El futuro de la agricultura

Primera parte

El futuro de la agricultura depende mayormente de la disponibilidad de abundante suelo de buena calidad, lo cual a su vez depende de cuán sabiamente los seres humanos interactuamos con la naturaleza.

Pocas cosas son más fundamentales en pro de la vida que nuestra habilidad para producir alimento. Por consiguiente, la historia de la agricultura es casi tan larga como la de la propia historia humana. Pero con la creciente población mundial y la aparición de nuevas tecnologías, la naturaleza de la agricultura ha cambiado drásticamente en el último siglo.

Achim Dobermann es director de Rothamsted Research en el Reino Unido, un centro de investigación dedicado a la «ciencia agrícola estratégica en beneficio de los agricultores y de la sociedad en todo el mundo». David Hulme habló recientemente con él sobre la obra del centro Rothamsted y sobre el futuro de la agricultura. En esta Primera parte, examinaremos la erosión y degradación del suelo y el efecto de la actividad humana en la naturaleza.

Achim Dobermann, director del Rothamsted Research

Achim Dobermann es director y jefe ejecutivo del Rothamsted Research, centro de investigación sin fines de lucro con sede en el Reino Unido, fundado en 1843. El Centro de Investigación Rothamsted se asocia con otros institutos de investigación y universidades para hacer avanzar la ciencia subyacente a las prácticas agrícolas y ambientales racionales y sostenibles ante la creciente población mundial.

Imagen: Rothamsted Research

DH ¿Cómo describe usted la posición de Rothamsted acerca de la agricultura?

AD En ciertos aspectos nos encontramos… diría que en un punto medio. No estamos para promocionar ningún producto en particular ni prácticas basadas en motivos ideológicos ni en intereses comerciales. Somos una organización sin fines de lucro. Nuestra reputación radica en 176 años de hacer buena ciencia de manera independiente. Es por eso que estamos aquí. Así que no nos enfrascamos en argumentaciones desde puntos de vista extremos. Nos interesamos en la evidencia científica detrás de las cosas, incluso en algunas que no tienen suficiente credibilidad o evidencia científica.

Tomemos los pesticidas, por ejemplo. En nuestra opinión, todavía —siquiera a corto plazo— necesitamos soluciones químicas, pero de una nueva clase. La denominamos protección inteligente de los cultivos. Estamos matando demasiadas cosas que no deberíamos matar. Ponemos substancias químicas donde no se necesitan y estas van a parar a las aguas subterráneas. Así que, en vez de rociar los cultivos sin pensar —a través de planes profilácticos que dicen que hay que rociar algo sobre los cultivos cada diez días—, queremos un enfoque holístico que diga que primero hay que conseguir una cosecha que tenga un nivel más alto de resistencia genética a los insectos o a las enfermedades, o incluso que tal vez resulte atractiva a ciertos insectos beneficiosos.

Lo segundo es la información de monitoreo en tiempo real utilizando tecnología de punta para estar siempre un paso adelante, con el fin de saber qué patógenos y cepas están llegando, cuándo y dónde, o qué insectos están activos. Uno usa esa información, entonces, como un tercer componente para facilitar las intervenciones de manera mucho más precisa —sea que se trate de una intervención agronómica inspirada en la ecología o, ante ciertas cosas, una intervención química. El cuarto componente es que, cada vez más, queremos ver la manera de reemplazar las substancias químicas sintéticas con soluciones más biológicas, incluso, con resistencia facilitada por la genómica y nuevos productos biológicos para mejorar la salud de los cultivos.

Este es un enfoque integral de la gestión fitosanitaria que evita que los agricultores asuman muchísimo riesgo al no aplicar ningún tipo de sustancias químicas. Puede que con el tiempo se pueda reducir aún más la dependencia de los pesticidas, porque en el fondo, a nadie le gustan realmente los pesticidas. Al público no le gustan, y los reguladores solo quieren quitar más de ellos del mercado. Para los agricultores, el costo es elevado y hay riesgos para la salud; e incluso la industria encuentra cada vez más difícil elaborar nuevos compuestos que funcionen. Así que, a mi juicio, no constituyen una parte importante del futuro de la agricultura.

