Reflexiones sobre Müller

Se calcula que el parásito de la malaria ha acosado a la humanidad durante al menos 4,000 años; el registro más antiguo que se tiene de sus síntomas se descubrió en escritos médicos chinos que datan del año 2,700 a.C. Actualmente, la malaria cobra más de un millón de vidas al año, convirtiéndola en un grave problema de salud. La mayoría de estos fallecimientos se presentan en el África subsahariana y en zonas de alto riesgo por la malaria, donde existe un promedio de dos muertes por minuto relacionadas con este padecimiento.

Esta enfermedad que es transmitida por portadores, se erradicó exitosamente de los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial gracias a los esfuerzos del entonces recién creado Centro de Enfermedades Contagiosas, ahora conocido como Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Después de este éxito, en 1955 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó un programa para la erradicación a nivel mundial de la malaria. 

El programa tuvo un éxito moderado en las siguientes dos décadas, con una reducción significativa de las incidencias en las regiones templadas; sin embargo, a finales de la década de 1970, los niveles de malaria volvieron a incrementar. Algunos rápidamente culparon al calentamiento global por el campo de acción y longevidad de los portadores (lresultando en más malaria), y el aumento del desplazamiento poblacional también pudo haber sido un factor; no obstante, a menudo se ignora un factor muy importante: el dicloro-difenil-tricloroetano (DDT), el principal insecticida responsable de acabar con los mosquitos portadores de la malaria, ha caído en desuso y, en muchos casos, se ha prohibido su uso.

EL USO DEL DDT 

El DDT se sintetizó por primera vez en 1874, pero no tuvo uso práctico sino hasta que Paul Hermann Müller, un químico que trabajaba para los laboratorios de J.R. Geigy Dye-Factory Co. en Basilea, Suiza, descubrió que era un eficaz insecticida de contacto. Sus experimentos mostraron que el DDT, compuesto principalmente de cloro, alcohol y ácido sulfúrico, era muy tóxico para los insectos y muy poco o nada tóxico para las plantas y los mamíferos, no producía efectos irritantes, emitía poco olor, tenía un amplio rango de acción, una buena y duradera estabilidad química, y una acción persistente, además de que era relativamente barato. Müller se dio cuenta de que la sustancia tenía el potencial de reemplazar las costosas piretrinas de origen vegetal y los peligrosos compuestos de arsénico ampliamente utilizados como insecticidas en aquella época. 

El DDT estuvo comercialmente disponible a principios de 1940 y pronto llamó la atención del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Las pruebas demostraron que, ingerido, el DDT concentrado es tóxico para las personas y los animales, pero que las débiles diluciones utilizadas en aerosoles y polvos (de 1% a 5% de DDT, ya sea disuelto en queroseno o mezclado con talco o polvo de gis) no eran perjudiciales para los seres humanos.

Las muchas posibilidades para el uso del DDT incluían aplicaciones agrícolas, la eliminación de plagas caseras e incluso como una posible ayuda para las fuerzas militares.

HÉROE EN TIEMPOS DE GUERRA 

El tifo es una enfermedad especialmente prevalente durante los tiempos de desastre y guerra. Fue responsable de devastar los restos del ejército de Napoleón en su retirada de Rusia después de la Guerra de los Treinta Años. Se calcula que hubo un aproximado de 10 millones de casos de tifo nada más en Rusia durante la Primera Guerra Mundial. Los científicos sabían que debido a que los piojos transmiten la enfermedad, se podía controlar utilizando el insecticida correcto. El pelitre, derivado de fuentes naturales, se utilizó ampliamente contra los piojos, pero las reservas disminuyeron conforme se intensificaba la Segunda Guerra Mundial. 

