Política y Religión, Política como Religión

Siempre se ha dicho que la política y la religión no se mezclan. ¿Será porque la humanidad ha aprendido a no mezclar las dos o porque cada vez que lo hacemos surgen problemas? ¿Qué sucedió en el siglo XX que hizo de Mussolini, Stalin, Hitler y Mao tener una atracción como de salvadores? En la serie de Visión ¡Mesías! Los Gobernantes y el Papel de la Religión, exploramos la historia de dichos líderes a través de siglos y continentes. Tiempos de extrema crisis motivan a la gente a buscar por alguien que les libere. Cuando la desesperación es suficientemente grande, el buen juicio no opera como debiera y los individuos que de alguna otra manera no obtendrían apoyo para elevarse al poder, frecuentemente lo hacen con fuertes alusiones religiosas.

En la siguiente entrevista de amplio espectro conducida en Roma, el editor de Visión David Hulme aborda el tema de política y religión—y política como religión—con el autor e historiador italiano Emilio Gentile.

 

DH Usted ha escrito mucho sobre «la sacralización de la política». ¿Qué quiere decir con este término?

EG Lo que quiero decir es que algunas entidades seculares dentro de la política, como «la Patria,» «la Raza,» «la Revolución,» «el Proletariado,» se convierten en un absoluto y requieren la obediencia de la gente que cree que tales entidades son el dador del significado a la vida, por el cual deberían estar dispuestos a sacrificar su vida. En cualquier nación usted sacrifica su vida en tiempos de guerra para salvar al país. De esta manera, el país se convierte en un dios secular.

DH Dentro del contexto de la sacralización de la política usted también ha examinado el fenómeno del totalitarismo en el siglo XX y desarrolló una definición más matizada.

EG El Totalitarismo fue acuñado por los antifascistas entre 1923–1924 para poder definir el método fascista político y el sistema fascista de poder mucho antes que el fascismo estableciera el unipartidismo dictatorial. Así que en un sentido, el totalitarismo no es una meta sino un método: un partido político que pretende ser el único legitimo para gobernar un país y destruir por medio de la violencia a los otros partidos. Cuando esto sucede, usted está confrontando un experimento político totalitario. Por eso es que prefiero decir que el totalitarismo es un experimento en la dominación política en lugar de un régimen político consumado o perfeccionado. Así que puede decir que el fascismo y el comunismo soviético utilizaron el método totalitario; Hitler utilizó el método totalitario. Sin embargo no todos ellos se dirigían hacia la misma meta. Es ridículo decir que Mussolini, Stalin y Hitler iban a tener el mismo sistema político y las mismas metas. Estos estaban utilizando el mismo método para construir diferentes sistemas políticos, un tipo diferente de sociedad y hombre de acuerdo a su propio concepto de hombre, política y sociedad.

DH ¿Cuáles fueron los precedentes en el desarrollo de la religión política de Mussolini?

EG Desde hace tiempo existía una tradición dentro de los movimientos socialistas en Europa de sacralizar la política—desde el tiempo del socialismo utópico. En cierta manera Mussolini fue instruido en esta tradición. Cuando llegó a ser el líder del Partido Socialista alrededor de 1912, este ya hablaba de una esencia religiosa del socialismo y de una nueva palingenesia, término ampliamente usado por los socialistas franceses y los sindicalistas revolucionarios; significa un renacimiento de la humanidad a través de la revolución sin clases, la revolución proletaria.

Cuando Mussolini se convirtió en intervencionista en la I Guerra Mundial, tradujo este lenguaje de socialismo religioso a un nacionalismo religioso. En la creación del fascismo, enfatizó que no era un movimiento teorético o simplemente un movimiento político. Era un movimiento de regeneración. La regeneración es un concepto clave dentro de cualquier tipo de religión y en sumo grado en las religiones de la era pos-cristiana. También aparece en las políticas revolucionarias. Esto ha sido muy común de la política cultural en Italia y en Europa desde la Revolución Francesa—ambas en derecha e izquierda. El socialismo fue una regeneración de la humanidad a través de la revolución proletaria. El nacionalismo fue una regeneración de la nación a través de una revolución nacional. Mussolini fue capaz de fusionar estos dos conceptos de la revolución, a diestra y siniestra, y construir un nuevo sentido de regeneración por medio de la política, creando al nuevo hombre. En el fascismo, por supuesto, no era el hombre libre sino una clase de hombre sacrificial—sacrificado para el estado.

