El futuro de la agricultura

Segunda parte

La Segunda parte de nuestra entrevista con Achim Dobermann aborda los esfuerzos de China para alimentar a su población en crecimiento, y el posible rol de la agricultura biológica o ecológica para ayudar a resolver los problemas de la agricultura de nuestros días.

En la Primera parte de nuestra entrevista con Achim Dobermann, conversamos sobre el rol del Rothamsted Research en la creación de soluciones con base científica ante el problema de la erosión y degradación del suelo.

Seguimos ahora con la Segunda parte.

DHEn su artículo de investigación sobre el futuro de la alimentación sostenible en China, publicado en febrero de 2019, usted escribió: «Pese a las formidables barreras tecnológicas, sociales, educacionales y estructurales que hay que superar, nuestro estudio indica que las ambiciosas metas de la nueva estrategia agrícola y ambiental de China parecen ser alcanzables». ¿Cuáles son esas barreras formidables y cómo un país que va en camino a una población de mil ochocientos millones de habitantes puede siquiera pensar en alimentarse, cuando no pudo llegar a esa conclusión hace apenas unas décadas, cuando tenía seiscientos cincuenta millones de habitantes?

ADYo no paso demasiado tiempo preocupándome acerca de escenarios apocalípticos porque, al fin y al cabo, necesitamos encontrar la manera de seguir adelante. Es por eso que en general trato de ser un poco más optimista, aunque no ignoro las amenazas que tenemos que enfrentar.

El primer punto a notar es que, de hecho, China ha logrado alimentar su población masiva. Lograrlo a esa escala es algo sin precedentes. Compárese dónde se encontraba durante el período del Gran Salto Adelante, con millones de personas muriendo, y dónde está ahora en términos de desarrollo económico y de su capacidad de alimentar a su gente.

El gobierno chino siempre ha estado sumamente consciente con respecto a la seguridad alimentaria, mucho más que ningún otro gobierno. En el Reino Unido, no creo que tengamos una estrategia clara sobre seguridad alimentaria; por ejemplo: dependemos de las cadenas de distribución de seis o siete compañías de supermercados y pensamos que siempre podemos obtener lo que queremos de cualquier parte del mundo.  China no puede darse este lujo porque tiene demasiada gente que alimentar.

Hasta recientemente tuvieron una política que mayormente venía impulsada por la necesidad de lograr 95% de autosuficiencia alimentaria para los cultivos esenciales principales, como el arroz o el trigo. Comenzando alrededor de 2015 ha habido un replanteamiento, en el sentido de que las consecuencias medioambientales de una agricultura intensiva, de alto rendimiento, son demasiado grandes para ignorarlas. Se teme por la acidificación del suelo, la contaminación del aire, la contaminación del agua, los problemas de salud... Esto ha llevado a la formulación de nuevas políticas ambientales y agrícolas. Un elemento clave de la nueva política china es lograr todo el crecimiento futuro de la producción agrícola con un efecto neto equivalente a cero en el uso de insumos, así que, no más aumento en absoluto en el uso de fertilizantes, agua para riego, tierra usada para la agricultura o productos fitosanitarios en particular. No sé de ningún otro país que jamás haya manifestado esa clase de ambición tan claramente. Ahora, por supuesto, la comunidad científica y otras se enfrentan al reto de cómo hacer esto. Después de todo, el crecimiento anterior ha sido impulsado por el crecimiento de los insumos.

En el artículo tomamos eso como la columna vertebral, para examinar el modelado de todo su sistema alimentario basado en los flujos de nutrientes. En teoría, ¿qué habría que hacer para lograr eso?

Un componente clave es el mejoramiento de la tecnología, no solo en cuanto a nuevas invenciones, sino también con respecto a la adopción de buenas prácticas por parte de los agricultores. Eso todavía tiene un potencial enorme en China. Yo he llevado a cabo muchos experimentos allí, con los cuales mostramos que uno puede obtener el mismo rendimiento de arroz con la mitad de la cantidad de nitrógeno que los agricultores estaban usando. Otros han hecho lo mismo con el trigo y el maíz, o reduciendo los productos fitosanitarios.

