En Busca de la Fuente de la Juventud

Un médico analiza la búsqueda de la inmortalidad de la humanidad.

En 1513 el explorador español Juan Ponce de León zarpó hacia el Nuevo Mundo para tratar de encontrar la legendaria Fuente de la Juventud, la cual supuestamente tenía el poder de rejuvenecer a las personas mayores. Naturalmente, no la encontró; sin embargo, la búsqueda de la eterna juventud no murió con Ponce de León. Hoy en día la ciencia moderna sigue buscando maneras de prolongar la juventud.

El envejecimiento solía ser una parte aceptada de la vida y las personas lo hacían con dignidad, pero ya no es así. Mientras los baby boomers están llegando al medio siglo, la búsqueda de los científicos para extender su juventud y alargar la vida se está volviendo más intensa que nunca, y el antienvejecimiento se ha convertido en una subespecialidad cada vez más lucrativa dentro del campo de la medicina. Los boomers pudientes y otras personas están ignorando los riesgos y experimentando con medicamentos y procedimientos nuevos y costosos.

En los primeros lugares de la lista se encuentra la hormona del crecimiento humano (HCH). Un número cada vez mayor de personas adineradas que está llegando a su madurez, especialmente en los Estados Unidos, se ha enamorado de esta hormona fabricada con bioingeniería. En un esfuerzo por evitar lo inevitable por el mayor tiempo posible, se están inyectando la HCH, a un costo aproximado de más de $1,000 dólares al mes por cada inyección.

El antienvejecimiento comenzó a desarrollarse como un área aparte de la investigación a mediados de los años ochenta. En 1997 la Universidad de Harvard estableció el primer examen de certificación para médicos dedicados al antienvejecimiento en campos futuristas como la criogénica, la regeneración, el mapeo genético, la ingeniería genética y la clonación. Cada uno de estos campos promete grandes avances biomédicos mientras los esfuerzos por mejorar la salud y prolongar la vida continúan avanzando.

ETERNAMENTE JOVEN

En los albores del siglo XXI existe una gran expectativa entre los científicos biológicos de que los avances en la ciencia genética pronto podrían encontrar la llave para una vida más larga. Genetistas bien financiados están guiando el progreso hacia un mayor entendimiento de lo que nos hace ser lo que somos, con todo nuestro potencial y limitaciones humanas.

Michael Rose, profesor de biología evolutiva de la Universidad de California en Irvine, pronostica que el anhelo humano de inmortalidad podría quedar parcialmente satisfecho en el siglo XXII, cuando menos hasta el punto de prolongar el promedio de vida humana a 140 años. Otros señalan que para entonces ya se habrá alcanzado la inmortalidad absoluta. Aseguran que también para entonces se habrá logrado curar todas las enfermedades de la edad avanzada y proporcionar una esperanza de vida ilimitada a través de la regeneración total del cuerpo o del reemplazo de órganos.

Debemos tomar en cuenta que la mayoría de los científicos médicos consideran que cualquier avance se debería utilizar primero y ante todo para mejorar la calidad de vida de aquellas personas que padecen ciertas enfermedades o condiciones degenerativas; no obstante, es probable que la elite en envejecimiento no tenga tal altruismo en el corazón, pues pide a gritos una oportunidad para comprar esos avances.

Comoquiera que sea, gracias al mapa del genoma humano los investigadores han descubierto la que consideran podría ser la clave y en experimentos con moscas de la fruta han descubierto la posición de los genes que pueden prolongar la vida.

Ahora los genetistas nos dicen que la manipulación de los telómeros en los extremos de los genes, utilizando las enzimas que estimulan su reparación, pueden proveer a las células ciertas características de inmortalidad. Aunque los investigadores admiten que actualmente existen numerosos obstáculos en el camino, algunos sugieren que la ciencia podría corregir los defectos genéticos que se han acumulado por milenios —defectos que provocan la muerte prematura— y, de esa manera, estimular una vida aún más prolongada. De acuerdo con investigaciones científicas recientes, las enzimas reparadoras producidas por estos genes «de la inmortalidad» podrían sintetizarse y emplearse como píldoras o inyecciones contra el envejecimiento. Si a las células se les da una capacidad infinita para repararse a sí mismas, entonces la inmortalidad se vuelve teóricamente posible, y finalmente se habrá descubierto la Fuente de la Juventud.

Si a las células se les da una capacidad infinita para repararse a sí mismas, entonces la inmortalidad se vuelve teóricamente posible, y finalmente se habrá descubierto la Fuente de la Juventud.

Rose considera que el uso temprano de dichas sustancias en la vida de una persona prevendría el desgaste, alargaría la vida y mejoraría su calidad.

VIDA CON PROPÓSITO

¿Qué provoca el anhelo del ser humano de tener una vida más larga que estos científicos están trabajando febrilmente para conseguirlo? Prolongar la vida física ha sido una preocupación para las personas de todas las edades. ¿Alguna vez se ha preguntado por qué existe la «sed de la inmortalidad», como lo expresó William Shakespeare, en el corazón de las personas? Algunos podrían decir que se origina en el temor a la muerte o en un anhelo por mejores oportunidades, o sólo para ver a los nietos y bisnietos. Desde luego que todos agradeceríamos una mejor calidad de vida para quienes padecen enfermedades hereditarias que acortan la vida o comprometen su calidad.

Probablemente también estaríamos de acuerdo en que la duración de la vida en sí no es suficiente. Lo que realmente buscamos es una vida plena, emocionante y gratificante, llena de oportunidades para realizar búsquedas enérgicas y obtener logros continuos. Aunque la duración de la vida está en gran medida genéticamente programada, nuestros logros en ella se determinan personalmente por medio de las oportunidades, los medios y los propósitos.

¿Ha notado que las personas mayores que están más contentas tienen el objetivo de seguir viviendo? Tienen metas personales o asuntos pendientes. Están decididas a no recostarse y morir, sino a seguir cosechando relaciones y logros. La vida sin relaciones ni logros que le den satisfacción, independientemente de cuán larga o corta sea, puede no ser más que una sombra que pasa sin consecuencias para la familia, la sociedad, el país o la humanidad como un todo.

¿La prolongación de la vida física por medio de la moderna Fuente de la Juventud (regeneración, trasplantes y reparaciones) es una meta deseable? Después de todo, como escribió la autora estadounidense Susan Ertz en 1943, «millones de personas que anhelan la inmortalidad no saben qué hacer con sus vidas en el atardecer lluvioso de un domingo». ¿Realmente queremos una prolongación eterna de la condición humana? ¿O hay algo mejor?

La posibilidad de una vida eterna para la humanidad es el tema central de las Escrituras Hebreas y los Escritos Apostólicos: la Biblia. En este libro está escrito que Dios sí tiene un propósito para la humanidad y que Él nos ofrece la inmortalidad a todos, no sólo a quienes tienen el dinero suficiente para pagar por ella.

En lugar de tratar de encontrar una manera de prolongar la vida en este cuerpo de carne y hueso, quizá deberíamos empezar por preguntarnos por qué Dios puso al hombre en esta tierra.