«El fascismo de Mussolini fue el primer movimiento político en Europa en alcanzar poder y consagrar el culto al líder, la sacralización de la política como nueva religión».

El fascismo de Mussolini fue el primer movimiento político en Europa en alcanzar poder y consagrar el culto al líder, la sacralización de la política como nueva religión. Esto fue mucho tiempo antes de que Stalin se convirtiera en el carismático líder de la Unión Soviética, lo cual sucedió hasta después de 1927. Así que en un sentido fue una novedad total que en Europa después de la I Guerra Mundial, en donde el panorama político aun estaba dominado por las nuevas democracias, el líder de uno de estos estados europeos institucionalizara un religión política y pretendiera ser el salvador de la nación y la personificación de la voluntad del país. Este se convirtió en el modelo para otros líderes nacionalistas como Hitler, quien pretendía seguir la misma senda para obtener el poder y regenerar su propia nación.

DH ¿De modo que el totalitarismo y la regeneración están en una relación dinámica y evolutiva?

EG Sí, el totalitarismo es un experimento de regeneración humana. El problema es, ¿Qué clase de nuevo hombre? ¿Qué clase de regeneración? Es totalmente diferente en el fascismo, en el nazismo, en el comunismo, y así sucesivamente. La batalla era la misma, pero la meta era muy diferente. El fascismo y el nazismo estaban más cercanos que los otros movimientos totalitaristas, entretanto que el concepto del Nuevo Hombre en la Rusia de Stalin era totalmente diferente al concepto del Nuevo Hombre en la China de Mao.

Es imposible imaginar al totalitarismo como un fenómeno estático, pues el proceso de regeneración es largo. Tienes que luchar contra la naturaleza humana, la cual no tiene ansias en ser transformada. Ahora bien, cuando tratas con millones de personas y quieres formar un carácter único, es una larga batalla. Siempre termina en fracaso porque es imposible cambiar la naturaleza humana por medio de la política. Así que en este sentido, creo que el totalitarismo está obligado a ser dinámico. No tiene final. No puedes decir de alguna versión de totalitarismo que haya alcanzado su meta, porque tienes una nueva generación que transformar. Tienes una nueva generación en camino— nuevos nacimientos, nuevos ciudadanos, nuevos peligros.

Era una obsesión en la Rusia de Stalin, en la Italia fascista y en la Alemania nazi y de igual manera en la China de Mao. La idea era que siempre existe la tendencia, aun en gente regenerada, de aburguesarse o convertirse en holgazanes o estáticos o contra-revolucionarios. Así que tiene que regenerarlos, siempre por medio de la violencia. Ese es el significado de la purga en Rusia, y también la adopción del antisemitismo en Italia. No fue Hitler quien impuso ley antisemita en Mussolini; fue Mussolini quien pensó que la idea del antisemitismo era una manera de empujar Italia por una actitud más severa hacia los extranjeros. Los judíos eran una minoría muy pequeña, pero eran considerados totalmente diferentes a los italianos. Fue esta una manera de tratar de construir una nueva Italia basada en el odio a la gente distinta.

DH En los comienzos de su vida política, Hitler desesperadamente quería conocer a Mussolini e hizo el comentario de que si alguien como Il Duce emergiera en Alemania, caerían rendidos a sus pies de la manera que nadie cayó a los pies de Mussolini.

EG Al principio Mussolini era muy escéptico de Hitler; para empezar, estaba demasiado temeroso con la idea de Alemania como un poder militar renovado, porque sería una amenaza para Italia. Mussolini había peleado contra Austria y Alemania durante la I Guerra Mundial. Con todo y eso, estaba fascinado con la idea de que su movimiento se estaba convirtiendo en un movimiento europeo. Cuando se dio cuenta que Hitler se estaba convirtiendo en un líder fascista más popular que él, entonces trató de imitar el éxito de Hitler. Lo que era más importante para Hitler fue que Mussolini mostró la manera de construir un nuevo sistema político y alcanzar el poder de una nueva forma, ambas revolucionaria y parlamentaria; no por medio de levantamientos como Hitler intentó en noviembre de 1923 y falló, sino mezclando terror con política parlamentaria—un nuevo método revolucionario, no al estilo antiguo o al estilo marxista, sino al estilo fascista. Esto significó utilizar cualquier método que fuera útil en imponer tu voluntad y destruir otros partidos políticos. Hitler tenía un buen maestro y él era un buen alumno.

