Fundadores y Fundamentos del Pensamiento Sionista

En términos generales, la filosofía política israelí sigue dos escuelas de pensamiento principales: a) el sionismo político de Theodor Herzl y su subsecuente síntesis en el sionismo político y práctico-socialista de Jaim Weizmann y David Ben-Gurión, y b) el sionismo revisionista de Vladimir Zeev Jabotinsky.

Las raíces de estos dos enfoques se pueden remontar al comienzo del movimiento sionista a finales del siglo XIX en una sociedad conocida como Hibbat Zion (Amor a Sión), de Sión, uno de los nombres bíblicos de Jerusalén. Sus miembros promovieron el establecimiento de Palestina para los judíos en Rusia, donde la persecución se había manifestado recientemente en pogromos instigados por el Estado. Este violento desarrollo fue un catalizador importante en la pretensión de una patria en la que los judíos pudieran regular su estatus entre los pueblos del mundo. Un miembro líder de Hibbat Zion, Moshe Leib Lilienblum, sugirió que el antisemitismo era el resultado del distanciamiento judío que sólo se podría superar regresando a la antigua tierra de Israel. En 1882 un médico judío, Leo Pinsker, escribió Autoemancipación: Llamamiento de un judío a sus hermanos Auto-Emancipation: An Appeal to His People by a Russian Jew»), en donde estableció las bases ideológicas para el nacionalismo judío. En 1884 se convirtió en el líder de Hibbat Zion, y con su primera reunión inspiró al joven Jaim Weizmann, futuro primer presidente del Estado de Israel.

El primero en utilizar el término sionismo, en 1885, fue el autor judío vienés Nathan Birnbaum, quien lo acuñó para describir el movimiento creado para resolver «La Cuestión Judía», el problema de la persecución de las comunidades judías, especialmente en Europa Oriental. Desde su punto de vista, otros intentos por resolver el problema, incluyendo la emancipación y la asimilación en diversas culturas y naciones de Europa, no habían sido exitosos. Su argumento señalaba también que, si el nacionalismo se había convertido en la solución preferida por otros pueblos, ¿por qué no para los judíos? A pesar del pasado histórico y religioso del pueblo judío, el sionismo era a esas alturas una fuerza nacional, política y secular incipiente.