El profesor G. Fischer, miembro del profesorado del Instituto Karolinska, explicó el papel del DDT en una grave emergencia médica durante la Segunda Guerra Mundial. «En octubre de 1943 se presentó un fuerte brote de tifo en Nápoles y las medidas paliativas acostumbradas demostraron ser totalmente inadecuadas. Entonces, el General [Leon A.] Fox [Médico en Jefe de las fuerzas estadounidenses] introdujo el tratamiento con DDT, con el cual eliminó por completo los antiguos y lentos métodos de tratamiento. Como resultado, en enero de 1944 se trató a 1’300,000 individuos y en un periodo de tres semanas se había controlado por completo la epidemia de tifo. Así, por primera vez en la historia, un brote de tifo había quedado bajo control en invierno. El DDT había salido airoso de su ordalía del fuego». 

Ese mismo año la revista Time denominó al DDT como «uno de los grandes descubrimientos científicos de la Segunda Guerra Mundial». El artículo afirmaba que ese nuevo insecticida prometía «erradicar al mosquito y a la malaria, liquidar a las moscas, cucarachas y chinches caseras, así como controlar algunos de los insectos más perjudiciales que plagan los cultivos mundiales».

LAUREADO CON EL NOBEL 

Como resultado, a Paul Hermann Müller se le otorgó en 1948 el Premio Nobel en Fisiología o Medicina «por su descubrimiento de la alta eficacia del DDT como un veneno de contacto contra diversos artrópodos». Müller, nacido en 1899, era hijo de un funcionario de los Ferrocarriles Federales de Suiza. Cuando la familia se mudó a Basilea, el joven Müller trabajó en compañías químicas locales hasta que en 1919 comenzó sus estudios en la Universidad de Basilea. Su tesis doctoral se enfocó en las sustancias necesarias para la industria de los tintes y ya en 1925 lo habían contratado en J.R. Geigy para ayudar en el desarrollo de productos de origen vegetal, incluyendo compuestos utilizados como pigmentos y para el curtido del cuero. Dos años después se había establecido lo suficientemente bien como para casarse con Friedel Rügsegger, con quien tuvo dos hijos (Heinrich, nacido en 1929, y Nicklaus, nacido en 1933) y una hija (Margaretha, nacida en 1934). Para 1935, su campo de investigación cambió al descubrimiento de químicos que produjeran telas resistentes a las polillas, lo cual condujo a su estudio sobre cómo algunas sustancias químicas afectan a los insectos. Encontró que ciertos químicos afectan a los insectos de una manera diferente de los humanos y, después de cuatro años de experimentación, Müller descubrió las favorables cualidades del DDT como insecticida.

EFECTOS PERSISTENTES 

Una de esas cualidades favorables del DDT es que no es necesario aplicarlo con tanta frecuencia como otros insecticidas debido a sus efectos duraderos; sin embargo, ése fue también su mayor defecto. Aunque el DDT es hidroclórico y por lo tanto no se filtra de manera significativa en el agua del subsuelo, su vida promedio en los suelos es de entre 2 y 15 años. Cuando es ingerido por humanos y animales (a través del agua o alimentos contaminados), se almacena en las capas de grasa, donde puede permanecer por años. Aunque no se han establecido claramente los efectos a largo plazo del DDT en las personas, se sospecha que es un carcinógeno humano. Se ha descubierto que dosis extremadamente grandes de DDT en animales de laboratorio les producen tumores, además de disminuir el funcionamiento de la tiroides y de producir problemas hepáticos y nerviosos. También se sospecha que algunos problemas hormonales en los humanos (incluyendo nacimientos prematuros, bajo peso al nacer y menor lactación de las nuevas madres) podrían ser ocasionados por el DDT. Incluso cuando el DDT estaba en pleno apogeo, a los científicos les preocupaba el hecho de que ese insecticida mata casi a todos los insectos, ya sean perjudiciales o benéficos. Esto, a su vez, afecta a todo el medio ambiente al alterar el control de las enfermedades de las plantas, y elimina una fuente importante de alimentación para las aves y otras criaturas. 