«Las barreras son, en términos generales, el pensamiento y el comportamiento de la gente: no solo de los agricultores, sino también de los consumidores».

Achim Dobermann

Los agricultores necesitan ver que se puede cultivar de modo diferente; las tecnologías existen o se pueden inventar, y son de beneficio para uno. Pero esto requiere el apoyo de políticas del gobierno. En cuanto al consumidor, si China sigue el modelo del consumidor occidental en términos de un mayor incremento del consumo de carne, o de dietas basadas en carne, será siempre un problema mantenerse seguros alimentariamente. Se acabará importando cosas de manera masiva porque en China no se puede producir lo suficiente. Así que, el cambio de conducta hacia una dieta más sana es, probablemente, uno de los factores más importantes en China. No es fácil de lograr porque, en los últimos veinte años, toda una generación de gente ha disfrutado de crecimiento económico a lo grande. En todo caso, lo que quieren es gastar aún más dinero.

No creo que haya una barrera enorme en términos de la capacidad de la ciencia y de la tecnología para idear nuevas soluciones. Hay aún muchas cosas que China todavía no ha utilizado; por ejemplo, los cultivos transgénicos, con excepción de los de algodón. En realidad, a pesar de los miles de millones de dólares invertidos en China, no se ha logrado mucho.

Tal vez, por el lado político, las mayores barreras sean la propiedad de la tierra y la reforma agraria, y luego los sistemas de políticas para incentivar mejores prácticas. China tendrá que encontrar la manera de alcanzar cierto nivel de pequeñas agrupaciones de agricultores, de modo que se vuelvan más sofisticadas en cuanto a gestión y también más viables y atractivas en lo económico para la gente joven. Al principio, el gobierno chino pensó en granjas más grandes al estilo de Occidente, pero más recientemente llegaron a la conclusión de que este no es el modelo chino. China necesitará algo más pequeño que eso, pero más grande que las actuales granjas chicas.

DHLa adquisición china de tierras para cultivo en África, Asia y Australia parece ser un esfuerzo a fin de alimentar a su propia gente desde otros países. ¿Fue esto algo en lo que usted pensó en su análisis?

ADNo; no contabilizamos explícitamente esto porque no consideramos que fuera un factor importante. La preocupación por la apropiación de tierras comenzó mayormente después de la crisis mundial del precio de los alimentos en 2008; llegó a la prensa con un montón de afirmaciones sin verificar, pero estudios subsiguientes muestran que mucho de eso nunca pasó, que los inversores (no solo chinos, sino árabes sauditas y otros) a menudo habían subestimado por completo la dificultad de conseguir que estos tipos de proyectos realmente se pusieran en marcha en África.

«Yo pertenezco al grupo que cree que sin inversión extranjera en gran escala, a África le resultará difícil alimentarse».

Achim Dobermann

Yo veo muchísima tierra infrautilizada en África. Si, por ejemplo, uno va a Mozambique —que de sur a norte tiene más de mil kilómetros—, ve grandes extensiones de lo que yo describiría como suelos en potencia sumamente fértiles, pero que durante la mayor parte del año se cultivan muy poco. Así que, África tiene muchísimo potencial, pero sin inversión extranjera del tipo social y ambientalmente aceptable y sostenible, no creo que pueda valerse por sí misma.

DHHablemos del suministro de agua potable. Es una verdadera crisis, por ejemplo, en China, India y el Oriente Medio.

ADUstedes tienen una reducción de las capas freáticas en parte de los Estados Unidos también; y fuera de allí se encuentra en la llanura indogangética, en el sur de Asia y en China. Esto constituye un problema enorme y nada fácil de corregir, porque requeriría acción política y reglamentaria muy fuerte, lo cual en algunos lugares no es popular.

En mi opinión, el agua también representa un problema grande para África. En lo personal creo que África no puede alimentarse sin aprovechar mejor sus recursos hídricos. En África, una buena parte del agua no se utiliza. Me refiero a maneras nuevas de uso inteligente del  agua y de tecnología para ello, lo cual África va a necesitar.