DH Cuando Mussolini estaba a punto de llegar al poder, visualizó un nuevo Imperio Romano. En 1922, siete meses antes se le pidió formar un gobierno. Y dijo, «¡Roma es nuestro punto de partida y punto de referencia; es nuestro símbolo o si lo prefiere, nuestro mito! Soñamos con la Roma Italiana—sabia y fuerte, disciplinada e imperial. ¡Mucho del espíritu inmortal de la antigua Roma renace en el fascismo!» Esta idea del renacimiento de Roma ha sido repetida por más de 1,500 años. ¿Qué hizo de su versión diferente?

EG Bueno, primero que todo considere que el mito de Roma ha estado presente en la cultura Occidental desde el Renacimiento y aun desde más atrás; piense en el Santo Imperio Romano de Carlomagno. También fue transferido a los Estados Unidos. No puede entender la tradición estadounidense sin regresar al mito de Roma y la antigua Grecia. Todos los padres fundadores estadounidenses estaban fascinados con el mito de Roma—la republica, por supuesto, no el imperio. La arquitectura neoclásica es un ejemplo de la fuerte presencia del mito de Roma en la moderna revolución democrática. Pasó lo mismo en Francia. Así que el mito de Roma está presente dentro de la cultura Occidental.

Mussolini fue totalmente diferente, pues su idea de Roma estaba conectada a la idea de que el fascismo era una clase de regeneración del espíritu romano en sociedad italiana y en la nación italiana. Solamente que la palabra clave en su definición de Roma es el mito. No creo, como mucha gente dice, que Mussolini estaba realmente fascinado con la idea de recrear el Imperio Romano. Esta no tiene sentido. Mussolini no era tan estúpido como para pensar que el podría recrear el Imperio Romano.

No obstante el uso del mito de Roma fue muy importante por dos razones: primero, para el pueblo italiano, que 60 años después de su unificación aun estaba formado por gente muy diferente, y para poder unificar este pueblo, el mito de Roma fue considerado ser muy poderoso. Y segundo, el uso de la tradición católica como manifestación del espíritu romano. Mussolini pretendía utilizar el catolicismo como parte de la religión fascista diciendo que aun el catolicismo es una manifestación histórica del espíritu romano. Y de esta manera Mussolini trató, no de recrear Roma, pero de crear una nueva Roma, una Roma de tiempos modernos, al utilizar el mito de la grandeza romana.

«Aun hoy en día, cuando hablamos del catolicismo como un tipo de base para la identidad europea, o la recristianización de Europa como el Papa dijo, todavía utilizamos el mito de Roma como una clase de unidad común de los europeos».

Un análisis comparativo del uso del mito romano desde la Revolución Norteamericana al tiempo presente es importante, porque aun hoy en día, cuando hablamos del catolicismo como un tipo de base para la identidad europea, o la recristianización de Europa como el Papa dijo, todavía utilizamos el mito de Roma como una tipo de unidad común de los europeos. Esta era una de las ideas de Mussolini—el usar el mito de Roma para construir una nueva civilización europea dominada por el fascismo. Sin embargo Hitler era un protagonista en Europa, y estaba en contra del legado de Roma (aún cuando el mismo Hitler estaba fascinado con el mito de la grandeza romana). ¿Cómo podría construir Mussolini una nueva civilización con Hitler, entretanto que Hitler y los nazis querían destruir el legado de Roma en Alemania?

DH En Núremberg existe un edificio a medio terminar de la era nazi basado en el Coliseo. Hitler lo planeo como una monumental cámara del congreso. No obstante usted dice que él no quería perpetuar el mito de Roma. ¿Lo que quiere decir es que no lo quería en términos italianos o no quería nada que ver con la idea de Roma?

EG Tiene que ver con el rechazo a la tradición de la ley romana, no con la tradición del monumentalismo romano, lo cual fascinaba a Hitler. Este hizo su primera visita oficial a Roma en 1938. Después quiso ver los monumentos romanos en privado. Entró al Coliseo y al Panteón con arqueólogos germano-italianos. Ya en el Coliseo, pregunto por qué Mussolini no lo reconstruyó. Así que en Berlín el gran Palacio del Congreso tenía que parecerse al Panteón. Hitler estaba fascinado por la arquitectura romana, pero no por la tradición de la ley romana ni la idea romana de gobierno, la cual era para Mussolini uno de los mitos fundamentales de la nueva civilización fascista en Europa. Recuérdese que el pueblo alemán nunca fue conquistado por Roma. Siempre lucharon contra los romanos y eventualmente ganaron.