DH La erosión del suelo es uno de los más graves problemas ambientales y de salud pública que afectan a la sociedad. Se afirma que anualmente se pierden más de setenta y cinco mil millones de toneladas de la capa superior del suelo, y que en partes del medio oeste estadounidense ha desaparecido la mitad de la capa superior del suelo en un siglo. ¿Qué prácticas nos han llevado a este punto?

AD En cuanto uno empieza a arar un terreno natural, lo expone al clima y a la pérdida de suelo por la erosión que producen el agua o el viento. Las cifras que he visto en relación con Iowa sugieren que en los últimos 150 años hemos perdido entre seis y ocho pulgadas de la capa superior del suelo. Los índices anuales son de alrededor de cinco o seis toneladas de suelo por acre (sea que esa mitad de la capa superior del suelo dependa o no de la profundidad del suelo). Los cambios en el uso de la tierra, el cultivo y la exposición a los elementos son las causas principales. Esta es la razón por la que podemos hacer algo al respecto.

«Según los datos oficiales correspondientes al período de 25 años desde 1982 hasta 2007, ha habido —en promedio en todo EE.UU.— una reducción de alrededor de treinta por ciento de erosión causada por el viento y el agua. Pero todavía no es suficiente».

Achim Dobermann

DH ¿Qué opina sobre la predicción de que, para 2050, podríamos quedarnos sin capa superficial del suelo?

AD Yo no veo que esto sea muy creíble científicamente, porque siempre hemos tenido varios tipos de degeneración del suelo. La erosión es uno de ellos; otros se relacionan con la materia orgánica y el agotamiento de los nutrientes, la compactación, la acidificación, la salinización o la desertificación. Algunos se pueden revertir mejorando la gestión: si se acidifica el suelo, se puede corregir esa pérdida de salud del suelo mediante la aplicación de cal o cultivando de manera diferente.

El mayor problema es que cuando se pierde la salud del suelo, se pierde el capital del suelo; y hay que reemplazar esa pérdida en términos de gestión del suelo, a fin de obtener la misma productividad. Cualquier tipo de actividad humana en comparación con el uso del terreno natural cambiará el suelo. Eso es inevitable, pero también sabemos que con las prácticas adecuadas podemos mejorar los suelos.

DH Pero, ¿no hay puntos de inflexión? El libro de Carter y Dale Topsoil and Civilization publicado en 1955 documentaba la cuenca mediterránea, por ejemplo. Hay lugares que no se pueden recuperar.

AD El punto de inflexión es, realmente, la pérdida física. Cuando se tienen cantidades masivas de erosión u otras causas que eliminan el suelo fértil, eso es muy difícil de reconstruir. La tasa de construcción de fertilidad del suelo es mucho más lenta que la tasa de pérdida. A lo que me refiero es que son más las zonas grandes de tierras de cultivo que están expuestas a cambios lentos debido a actividades humanas. Esto constituye la mayor parte del suelo que se usa para la producción de alimentos a escala mundial. Tenemos que asegurarnos de hacer lo que podamos en términos de gestión adecuada de estos suelos para detener este tipo de pérdida de función, o incluso mejorarlos; esto es posible, si lo hacemos bien.

DH Pero, cuando el público lee que a cada segundo que marca el reloj, el río Misisipi derrama en el golfo de México el equivalente de un camión lleno de tierra vegetal (la capa superior del suelo), ¿por qué no habrían de pensar que estamos en graves dificultades?

AD Absolutamente, deberíamos estar preocupados; estas cifras son realmente preocupantes. Probablemente sean mayores si se considera el Amazonas o sistemas fluviales más grandes de ese tipo, donde la precipitación es dos o tres veces mayor. Cuando el público vea el efecto inmediato en el golfo de México y la zona hipóxica que por lo general cubre de cinco mil a seis mil millas cuadradas cada año —se puede notar la floración de las algas y los peces muertos—, en cierto modo es bueno, porque atrae la atención al problema y debería fomentar más esfuerzos para hacer algo al respecto.