Müller ciertamente se fue dando cuenta de algunas de estas deficiencias conforme continuaba su trabajo como subdirector de investigaciones del departamento de pesticidas de J.R. Geigy. Posteriormente se convirtió en el presidente adjunto de la compañía y la Universidad de Tesalónica de Grecia le otorgó un doctorado honorario en reconocimiento al papel del DDT en el control de insectos y enfermedades en la región mediterránea.

SOSPECHAS NO TAN SILENCIOSAS 

Müller se retiró en 1961, un año antes de que el clásico libro de Rachel Carson de 1962, La Primavera Silenciosa, fomentara la desconfianza generalizada en el DDT como un posible carcinógeno humano y como una amenaza ambiental. Aunque algunas de las acusaciones de Carson (específicamente aquéllas relacionadas con el DDT y la salud humana) han demostrado ser imprecisas, sí atrajo la atención sobre los efectos de las interacciones entre las sustancias químicas y los efectos del uso indiscriminado del DDT. La opinión pública del químico se deterioró con rapidez. Müller falleció el 13 de octubre de 1965 en medio de esta tormenta. Siete años después en Estados Unidos se prohibió todo uso del DDT que no fuera una emergencia. 

En la actualidad, la controversia continúa. Algunos señalan que el descubrimiento de Müller ha salvado millones de vidas, mientras que otros vilipendian al DDT debido a sus efectos prolongados en el ambiente. Ambas posturas tienen algo de razón. Incluso el Fondo para la Defensa Ambiental, el cual asegura ser «la organización que condujo la exitosa campaña para prohibir el uso del DDT en Estados Unidos a principio de la década de 1970», alienta a otros a «no dejar de considerar el rocío en interiores de pequeñas cantidades de DDT en los países en desarrollo… en donde los mosquitos que ahí habitan propagan la malaria», pero también recomienda que «el desarrollo de repelentes menos tóxicos debe… ser una prioridad».

ANTICIPAR EL FUTURO 

Asimismo, Müller no consideró al DDT como una solución perfecta, como lo afirmó en 1948 en su discurso de aceptación del premio Nobel: 

«Damas y caballeros, nos encontramos en el umbral de un nuevo desarrollo en el campo del control de plagas. Aunque antes tuvimos que depender de venenos inorgánicos como los arseniatos, o en las perecederas sustancias activas vegetales como el pelitre o la rotenona, ahora tenemos, además del dicloro-difenil-tricloroetano, una serie completa de sustancias que pueden ser sintetizadas...».

«No obstante, en esta etapa por supuesto que se considera presuntuoso desear ver el futuro; nuevos campos yacen escondidos y todavía faltan décadas de pacientes y meticulosos estudios por parte de biólogos y químicos antes de que llegue el día en que quizá finalmente podamos reconocer las relaciones entre la constitución química y el modo de acción. Incluso falta mucho por explicar en cuanto al modo de acción del DDT para envenenar un insecto. Bien podríamos suponer con cierto grado de certeza que el veneno ingresa al cuerpo del insecto a través de los órganos de los sentidos y que de alguna manera viaja por el sistema nervioso (en otras palabras, podríamos decir que el DDT es un veneno del sistema nervioso, como el pelitre). El campo del control de plagas es inmenso y muchos problemas esperan con impaciencia por una solución. Se ha abierto un nuevo territorio para el químico de los productos sintéticos, un territorio difícil que todavía no se ha explorado, pero que guarda la esperanza de que se puedan lograr progresos en el futuro». 

Así como Müller no comprendía del todo cómo funcionaba el DDT en los insectos, nosotros tampoco comprendemos por completo cómo es que tales productos químicos interactúan con el medio ambiente y con nuestro cuerpo. Aunque es claro que los pesticidas tóxicos no son la respuesta final, es importante encontrar el balance entre el uso excesivo y peligroso de pesticidas tóxicos para acabar con los insectos portadores y los peligros de permitir que una enfermedad sin control mate a millones de personas cada año. Deben existir mejores opciones, pero nuestro limitado conocimiento humano aún no ha determinado cuáles podrían ser.