DH ¿Que tanto dependía la concepción de Mussolini en la imagines imperiales romanas, símbolos y conceptos? ¿Qué acerca de su restauración al altar a Cesar Augusto, el Ara Pacis?

EG Para poder entender el uso de antiguos monumentos por Mussolini, tenemos que pensar en el modernista avant-garde en los comienzos del siglo XX y en su interés por el uso del pasado y lo primitivo. Estaban fascinados por las imágenes antiguas—el uso, por ejemplo, de estatuas africanas o mascaras africanas para refinar un nuevo y moderno estilo. Mussolini utilizo materiales de la época romana para construir un nuevo estilo, para decir que todas estas ruinas antiguas ahora son una parte de nuestro moderno estilo fascista. Así que de cierta forma no estaba respetando los antiguos monumentos, pues los fascistas destruyeron muchos monumentos romanos para construirle nuevos al fascismo.

Este eclecticismo, este sincretismo del fascismo era típico de un movimiento modernista político que utilizó del pasado lo que les servía, no de manera para restaurar el pasado como estaba sino para crear uno nuevo, una civilización moderna, que en términos del fascismo fue totalitarista.

Es muy fácil demostrar que no hay conexión entre la antigua Roma y la Roma fascista. La Roma antigua nunca fue racista, nunca fue unipartidista, y ciertamente nunca pretendió ser un movimiento regenerativo para reunificar toda la Europa bajo el estandarte del gobierno de un solo partido. Los ciudadanos romanos estaban siempre bajo el gobierno del emperador, pero el emperador nunca fue el líder de un partido político y nunca pretendió ser un romano «puro» o establecer una ley racista o antisemita.

DH Las propias convicciones religiosas de Mussolini, fueron en realidad acalladas. ¿Entonces como puede usted explicar su uso del simbolismo religioso? Uno de sus primeros decretos como líder nacional fue restaurar el crucifijo en todos los salones.

EG Aquí una comparación puede ser útil. Mussolini hizo lo mismo que Hitler después de 1933. Ambos dijeron que iban a defender al catolicismo y al cristianismo porque eran considerados parte de una tradición nacional, y la tradición religiosa es un elemento que une los pueblos. Aunque por supuesto, Mussolini y Hitler no pretendían restaurar el espíritu puro del Evangelio. No estaban promocionando a Dios ni a Cristo; estaban utilizando a Cristo y a Dios para establecer su propio gobierno. Fueron muy realistas en ver a la iglesia como una institución importante, la cual no era fácil de combatir; un poder para ser confrontado, sin embargo un poder que podría ser un aliado en la lucha por monopolizar el poder. Mussolini tuvo éxito, aun cuando la lucha estuvo siempre presente. Después del Concordato en 1929, existía una permanente batalla clandestina entre la iglesia y el régimen fascista, la cual surgió a finales de 1930 cuando uno de los líderes más apologéticos de la iglesia en la época de Mussolini, el Cardenal Shuster de Milán, en un discurso secreto dijo a los obispos de su iglesia que ahora en Italia estaban confrontando un estado pagano, un estado totalitario. El cardenal concluyó que, el Concordato estaba totalmente destruido.

Así que la relación entre Mussolini y la iglesia Católica no era fijo. El Concordato por sí solo no definía nada. Era una confrontación permanente. Mussolini estaba tratando de utilizar el catolicismo para imponer un gobierno fascista al permear el catolicismo con fascismo. De igual manera la iglesia trato de catolizar al fascismo, pero al final ambos fallaron.

DH ¿En verdad es cosa del pasado la era de los Dictadores del siglo XX?

EG Obviamente la era de los Dictadores, comúnmente conocida como el periodo entre las dos guerras mundiales y el Imperio Soviético en la Europa Occidental, cuando los dictadores eran la estructura permanente del sistema político, ya pasó. Aunque no creo que la era de la Dictadura haya pasado, pues aun tenemos regímenes unipartidistas en varios países del África y Asia bajo gobierno comunista.

La Era de los Dictadores está relacionada a un periodo cuando existían dos fenómenos importantes. Uno de ellos a consecuencia de la I Guerra Mundial; cuatro grandes imperios antiguos fueron destruidos y nuevas republicas democráticas y constitucionales emergieron. Sin embargo, después de dos o tres años, la mayoría de esas republicas terminaron en dictaduras. En un sentido, la dictadura fue una clase de respuestas a la crisis democrática después de la I Guerra Mundial y después de la gran crisis económica de 1929.