Estuario del río Betsiboka, Madagascar, mostrando sedimento rojizo debido a la erosión del suelo.

El estuario del río Betsiboka en la costa noroeste de Madagascar, visto desde un transbordador espacial de la NASA. Después de cada lluvia torrencial, cantidades enormes de tierra colorada son arrastradas desde las laderas de las colinas hacia el océano. Esto constituye un desastre ecológico para la nación isleña africana; los resultantes embates repetidos del agua desbrozan el bosque tropical natural a tal grado que poco y nada queda para mantener el suelo en su sitio.

Imagen: NASA

La pregunta es ¿quién va a hacer qué, y cómo nosotros —el público y los políticos que elegimos— apoyamos esto? Porque si solo le echamos la culpa al agricultor, que luego tiene que cargar con todos los costos de ello, mientras nosotros los consumidores queremos la comida barata que el agricultor produce, esto no suena como un trato justo.

Las prácticas de gestión para detener ese tipo de pérdidas drásticas son bien conocidas. Si tenemos rotaciones de cultivos más sofisticadas y diversificadas, podremos asegurarnos de dejar el suelo cubierto por más de un año mediante la cobertura de cultivos en invierno y una buena gestión durante el resto del año. No se trata solo de cultivar; hay otros métodos también —labranza mínima, cultivo en franjas o labranza en lomos— todos los sistemas que los científicos y otros han ideado a lo largo de décadas. Han demostrado ser efectivos, pero la respuesta no es suficiente. Esto constituye un problema económico para los agricultores; hay una relación de costo e inversión. Es asunto de conducta. Necesitamos quererlo. Y muchos buenos agricultores ya han invertido en ello con sus propios recursos.

Entonces, se trata de una cuestión política. Si los políticos no promueven sistemas de apoyo que paguen a los agricultores que adoptan buenas prácticas, no creo factible lograr esto de manera voluntaria.

DH Rothamsted participa en prestar asesoramiento a los políticos; pero nosotros sabemos que los políticos se interesan mayormente en lo que aparecerá en su bandeja de entradas mañana por la mañana o en cómo podrían ser reelectos. ¿Cómo se supera la inercia inevitable de la estructura política?

AD Es difícil, porque operamos en escalas de tiempo diferentes en nuestro pensamiento, y también —probablemente— en distintos niveles de pensamiento holístico.

«En cuanto a nosotros, en el ámbito científico, procuramos ver el sistema entero. Examinamos todo tipo de preguntas y luego tratamos de encontrar una recomendación que considere todo. Para un político esto es, a menudo, ya demasiado complicado».

Achim Dobermann

Los políticos quieren soluciones simples, mensajes simples y sobre una escala de tiempo que sea más breve que los ciclos electorales. Eso es con lo que luchamos aquí en Rothamsted. Fíjese en el Reino Unido ahora. Creo que voy por mi quinto secretario de agricultura en los cinco años que llevo aquí. Algunos de ellos han durado menos de un año, pero estaban destinados a crear e implementar nuevas políticas. Proponen ideas y planes, pero rara vez se les responsabiliza de llevarlos a cabo.

Para mí, como científico y director de un reconocido instituto de investigación, es muy difícil cambiar eso. Pienso que todos necesitamos hacer un mejor trabajo en cuanto a hablar con estas personas de manera coherente, en un tipo de mensaje relativamente simple, y también a veces ceder un poco en cuanto a nuestro propio rigor científico. Traducir los mensajes científicos en asesoramiento sobre políticas viables es un arte, y la mayoría de nosotros todavía no somos muy buenos en esto. Necesitamos mantener las cosas simples y claras.

DH Usted mencionó que hay una diferencia entre erosión del suelo y degeneración o degradación del suelo. Según las Naciones Unidas, actualmente alrededor de una tercera parte del suelo mundial se encuentra entre moderada y altamente degradada. ¿Qué es lo que provoca la degradación del suelo?