DHHay alrededor de treinta mil plantas comestibles, y sin embargo, solo estamos cultivando doscientas. ¿Por qué?

ADEn principio, puede que treinta mil plantas sean comestibles, pero eso no significa que todas ellas sean muy producibles o viables. Pero si lo fueran y tuvieran las características deseables, estoy seguro de que la gente las aprovecharía más y mejor. Uno ve aparecer más de lo que yo llamaría alimentos exóticos. No todo es estupendo; el efecto del auge de la quinua en los agricultores y los precios en Perú, por ejemplo —haciéndola prácticamente inasequible allá— no fue particularmente positivo.

Yo siempre estoy a favor de diversificar los cultivos; de todos modos, por una serie de razones, necesitamos más cultivos en nuestras rotaciones de campo. Agronómicamente es mejor, y a menudo, también es mejor para la salud del suelo. Si hay mercado para ellos, la gente los quiere, y se cuenta con investigación de apoyo para ayudar a crear estos tipos de cultivos, sería estupendo tenerlos.

Achim Dobermann en las oficinas de Rothamsted Research

Achim Dobermann, director y jefe ejecutivo de Rothamsted Research, centro de investigación sin fines de lucro con sede en el Reino Unido fundado en 1843.

Imagen: Rothamsted Research

DH¿Es la agricultura biológica o ecológica parte de la solución?

ADTenemos que ser realistas. Actualmente, la agricultura biológica o ecológica no llega a mucho más de uno por ciento de la agricultura mundial. (Por supuesto, varía de lugar a lugar; En Europa en particular, es mucho mayor). He visto artículos en los que se dice que la agricultura biológica o ecológica, sea como fuere que se la defina, puede alimentar al mundo. Pero yo no creo que eso sea posible; ciertamente no lo es para todo lo que necesitamos cultivar en todas partes. Simplemente, no es escalable. A menudo, la gente hace esos cálculos o modelos basados en comparaciones de un solo cultivo con lo que se conoce como «agricultura convencional o tradicional»; pero es preciso considerar el sistema entero.

«El problema que yo tengo con la agricultura biológica o ecológica como actividad a gran escala es que hay que encontrar la manera de obtener los nutrientes en alguna parte».

Achim Dobermann

Si uno es un agricultor menor, se decide por la agricultura biológica o ecológica, y tiene suficiente tierra, puede tener una rotación de cultivo que incluya algunas legumbres a fin de fijar su nitrógeno. Pero todavía necesitaría encontrar una fuente externa para reemplazar el potasio o el fósforo. Puede que consiga algo de estiércol de un agricultor convencional, y mediante ese abono obtenga lo que necesita.

Pero si todos fueran a hacer lo mismo, ¿de dónde se supone que vendría? Probablemente necesitaríamos dedicar veinte o treinta por ciento de la tierra agrícola mundial para cultivar productos que no podemos comer, a fin de producir nutrientes para los cultivos o animales atendidos ecológicamente que queremos comer. Simplemente, no funciona. Y aún así no se reemplazan algunos otros nutrientes.

Si uno se hace cargo de una granja siendo razonablemente joven, en lo que le quede de vida tendrá solo alrededor de cuarenta cultivos para conseguir que le salga bien. Para cuando se jubile, habrá completado cuarenta experimentos. Para muchos agricultores, optar por cultivos ecológicos representaría un riesgo enorme y un paso demasiado rápido. Así que, tenemos que ser realistas en cuanto al rol de la agricultura biológica o ecológica. Es un sector importante y de gran envergadura, y yo alentaría a todo agricultor que quisiera intentar probarlo. Algunos lo hacen y algunos también dejan de hacerlo de nuevo después de un tiempo, porque es difícil. Pero si hay un mercado de confianza para ello, con el pago de buenas primas, puede que funcione.