Por lo menos en Europa, ya no estamos confrontados con el peligro de la dictadura. Hay algunos individuos que se convertirían en dictadores, pero no veo las condiciones para transformar la presente crisis de la democracia en una nueva dictadura unipartidista. Si es que surge alguna dictadura en el futuro, quizás sería una totalmente nueva. Aunque es muy difícil de entender cómo se impondría esta nueva dictadura. Quizás tendría una fachada muy democrática. Casi ni lo habríamos de notar. Aunque no habrá regímenes unipartidistas. Los partidos políticos en Europa, los países occidentales, ya no podrán formar regímenes unipartidistas. Será absolutamente rechazado. A lo mejor una nueva dictadura será lo que yo llamo una democracia recitativa, una forma de democracia sin sustancia.

DH ¿Cree que la sacralización de la política pueda prolongarse dentro del siglo XXI?

EG Esta ha estado presente en tiempos modernos desde las revoluciones norteamericana y francesa. Necesitamos distinguirla de cualquier tipo de religión politizada en tiempos antiguos y presentes.

En la monarquía egipcia, el faraón era un dios, o el hijo de un dios, o personificaba un dios. En el Imperio Romano, después de la cristianización, el emperador en cierto modo era consagrado por la iglesia. También los monarcas europeos siempre fueron consagrados por la religión institucional. Esto no es sacralización de la política en el sentido de que la política se convierta en religión. Es la politización de una religión—el uso de la religión para santificar monarcas en términos de los dioses tradicionales, o del Dios de la biblia. En el periodo después de la revolución francesa y norteamericana, tiene usted la entidad secular de la nación. La nación no es una persona, ni la iglesia la consagra. Esta es consagrada porque es una nueva entidad secular que ahora transfiere el significado de la vida. La sacralización de la política es política convirtiéndose en religión, independiente de la iglesia tradicional. No fue el Papa quien consagró a Hitler como líder; así como también no fue el Papa quien consagró a Napoleón (y me estoy refiriendo a algo más que el hecho de que Napoleón tomo del Papa la corona y se la puso el mismo en la cabeza). La sacralización de la política en términos modernos es una forma autónoma de religión basada en la política, no en la tradicional religión estado-iglesia.

«La sacralización de la política en términos modernos es una forma autónoma de religión basada en la política, no en la tradicional religión estado-iglesia».

DH Sin embargo esta trae los símbolos y atavíos de la religión a lo que la gente está acostumbrada.

EG Esta forma de religión, en ambos países occidentales y orientales, está basada en respetar el catolicismo o al cristianismo tradicional, así como Mussolini y Hitler lo hicieron. Aun considerando a Stalin y a Mao, el común denominador, la gramática de la religión política, se asemeja a un arquetipo de la biblia: pueblo escogido, el Libro, el líder carismático, la Tierra Prometida, y así sucesivamente. Por miles de siglos, la policía siempre ha sido influenciada, condicionada y definida en términos de religiosidad. De acuerdo a la tradición cristiana y católica, aun en países orientales, muchos eruditos definen al marxismo como una clase de secularización de la teología cristiana, o teodicea cristiana, o providencia cristiana. Así que, el uso de la fraseología religiosa en tiempos modernos por los políticos es la manera de dirigirse al pueblo en lenguaje moderno, solo que utilizando metáfora religiosa.

DH Usted ha comentado de la sacralización de la política en referencia a los Estados Unidos.

EG Sí. Tome un billete de un dólar como punto de partida. Cuando lo voltea, ahí está el lema nacional, «In God We Trust (En Dios Confiamos)». Salvo que en esta frase no hay definición de Dios. ¿Es este el Dios bíblico? ¿Es este el Dios musulmán? No, este es el dios de los Estados Unidos.

«Cuando lo voltea [un billete de dólar], ahí está el lema nacional, “In God We Trust (En Dios Confiamos)”. Salvo que no hay definición de Dios en esta frase. ¿Es este el Dios bíblico? ¿Es este el Dios musulmán? No, este es el dios de los Estados Unidos de América».

Después tenemos el símbolo del Gran Sello, la pirámide, el ojo de Dios encima del triangulo sagrado, y dos frases en latín del poeta romano Virgilio: Novus Ordo Seclorum («Nuevo Orden de los Siglos [o de las Eras]») y Annuit Coeptis («Aprobó las Cosas que Inició»). Esto es típico de la profecía romana de la venida del salvador. El nacimiento de los Estados unidos de América fue comparado al nacimiento de Cristo. Ambos eventos fueron para salvar a la humanidad. De manera que estos son elementos religiosos, que no están ligados al Dios de la biblia, al cristiano o al Dios musulmán; estos están relacionados a la entidad estadounidense, a la nación estadounidense, a la republica estadounidense.

