Ante la encrucijada global

Por qué necesitamos los caminos antiguos

A menudo leemos sobre nuestro mundo globalizado, pero no está del todo globalizado en todas partes. Los sistemas políticos y económicos no son uniformes y los bienes no circulan libremente a través de todas las fronteras. Con todo, y aunque la cultura estadounidense no se ha extendido por igual a todos los rincones del planeta, la era digital y las redes sociales que ha generado están claramente remodelando la forma en que nos vemos a nosotros mismos y cómo consumimos, llegando incluso a definir quiénes somos. Analizar nuestros valores actuales podría ayudarnos a comprender si la sabiduría bíblica sigue ofreciendo orientación en un mundo que parece estar cambiando fundamentalmente lo que significa ser humano.

En tiempos de agitación social, los mensajes bíblicos suelen encontrar eco: «Deténganse en el cruce y miren a su alrededor; pregunten por el camino antiguo, el camino justo, y anden en él. Vayan por esa senda y encontrarán descanso para el alma» (Jeremías 6:16, NTV. Palabras de Dios a su pueblo a través de Jeremías).

Mientras pensaba en estos cambios, me vino a la mente la obra del sociólogo David Riesman. Poco después de la Segunda Guerra Mundial, él y su equipo escribieron The Lonely Crowd: A Study of the Changing American Character (La multitud solitaria: un estudio sobre el carácter cambiante de los estadounidenses). En muchos sentidos, sus ideas parecen aún más relevantes ahora, a setenta y cinco años de aquel entonces. En su estudio identificaban tres tipos básicos de carácter social y afirmaban que, aunque el tipo «dirigido por la tradición» había predominado en el pasado, ya no ejercía mucha influencia en la vida occidental.

Según Riesman, otros dos patrones habían pasado a ocupar un lugar central. Describía a las personas «dirigidas hacia su interior» como aquellas que siguen sus propios principios y valores fundamentales, una especie de brújula interna. Por el contrario, las personas «dirigidas por otros» se guían básicamente por un «radar» social, ajustándose constantemente a lo que los demás esperan de ellas. La mayoría de las personas muestran rasgos de ambos, pero Riesman creía que, en cambio, deberíamos valorar la autonomía personal, la libertad de moldear nuestras creencias y acciones mediante valores razonados, en lugar de ideas arraigadas (internas) o de presiones externas (ajenas).

«He expuesto algunas reflexiones sobre el mundo del trabajo y el ocio de la clase media, con la esperanza de encontrar formas de desarrollar un tipo de carácter social más autónomo.»

David Riesman, The Lonely Crowd: A Study of the Changing American Character

Es fácil entender por qué ambos tipos siguen existiendo hoy en día. Las personas dirigidas por los demás obtienen sus señales principalmente de las redes sociales y del juicio de sus pares y, como resultado, sus patrones de atención se están reconfigurando. Las personas dirigidas hacia su interior, por otro lado, se centran en la autenticidad personal y, a veces, se oponen al predominio de lo que está dirigido por otros.

Las investigaciones demuestran que las personas que viven según valores sólidos —persiguiendo objetivos significativos como el crecimiento personal, las relaciones y la comunidad— se sienten menos ansiosas y deprimidas que aquellas que buscan recompensas externas como el dinero, la fama o la imagen. Estas personas, dirigidas hacia su interior, también manejan mejor la decepción, el estrés, el dolor crónico y el trauma que las dirigidas por otros.

Pero hay más. El creciente predominio del comportamiento dirigido por otros sobre el dirigido hacia el interior no es solo un fenómeno estadounidense, sino que se está convirtiendo en una exportación global.

La vida se centra cada vez más en los «me gusta», los «compartir» y los seguidores. Centrarse en nuestra marca personal ya no se considera egocéntrico, sino la nueva normalidad. Ahora, la clave para la aceptación radica en expresar nuestra identidad en las redes sociales a través de las elecciones que hacemos como consumidores. Sin embargo, nada de esto es de libre elección, sino más bien una manipulación por parte de algoritmos que rastrean e informan sobre cada uno de nuestros movimientos.

¿Es esta nueva forma de vida realmente una mejora?

Según el análisis de Riesman, muchas personas dirigidas hacia el interior eligieron valores morales seculares en lugar de los valores morales tradicionales religiosos. Hoy en día, la dirección secular hacia el interior está siendo superada por la dirección impulsada por otros, a través del consumo en las redes sociales y de la presión de los compañeros en línea. También vemos que cada vez más personas luchan con problemas de salud mental, un problema creciente entre quienes están atrapados en la trampa de la aceptación social.

Entonces, ¿la verdad religiosa tiene todavía algo que ofrecer? Riesman, desde un punto de vista secular, veía la autonomía, o la libertad personal, como la solución, no como una conformidad rígida. En realidad, la sabiduría bíblica también enseña la libertad. En palabras de Jesús: «Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32, NTV). La audiencia de Jeremías ejerció su autonomía y se negó a optar por el camino seguro. Para su propio perjuicio, dijeron: «¡No, ese no es el camino que queremos!» (Jeremías 6:16, NTV).

¿Y nosotros? ¿Buscaremos los antiguos senderos fiables? ¿La verdadera libertad? Si le interesa explorar estas ideas más a fondo, le invitamos a consultar la colección de artículos de Vision titulada «A Question of Values».