En términos generales, si se tiene un sistema ecológico que posee más insumos ecológicos de varios tipos —residuos de rastrojos o abonos verdes o estiércol— por supuesto será, en general, bueno para el suelo. Aumentará el contenido metálico ecológico de ese suelo más rápidamente que si no tuviera tales insumos ecológicos, se obtendrá una mejor estructura del suelo y tal vez, por consiguiente, menos erosión. Además, con el sistema ecológico también se tiende a tener una cobertura de cultivos durante la mayor parte del año; eso está implícito en el diseño. Así que, en principio, es beneficioso. Yo solo no creo que sea escalable hasta el punto de poder convertirse en la verdadera y única solución para el mundo.

DHLa inversión mundial actual en I+D (Investigación y Desarrollo) de la agricultura es de aproximadamente setenta mil millones de dólares al año (de lo cual muy poco se destina a métodos ecológicos). ¿Cómo podemos restablecer el equilibrio? Algunos sugieren que deberíamos, por ejemplo, reasignar fondos de los gastos militares mundiales.

ADEsa sería una muy buena idea. La apoyo totalmente. En general, las cantidades de dinero que se invierten en I+D de la agricultura son demasiado pequeñas. Setenta mil millones suena como muchísimo dinero, pero en comparación con lo que se destina a otras cosas, la proporción es ínfima.

La orientación general es que los países que ya tienen un grado de desarrollo agrícola bastante bueno deberían invertir siquiera 1,5% de su PBI (Producto Interno Bruto) agrícola en I+D; o mejor, 2% o 2 ½ % para mantenerse al frente. Los países de bajos ingresos —para los cuales la agricultura es aún más importante como parte de la seguridad alimentaria general y la economía— deberían dedicar a esto hasta 10%. Muy pocos países en el mundo alcanzan estas metas.

«Para mí, la primera medida consiste en aumentar las reservas en general, y la segunda, en gastar más de ese dinero en soluciones más prospectivas (de las cuales la agricultura biológica o ecológica es una, pero no la única)».

Achim Dobermann

También veo una brecha enorme en materia de inversión para lo que yo describiría como una buena investigación agronómica. Hay muchísimo dinero destinado a la biotecnología o a sustancias químicas —cosas que son más atractivas como productos—  o a la cría en general. Pero cuando se trata de cambiar las prácticas de gestión, y el pensamiento y la conducta de los agricultores hacia sistemas más sostenibles, no contamos con ese nivel de inversión.

DHOtra clave para la agricultura ecológica exitosa, me parece, es la sensibilización de los consumidores, su disposición a pagar más, tal vez, por métodos sostenibles. ¿Cómo acelerar el ritmo de adopción de alimentos cultivados de modo ecológico?

ADPara serle franco, realmente no sé. En zonas urbanas especialmente, la gente suele —cada vez más— consumir productos locales o de cultivo ecológico. Algunos son de cultivo ecológico, pero quienes los compran no lo saben porque no los encuentra en estantes que indican esta característica; y esta es, quizá, la estrategia adecuada. Si al final pueden competir mejor con productos «normales» en términos de precio y calidad, o acercarse a ello, ese será el punto donde se verá un consumo mucho más amplio. Si siempre requieren un sobreprecio importante, significará que estamos sirviendo a los ricos que pueden permitirse esto o a unas pocas personas que por razones de estilo de vida quieren vivir de manera más sostenible.

Las compañías de procesadores y minoristas me dicen que les encantaría vender más productos de procedencia local o de cultivo ecológico, o ambos; pero todas sus encuestas a los consumidores muestran que aunque la gente quiere eso, en cuanto se encuentran con el asunto del precio, se retraen diciendo que necesitan que sean tan baratos como los demás productos.

DH¿Hay alguna diferencia entre agricultura biológica o ecológica y agricultura regenerativa?

ADNo soy muy dado a las definiciones. La gente propone todo tipo de nombres, y a veces, uno ya ni siquiera sabe a qué se refieren.