También puede verse estos simbolismos en monumentos estadounidenses. Es muy difícil acercarse al Monumento a Lincoln sin dejar de tener un sentido de religiosidad, de carácter sagrado circundando a Lincoln en ese templo. Es un ejemplo claro de la sacralización de la política, pues Lincoln no era un hijo enviado por Dios, era un figura política. Sin embargo este monumento hoy en día representa el espíritu santo del salvador del país y el gran libertador de los esclavos. Así que en un sentido, Lincoln sigue estando como un teólogo griego de la religión civil estadounidense, así como muchos eruditos de la nación lo definen.

DH Usted ha escrito acerca del Presidente Bush y su versión de la religión civil en God’s Democracy. ¿Qué anticipa del Presidente Obama?

EG En tiempos de crisis se espera de la mayoría de los presidentes estadounidenses que sean una especie de salvador. Abraham Lincoln, Wilson durante la I Guerra Mundial, Roosevelt después de la crisis de 1929, Eisenhower en la II Guerra Mundial, Reagan, y así sucesivamente. Los presidentes estadounidenses son muy diferentes a los otros presidentes de las democracias occidentales, además de rodearles una clase de aura religiosa. Obama es considerado ser uno de los salvadores de la decadente imagen estadounidense en el mundo y de la crisis en los Estados Unidos. Él es un tipo de «nacido de nuevo» estadounidense además de ser muy excepcional, pues no nació en la plataforma continental norteamericana, sino en Hawái y él es el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos. Es una clase de Nuevo Hombre trayendo un mensaje diferente. Representa una nueva generación de ideales estadounidense. Después del fracasado intento de Bush por construir una nueva ciudad en la colina a través de la guerra contra el terrorismo, pienso que Obama aun está obligado a pelear esa guerra, pero en términos diferentes y con metas diferentes. Obama ha sido presentado al público estadounidense como una clase de nuevo Cristo para salvar al nuevo Estados Unidos—no en términos triunfales, pero con una humilde actitud religiosa, diciendo, tenemos que trabajar juntos para construir una ciudad en la colina. Bush diría, ya estamos en la ciudad sobre la colina, y tenemos que defenderla porque somos justos, somos buenos y el mundo está contra nosotros. Por lo tanto creo que en el caso de Obama, es un rejuvenecimiento de la religión civil en términos muy diferentes.

DH La idea de que la humanidad pudiera sucumbir ante otro falso mesías de la proporción de Mussolini, Hitler o Stalin es muy preocupante. Aun así continúa sucediendo. ¿Qué deberíamos de esperar?

EG Como historiador, soy un profeta del pasado, no del futuro. Sin embargo creo nos estamos adentramos a un periodo muy largo de crisis debido a la modernidad. No creo en el posmodernismo; aun estamos en la modernidad. La modernidad es un periodo de conflicto permanente entre lo antiguo y lo nuevo. En la modernidad siempre tienes lo nuevo, y lo viejo «nuevo» se convierte en viejo, así que el conflicto es permanente. Después tienes el suceso de la globalización, lo cual es un proceso irreversible, junto con la necesidad de la identidad, que quizás es una necesidad humana acercándose hacia una nueva clase de nacionalismo. Agregado a esto tenemos el resurgimiento de la religión tradicional, cual no es sacralización de la política, pero una clase de politización de religión tradicional en términos muy extremos, así como en el caso del islamismo de Al Qaeda utilizando el terror como método indispensable para alcanzar poder dándole una clase de nueva autoridad divina en el mundo.

«Hoy por hoy mucha gente piensa que hay que unir la política y la religión para salvar al mundo. Siempre que esto pasa, puedes tener paz duradera, pero no libertad, ni dignidad para los seres humanos».

Creo que este es un periodo muy peligroso, pues cada vez que la política se alía, fusiona o se confunde con la religión para imponer una nueva regla en la vida del hombre, la libertad se pone en riesgo. Ambas expresan las necesidades humanas. Sin embargo cuando la política y la religión unen sus fuerzas, existe siempre el peligro a la dignidad y libertad humana. Hoy por hoy mucha gente piensa que hay que unir la política y la religión para salvar al mundo. Siempre que esto pasa, puedes tener paz duradera, pero no libertad, ni dignidad para los seres humanos. Esta no es my profecía, pero mi temor por el futuro observando las experiencias del pasado.