¿Un Jesús Apacible?

El punto de vista de Jesús sobre el mundo que le rodeaba era realista. Dijo, «No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas» (Juan 7:7). 

Con primeras variaciones, Mateo y Lucas registraron las palabras de Jesús en diferente ocasión: «No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra» (Mateo 10:34–35; Lucas 12:51–53).

Cuando habló de los eventos del fin de los tiempos, Jesús dijo, «Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes» (Mateo 13:41–42). Esto sólo es necesario porque los seres humanos voluntariamente han seguido el camino que Satanás les ha conducido. Sin arrepentirse, el pecado sólo puede llevar a la muerte eterna.