La verdad de rodillas

¿Qué sucede cuando las mentiras y las teorías conspirativas toman la delantera?

«Nuestros tribunales se oponen a los justos, y no se encuentra justicia por ninguna parte. La verdad tropieza por las calles y la honradez ha sido declarada ilegal. Sí, la verdad ha desaparecido y se ataca a todo el que abandona la maldad» (Isaías 59:14, 15, Nueva Traducción Viviente [NTV]).

El profeta Isaías pronunció estas palabras hace más de dos mil setecientos años a una sociedad al borde de un terrible colapso; sin embargo, esta es una descripción exacta de nuestros días. La verdad tropieza por las calles. ¿Han notado su condición? Es tal su estado, que la justicia y la equidad quedan fuera y las buenas personas sufren abusos por defenderla.

Roger Babson —otro observador perceptivo del declive moral— fue un ingeniero, economista, empresario y estadista, fundador de una universidad cerca de Boston y candidato presidencial estadounidense en 1940. Antes de que ocurriera el desplome bursátil de 1929, Babson lo predijo varias veces. Muchos otros líderes empresariales se burlaron de su idea, diciendo que la economía era sólida, que no había nada de lo cual preocuparse. Años antes, él también había predicho la corta y aguda depresión de 1920, señalando que la capacidad de una nación para prosperar se basaba en una mayoría simple de su gente practicando la honestidad y la integridad. Al respecto escribió: «Mientras cincuenta y uno por ciento de las personas tengan sus ojos puestos en el objetivo de la integridad, nuestras inversiones están seguras; pero con cincuenta y uno por ciento de ellos en la dirección equivocada, nuestras inversiones carecen de valor».

Casi exactamente un siglo después, la mayoría de las naciones están sufriendo la amenaza de una recesión financiera, desencadenada por la pandemia de COVID. Pero el virus también ha expuesto otras causas que contribuyen a nuestro descontento: racismo, intolerancia, autoritarismo, codicia, corrupción y mentiras al más alto nivel. ¿Hay alguna conexión entre estos diversos males y lo que el cincuenta y uno por ciento o más de personas están pensando y registrando en la columna equivocada de sus respectivos libros de contabilidad? ¿Cómo llegamos a este punto?

¿Será que, realmente, la verdad ha tropezado por las calles? Otras traducciones dicen: «A la verdad se le hace tropezar en la plaza». Si el discurso público —sea político, periodístico o de persona a persona— está lleno de engaños y afirmaciones falsas, la verdad se ha vuelto media verdad o aun algo peor, y prevalece la injusticia. Las redes sociales, antes elogiadas por su apertura, se han convertido en canales para el engaño deliberado.

En los últimos años, muchas personas han comenzado a serpentear a través de las llanuras de la posverdad, aceptando normas que —antes de eso— nunca habrían sido toleradas. Existe la verdad del otro y existe mi verdad. Y ahora, algunos se han internado en el mar mucho más peligroso de las teorías conspirativas. No satisfechos con los «hechos alternativos», se han instalado en universos alternativos. La cantidad de gente fascinada por lo que se presenta como conocimiento anónimo de información privilegiada de fuentes como QAnon está creciendo constantemente, tanto en Estados Unidos como en el extranjero.

«Para los historiadores y expertos en extremismo de extrema derecha, -señala la jefa de la oficina del New York Times en Berlín, Katrin Bennhold-, QAnon es ambas cosas, un fenómeno muy nuevo y a la vez muy antiguo. Creado en el Estados Unidos moderno, contiene ecos poderosos del antisemitismo europeo de siglos pasados, el cual estaba a la raíz de la peor violencia que el continente haya conocido».

«El atractivo emocional de una teoría de la conspiración está en su simplicidad. Explica fenómenos complejos, da cuenta del azar y los accidentes, ofrece al creyente la sensación satisfactoria de tener acceso especial y privilegiado a la verdad».

Anne Applebaum, Twilight of Democracy, El ocaso de la democracia

Quienes sugieren que esas conspiraciones están operando por debajo de la superficie —influyendo en las naciones y en la gente— generan ira, odio e intolerancia, enfrentando a partido contra partido, grupo contra grupo, persona contra persona.

Cuando la verdad tropieza y cae en nuestras calles, y la violencia, las mentiras y la corrupción toman la delantera, la injusticia y la inequidad gobiernan por falta de la acción adecuada.

Dirigiéndose a los Estados Unidos de su época, Babson dijo también: «El primer fundamento de la prosperidad es la integridad. Sin ella, no hay civilización, no hay paz, no hay seguridad, no hay protección».

Esta expresión de la verdad es una reminiscencia de la sabiduría del mismo profeta hebreo cuya receta para su gente fue volver a los valores de su Dios, y redescubrir el orden moral que garantizaría la integridad en los líderes y en el pueblo. Tanto lo que el profeta como el economista tenían que decir es igualmente aplicable a todas las naciones de hoy en día. ¿Puede acaso haber alguna duda de que ya es hora de que todos ayudemos a la verdad a ponerse en pie?