Un mundo de corrupción

Según parece, no pasa un día sin que entre las noticias se informe de algún tipo de corrupción. Puede que se trate de un delito menor en el que solo participen pocas personas, como en el caso de estupefacientes confiscados por agentes de policía o robos perpetrados por el propio personal de seguridad del aeropuerto. Puede también que se trate de corrupción en gran escala, como en ciertos casos de fraude bancario o de lavado de «dinero sucio». Este año, el director general del banco danés tuvo que renunciar, por denuncias de que la rama estonia de la institución había permitido el lavado de doscientos mil millones de euros, procedentes de Rusia, Azerbaiyán y Letonia.

La corrupción también puede ser sistémica. En septiembre de 2018, el New York Times publicó una editorial titulada: «Contaminación Financiera de la Medicina». Se refería a la súbita renuncia del director científico del Centro Oncológico Conmemorativo Sloan Kettering, con sede en Nueva York. El periódico comentaba sobre lo que describía como «un inveterado problema de la medicina moderna», señalando que «en hospitales de investigación, pagos potencialmente corruptos por parte de fabricantes de medicamentos y dispositivos médicos a personas influyentes son mucho más comunes de lo que cada facción reconoce públicamente». El citado ejecutivo había servido en los consejos de varias compañías de medicamentos y equipos médicos y de diagnóstico, recibiendo millones de dólares en pagos sin revelarlo. El potencial conflicto de intereses es obvio: los investigadores cuyo trabajo es financiado parcial o enteramente por las compañías cuyos productos ellos están probando mayormente tienden a favorecer esos productos. De manera similar, según la citada editorial, «la epidemia opiácea… fue en parte extendida por médicos que —colmados de regalos y honorarios de consultas por parte de tales compañías— fueron persuadidos a pasar por alto las señales de alarma y prescribir liberalmente estos medicamentos».

Transparency International (TI: Transparencia Internacional) —movimiento mundial dispuesto a «despertar la consciencia colectiva internacional», para acabar con la corrupción—, en términos generales define este problema como «el abuso del poder encomendado, con fines de lucro privado». Hoy por hoy, consideran este «uno de los problemas más comentados en el mundo». Un vistazo a su Índice de Percepciones de la Corrupción 2017 muestra cuán universal se lo considera, variando solo en grados de país a país.

Aunque cataloga como peores a ciertas naciones en particular, el informe del Foro Económico Mundial señala «la región entera de América Latina» como zona donde «la corrupción es una enfermedad crónica y sistémica». Por ejemplo, ocupando el puesto 135 entre 190 países representados en el mapa de TI se encuentra México. Un artículo publicado en 2018 en Los Angeles Times describe a México como país «en donde la corrupción toca todos los niveles de la sociedad: desde las estaciones de policía locales hasta las mansiones de los gobernadores». El artículo cita un caso reciente en la ciudad de México, donde el 19 de septiembre de 2017 se produjo un fuerte terremoto. «México es considerada líder mundial en seguridad sísmica; a menudo, sus estrictos códigos de construcción sirven de modelo para otras regiones sísmicamente activas». Pero una investigación mostró que de treintaiocho edificios que colapsaron en la ciudad durante aquel temblor, más de veintiocho nunca debieran haber pasado la inspección. Los ingenieros contratados por los diseñadores habían hecho la vista gorda, pasando por alto las regulaciones que entraron en vigor después del terremoto masivo de 1985. En el caso citado se había permitido a la propietaria de una escuela privada construir un apartamento arriba del edificio de la escuela. A pesar de ser el apartamento demasiado pesado y estar mal construido, un inspector lo aprobó. Cuando, tres meses después, se produjo el terremoto, el apartamento se derrumbó sobre la escuela, resultando en la muerte de 19 niños y 7 adultos.

«La corrupción corroe la trama de la sociedad. Mina la confianza de la gente en los sistemas políticos y económicos, las instituciones y los líderes. Puede costar la libertad, la salud, el dinero y a veces hasta la vida misma de la gente».

Transparency International, “What Is Corruption?”

Es a nivel individual donde la corrupción realmente pasa factura. Los niños y adultos presentes en aquella escuela murieron a causa de los actos ilegales conscientes de otra persona. Los miles que han muerto de adicción y sobredosis opiáceas son, en parte, víctimas de los intereses egoístas de los médicos y de la codicia de las empresas farmacéuticas. De manera similar, el comercio farmacéutico ilícito de medicamentos de baja calidad no hace distinción en lo que respecta a quiénes mata. Como resultado, según un estudio, solo en 2013 en África subsahariana murieron de malaria alrededor de ciento veinte mil niños menores de cinco años; y según otro informe, cada año, en todo el mundo, aproximadamente setecientas mil personas enfermas de malaria o de tuberculosis mueren a causa de medicamentos adulterados.

En todos estos ejemplos vemos la tendencia humana hacia la corrupción. En el griego del Nuevo Testamento, el término para corrupción moral es phthora. Es el resultado de pasar de la ilegalidad o el desorden a la depravación. La persona depravada va más allá de los actos de mera ilegalidad: se complace en infringir la ley. Y la ilegalidad más la depravación equivalen a la corrupción moral.

El Gran Diluvio

El conocimiento de una inundación catastrófica que se sabe está preservado en las historias antiguas de 68 pueblos, de acuerdo con el Anchor Yale Bible Dictionary.  

De Mesopotamia en el Poema de Gilgamesh nos cuenta sobre un héroe, Uta-na-pistim, a quien se le informa de la venida de una catástrofe y se le manda construir una arca para que se salve él y su familia además de «la simiente de toda criatura viviente». No debe advertirle a sus semejantes sino al contrario, engañarlos sobre la muerte inminente. El diluvio dura 7 días, el arca es puesta en tierra sobre una montaña, desde donde una paloma, una golondrina y un cuervo son liberados. Cuando Uta-na-pistim abandona el arca, ofrece un sacrificio a los dioses.

Aunque algunos de los aspectos de la historia suenan muy familiares a cualquier lector del recuento bíblico sobre el Diluvio, existen mas diferencias que similitudes. Considerablemente, la bondad y misericordia de Dios en renovar la vida humana se encuentra ausente de las leyendas mesopotámicas. En conformidad, el Anchor Bible Dictionary nos informa, «pretensiones de dependencia directa [del relato bíblico sobre el Poema] se han abandonado en gran medida». Es más probable que corrupciones de la narración bíblica surgieron en las sociedades después del diluvio.

Es interesante notar que la Biblia advierte sobre el resultado de la corrupción moral. En el antiguo relato sobre el diluvio, preservado en las tradiciones de muchas naciones, el mundo se llenó de corrupción y fue destruido. Casi dos mil años después, Jesús dijo que antes del fin de esta era del hombre, la sociedad estaría con el mismo estado de ánimo: no solo los seres humanos vivirían como si nada llegara a acabar con la civilización, sino que la capacidad humana para la corrupción moral alcanzaría tales proporciones que, de no ponerle fin, el caos reinaría.

A la luz de los titulares de hoy, esto suena extrañamente presciente. La respuesta que Jesús dio fue para volvernos personalmente vigilantes del estado espiritual de nuestra mente. Es una advertencia a la que —por nuestro propio bien y el de nuestros hijos— cada uno de nosotros debiera prestar atención. Al fin y al cabo, la corrupción moral es cuestión de elección personal.