Por lo general, la agricultura biológica o ecológica se asocia con sistemas de certificación que a menudo conllevan cierto aspecto de vigilancia, porque se están vendiendo alimentos de cultivo ecológico a mercados de consumidores. Hay allí un gran potencial para hacer trampa. La agricultura regenerativa consiste en un conjunto general de principios y prácticas para mejorar la capa superior del suelo —agricultura de conservación, mejores rotaciones de cultivo, cultivos de cobertura, otras medidas agroecológicas— o pasar de la ganadería convencional a un sistema de pastoreo. Todos estos son tipos de agricultura regenerativa. No son lo mismo que la agricultura ecológica porque se pueden hacer en combinación con tecnología más convencional. Incluso se pueden llevar a cabo con cultivos modificados genéticamente o con un mínimo de fertilizantes o pesticidas. Para mí, esto representa más de lo que llamaría buenas prácticas agronómicas. Desde ese punto de vista, considero que tiene un potencial más amplio que el mercado de agricultura ecológica más especializado.

DHLa mosca en la sopa en cuanto a lograr que los productores hagan el tipo de cambios radicales a los cuales nos hemos estado refiriendo, especialmente en lo que respecta a la producción de alimentos es, a menudo, nuestro lado egoísta. La erosión del suelo, la degradación del suelo, la contaminación: todos estos problemas pueden estar relacionados con la motivación de ganar a toda costa. ¿Qué se puede hacer al respecto?

ADEsta es, a mi juicio, la pregunta más importante, y no tengo respuesta que darle, porque esta conlleva cuestionar los fundamentos del capitalismo, los cuales se basan en las ganancias. Algunas partes del mundo tienen un capitalismo más de tipo social, donde se supone que es más aceptable socialmente y que hasta cierto punto regalan parte de esa ganancia. Esto va en la dirección adecuada. Pero no es fácil cambiar. Este constante afán de crecimiento económico y más consumo de bienes y servicios nos está creando los mayores problemas. La economía mundial en las últimas décadas siempre ha crecido a un ritmo de tres o cuatro por ciento al año, a pesar de algunos altibajos. A ese ritmo, la economía mundial se duplica en cada generación. Si piensa sobre los problemas que tenemos actualmente, y que en veinte años la economía mundial será el doble de grande que ahora, imagínese los problemas que para entonces habremos de tener. Llega un momento en que yo ya no sé cómo lidiar con esto.

También es difícil porque de los más de siete mil millones de personas que tenemos actualmente, tal vez alrededor de seis mil millones todavía tienen el derecho de ponerse al día para mejorar sus vidas. ¿Cuál es nuestra justificación moral para decirles que no deberían hacer esto porque es malo para el planeta?

«¿Quién estará dispuesto o dispuesta a recortar en algo su estilo de vida, su deseo de obtener ganancias, su consumo, a fin de que otros aún puedan mejorar y, en resumidas cuentas, que no hagamos el mundo peor de lo que está? Ese es el mayor de los problemas que yo puedo ver».

Achim Dobermann

DHUsted dijo antes que, en general, se considera una persona optimista. Con lo que nos encontramos aquí es un final algo pesimista para esta entrevista.

ADYo formé parte del proceso que condujo a la formulación de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Presidí un grupo de trabajo que prestó asesoramiento técnico para los debates sobre agricultura y alimentación que los políticos utilizaron para idear esas metas. Por primera vez el grupo entero de países de las Naciones Unidas acordó algo de este alcance, diciendo que estas son, en principio, formas de lograr un desarrollo más sostenible; de una manera u otra, necesitamos hacer algo al respecto.

Para mí, el hecho de que se pusieran de acuerdo en esto fue todo un suceso. ¿Alcanzarán esos objetivos? No, por supuesto que no, pues tienden a desviarse por las necesidades políticas cotidianas y cosas que son imprevisibles. Pero de una manera u otra, seguirán pensando en ellos, volverán a ellos, y habrá un grupo activista o un ministerio en este país o en aquel que se proponga por misión preguntarse «¿Qué podemos hacer en nuestro país para cumplir con nuestro Segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible?» (que es sobre alimentación).

Necesitamos estos tipos de metas y objetivos ambiciosos. Cuando no se los tiene, cuando no se tiene ningún tipo de marco de referencia o ambición y se deja todo para que los demás se encarguen, algunos harán algo al respecto, otros no harán nada. Esta es la parte que todavía me mantiene razonablemente optimista, aunque me encantaría ver muchísima más acción al respecto y muchísima más inversión concreta en ello que la que al presente tenemos.