Su cerebro y los prejuicios
¿Sería exagerado decir que «por naturaleza» todos los seres humanos nos dejamos llevar por pensamientos prejuiciosos? ¿Que nuestros prejuicios, una vez establecidos en el cerebro, se vuelven prácticamente inconscientes? ¿Y que, sin una corrección deliberada y consciente, protegeremos esas distorsiones de por vida?
Es triste admitirlo, pero nuestros prejuicios o creencias erróneas forman parte de nuestra identidad; y como tales los mantendremos, los defenderemos e incluso los ampliaremos. Los prejuicios de quienes nos han educado tienden a convertirse en nuestros propios prejuicios a menos que se lleve a cabo un considerable ajuste de aprendizaje. De hecho, una tarea así es todo un reto, pero nuestros prejuicios son aún más difíciles de remediar cuando están ligados a nuestras preferencias ideológicas. El padre de los estudios modernos sobre la identidad, Erik Erikson, creía que la identidad y la ideología están interrelacionadas por ser «dos aspectos de un mismo proceso». Así, por ejemplo, cuando el prejuicio racial está profundamente arraigado tanto en la identidad de una persona como en su ideología, puede parecer una fuerza infranqueable.
Pero, ¿hay manera de modificar la ideología y la identidad para dejar de prejuzgar a los demás en función de características raciales o étnicas?
Los descubrimientos de la neurociencia demuestran que las formas habituales de percibir, pensar y actuar se pueden modificar a lo largo de la vida. Erikson previó esta maleabilidad cuando escribió sobre la identidad y el ciclo vital humano, demostrando que las crisis psicosociales y el desarrollo se producen a lo largo de toda la vida. En el lenguaje actual, sabemos que el cerebro es flexible. Se pueden crear nuevas vías neuronales para sustituir comportamientos inconscientes y habituales. Esto está bien demostrado en la rehabilitación tras un ictus, donde las habilidades perdidas repentinamente pueden reorganizarse en otras partes del cerebro. Del mismo modo, quienes padecen trastornos obsesivo-compulsivos pueden beneficiarse de la reorganización autorregulada, mediante la cual la elección consciente y repetitiva crea nuevas vías que facilitan un comportamiento no obsesivo. De hecho, cada vez que aprendemos una nueva habilidad, el cerebro exhibe esta «neuroplasticidad» y establece nuevas vías.
Citando el programa de «recableado» en cuatro pasos del investigador psiquiátrico Jeffrey Schwartz, los especialistas en diseño y desarrollo organizativo Chris Yates y Pooja Sachdev señalan que «Hasta las más arraigadas formas de pensar, sentir y comportarse se pueden alterar de manera fundamental (y fisiológica) mediante la exposición repetida a nuevos estímulos y nuevas asociaciones».
¿Puede este mismo proceso ayudarnos a librarnos de prejuicios profundamente arraigados? ¿Podemos eliminar la intolerancia racial y la aversión étnica por medio de la atención plena autorregulada?
«Aunque por lo general la neuroplasticidad se centra en el contexto de las lesiones y la reparación cerebrales, apunta a que, a través de la práctica y la experiencia, podamos "recablear" el funcionamiento de nuestro cerebro y, potencialmente, hacernos menos prejuiciosos.»
Yates y Sachdev observan que «con la imaginación se pueden desaprender los comportamientos [obsesivo-compulsivos] y "recablear" las vías neuronales. Si esto es así, ¿por qué no se pueden "tratar" de la misma manera los sesgos o prejuicios inconscientes (que también son creencias aprendidas y defectuosas): utilizando la imaginación?».
La identidad consiste en preguntarse «¿Quién soy?». La resolución de conflictos basados en ideologías radica en preguntar —imaginar, si se quiere— «¿Quién debo ser?». Y la respuesta a esa pregunta depende del compromiso con las normas morales y éticas, sean universales o bíblicas. El sistema de creencias judeocristiano tiene mucho que decir con respecto a la igualdad de todos los seres humanos. La creación de la humanidad, varón y mujer, a imagen y semejanza de Dios, sin referencia a diferencias raciales, establece esta igualdad (Génesis 1:26). El matrimonio y la familia se extienden a todos por igual (Génesis 1:28; 2:24). Mucho más tarde, la Declaración Universal de los Derechos Humanos —representativa de «orígenes jurídicos y culturales diferentes de todas las regiones del mundo»— contenía los mismos principios fundamentales. Tres veces se opone a la discriminación racial, extendiendo los derechos y libertades de todo el documento a todas las personas (Artículo 2), e igualmente el derecho a contraer matrimonio y fundar una familia sin prejuicios raciales (Artículo 16). Además, proclama que la educación «favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos raciales o religiosos» (Artículo 26).
De ello se deduce que cualquiera puede asumir esta comprensión moral y ética y elegir alejarse de la intolerancia racial y étnica y acercarse a la igualdad, estableciendo una nueva perspectiva y creando nuevas vías neuronales en el proceso. El cerebro no tiene por qué funcionar con prejuicios.
Se trata de otra manera de decir que el cambio efectivo depende de cada uno de nosotros a nivel individual. Es algo que debemos tomarnos muy en cuenta al comenzar el año 2022.