AD Cuando uno viaja por el mundo —incluso si uno es solo una persona lega o un turista—, puede observar los distintos suelos y notar las diferencias. Si uno va al medio oeste estadounidense y ve suelos de tierra negra, nota que aunque hayan sufrido algo de degeneración a causa de la actividad humana, todavía son mucho mejores en términos de fertilidad y otras funciones que los suelos de otros sitios. Tomemos, por ejemplo, las zonas norte o central de China que han pasado por dos mil o tres mil años de cultivos, a menudo con dos o tres cultivos al año. Ese suelo será aún muy productivo porque la gente ha aprendido a vivir con eso, pero se trata de un suelo diferente con una gran reducción de materia orgánica y a menudo una mala estructura del suelo. Por otro lado, estos mismos suelos, a causa de la actividad humana puede que en realidad hayan acumulado demasiados nutrientes: el uso excesivo de fertilizantes ha llevado a la acidificación, lo cual luego afecta tanto la vida microbiana como los cultivos y su funcionamiento.

Lo peor que he visto ha sido en regiones con solo una forma de agricultura durante siglos, con uso reducido o nulo de insumos, ni siquiera orgánicos. En muchas partes del África subsahariana, donde los agricultores no tienen acceso a fertilizantes o abonos ni capacidad de adquirirlos o suficiente terreno para dedicar parte de él al cultivo de abonos verdes, prácticamente se está minando el suelo cada año. Crece un cultivo y eso provoca el agotamiento de los nutrientes o un desequilibrio en la concentración de nutrientes en forma de degeneración del suelo. Ningún agricultor que yo conozca quiere semejante cosa.

«Hay muchas formas de degradación y muchas causas. Algunas son más naturales, pero la mayoría son impulsadas socio-económicamente por lo que los seres humanos hacen».

Achim Dobermann

DH ¿Explicaría la función del cambio climático en su análisis de la erosión del suelo, la degradación y la seguridad alimentaria?

AD Bien, es muy claro y simple; sencillamente, va a hacer todo peor y más difícil. Cuando se presentan condiciones áridas más a menudo o más olas de calor, eso incide negativamente en la transformación de la materia orgánica, porque no hay suficiente humedad para que los microbios produzcan materia orgánica estable. Y por otro lado, las tormentas más extremas aumentan la erosión a causa del agua o del viento.

En algunas partes del mundo, perderemos más tierras agrícolas altamente productivas debido al aumento del nivel del mar. Si se fija en los grandes deltas de Asia, por ejemplo, de donde provienen entre treinta y cuarenta por ciento del arroz mundial, va a notar mucha más intrusión del agua de mar. El delta del río Mekong probablemente constituye uno de los ejemplos más notables de esto. Hay ya un flujo de la marea de la costa que cubre más de cien kilómetros tierra adentro. Con el aumento del nivel del mar que conduce a suelos salinos o anegados o a ambas cosas, van a quedar tierras sin producir o se va a dificultar mucho más la labor de los agricultores. Esto es sumamente preocupante y afecta todo.

DH La falta de biodiversidad es también un problema. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), la biodiversidad en la alimentación y la agricultura es indispensable para la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible. Pero la biodiversidad en varios niveles —insectos, ganado, variedad de cultivos— está disminuyendo, dificultando a la agricultura responder a la demanda normal de alimentos, cuánto más siendo que está en constante aumento. ¿Tenemos alguna razón para ser optimistas?

AD En la actualidad esto representa una gran preocupación. La gente está preocupada por la reducción de la diversidad genética en los cultivos y lo que parece ser una disminución de insectos y de otras especies beneficiosas que de una manera u otra se necesitan para la agricultura.

Nada de esto es tan sencillo como parece en la superficie. La reducción de la diversidad genética es simple y llanamente el resultado de los procesos de selección y reproducción inducidos por los humanos. Así que es impulsada por los consumidores que quieren diversos tipos de alimentos y se han acostumbrado a ciertos productos que solo se pueden hacer a partir de estos cultivos o animales.

