferentes. Él dijo: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12:15). La falta de tales bienes no conduce a la violencia ni a la marginación cuando se cuenta con valores de rectitud y piedad; por el contrario, se reconoce que el Padre proveerá todo lo necesario para vivir. Jesús conocía el sistema de valores y habló de las prioridades correctas cuando nos enseñó «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia [los valores correctos], y todas estas cosas [materiales] os serán añadidas» (Mateo 6:33).