Algunos dicen que los agricultores solo cultivan unas pocas variedades modernas de ciertas especies de cultivos. Pero lo que en realidad ha pasado, si por ejemplo tomamos el arroz, es que cada una de esas variedades tiene en la actualidad mucha mayor diversidad genética incorporada a ella que la que tenía hace cuarenta años. Cuando comenzó la revolución verde, el IR8 (el arroz milagroso) fue la primera variedad moderna de este tipo. En su linaje tuvo solo tres cultivos previos de arroz en tierra. Pero toda nueva variedad de arroz ofrecida a un agricultor en Asia ahora ha de tener alrededor de veinte, a veces treinta cultivos; entre ellos, muchos de arroz en tierra no mejorada o incluso con arroz silvestre. En el proceso de cultivos, los cultivadores están usando genes para estas diversas especies.

Desde ese punto de vista —aunque cumplimos con los requisitos de la agricultura moderna—, hemos hallado un modo de crear cultivos que genéticamente son más diversos, porque queremos que sean resistentes a las enfermedades, que tengan este tipo de gusto o lo que sea. Mayormente, eso es cuestión de lo que los consumidores del futuro hayan de querer en función de sus dietas. Los agricultores responderán cultivándolo, y los productores o científicos harán que ocurra.

La otra preocupación tiene que ver con la reducción de insectos, o una disminución de las actividades microbianas en los suelos (lo cual —dicho sea de paso— está mucho menos probado). No tenemos una gran cantidad de datos fiables. Por supuesto, en cuanto comencemos a cambiar el uso de la tierra en cualquier lugar del mundo mediante cierto tipo de agricultura, cambiaremos la diversidad de las especies. Eso es inevitable.

«Si por cualquier razón queremos revertir esto, tenemos que volver a la cuestión del diseño del uso de la tierra y preguntarnos qué es lo que queremos, como gente que vive en la tierra, en términos de ambiente. Pero también necesitamos ser capaces de producir ese alimento».

Achim Dobermann

Aquí en Rothamsted contamos con la red de monitoreo de insectos más estable y de mayor duración a nivel mundial. Por más de cincuenta años hemos tenido una red de trampas de luz y aspiración en todo el país, en las cuales cazamos insectos voladores grandes y pequeños. Y los métodos nunca han cambiado. Hemos notado una disminución de ciertas especies de mariposas nocturnas en la parte sur del país; pero a la vez no hemos visto cambios, y ni siquiera aumentos, en otras. Es mucho más diversa que solo una pérdida general; pero por cierto, esto nos preocupa.

DH La yuxtaposición de la actividad humana y la naturaleza crea un nexo interesante cuando pensamos en conservar el suelo y mantener su fertilidad. Wes Jackson del Land Institute (Instituto de Tierras) de Kansas dijo: «Hemos descomprimido la pradera».

AD Esa es una buena comparación. Siglos ha, aquí en Inglaterra, como parte de la ley agraria se reintroducirían los pastizales durante varios años, para luego volver con un cultivo. Desde años recientes, unos cuanto agricultores han adoptado una mezcla de reducción de la labranza y rotaciones de cultivos más diversificadas —no simplemente de semillas de trigo o de aceites (colza o canola y demás); además, cubren los cultivos de invierno que a menudo no tienen un valor económico directo, nada que uno pueda vender. Su función principal es cubrir el suelo para protegerlo, traer un poco más de actividad biológica, y en muchos casos, fijar nitrato en el suelo a fin de disponer de él para el próximo cultivo.

Estos son principios agronómicos o incluso agroecológicos que muchos están probando en distintas zonas del mundo. Reintroducir en la agricultura intensiva de hoy más de estas prácticas ecológicamente correctas, y hacer eso en cientos de millones de hectáreas en todo el mundo es, en mi opinión, una gran parte de la futura solución.