Una Cruz de Hierro
«Cada arma que se fabrica, cada buque de guerra que se bota, cada cohete que se lanza supone, en última instancia, un robo a quienes pasan hambre y no tienen qué comer, a quienes pasan frío y no tienen con qué abrigarse. Este mundo armado no solo está gastando dinero. Está gastando el sudor de sus trabajadores, el genio de sus científicos, las esperanzas de sus hijos… Esto no es en absoluto una forma de vida, en ningún sentido real. Bajo el espectro de una amenaza de guerra, la humanidad cuelga de una cruz de hierro». Estas fueron las palabras del expresidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, al referirse a las duras realidades de la guerra.
Esta imagen de la humanidad crucificada por el militarismo era, a su vez, una referencia a un discurso de 1896 sobre los seres humanos sacrificados en una cruz de oro (la política monetaria en forma de patrón oro) pronunciado por el candidato presidencial William Jennings Bryan. Ambos discursos apelaban a la forma de violencia más conocida de todas: la crucifixión de Jesús de Nazaret. Justo antes de su muerte, él había advertido a sus seguidores de cuatro condiciones específicas que precederían a su segunda venida. Sabía que, a lo largo de los siglos, el engaño, la guerra, la hambruna y la enfermedad sobrevendrían con la naturaleza humana como telón de fondo. Debido al engaño, la humanidad seguiría, como un rebaño, el camino hacia el conflicto, inclinada a aceptar la inevitabilidad de la guerra. El conflicto también da rienda suelta a la venganza y la codicia humanas, fomentando soluciones agresivas a los problemas.
«La guerra es una empresa enteramente humana. Aun con las tecnologías e ideologías cambiantes, […] el conflicto seguirá siendo el padre familiar de todos nosotros, siempre y cuando la naturaleza humana permanezca constante e inmutable a lo largo del tiempo y a través del espacio y de las culturas.»
La industria mundial de la defensa, que hoy en día ronda los tres billones de dólares, surgió tras la Segunda Guerra Mundial. El ascenso al poder de los nazis y la respuesta global de los Aliados a este hecho fueron los factores que propiciaron el auge de los fabricantes de armas. La guerra generalizada y sostenida durante la segunda mitad del siglo XX provocó que la propia industria armamentística se globalizara y exigiera un desarrollo tecnológico acelerado.
En 1945, solo una nación poseía capacidad nuclear. Ahora, el club cuenta con nueve miembros y hay más países que esperan incorporarse. Irán se encuentra inmerso en un proceso de desarrollo nuclear, cuyo resultado sigue siendo incierto. Y aunque Israel nunca ha admitido públicamente que posee armas nucleares, se cree generalizada la idea de que es el país que, por sí solo, cuenta con noventa ojivas nucleares. Más al este se encuentran las potencias nucleares asiáticas de Pakistán y la India (en conflicto por la problemática región de Cachemira), China y la impredecible Corea del Norte. No es de extrañar que Corea del Sur quiera dotarse de capacidad nuclear. Ante la creciente preocupación por el aumento del poderío militar de China, incluso Japón —la única nación afectada por bombardeos atómicos y comprometida con los principios antinucleares— ahora está debatiendo la «latencia nuclear»: la capacidad técnica para desarrollar armas nucleares en caso de necesidad. Si a esto le sumamos al otro miembro asiático del «club nuclear», Rusia, el panorama resulta inquietante en una región caracterizada por fuertes nacionalismos, diversas formas de gobierno, retos geográficos y zonas de conflicto potencial, como la frontera entre China y la India, los mares del Sur y de China Oriental, y el estrecho de Taiwán.
La adquisición de armamento convencional también está aumentando en la región de Asia-Pacífico. En palabras del difunto Henry Kissinger, «el centro de gravedad de los asuntos mundiales se está desplazando del Atlántico al Pacífico». Por primera vez en la historia, Asia se ha convertido en el epicentro del comercio mundial de armas: submarinos, sistemas de misiles, buques de guerra, portaaviones, helicópteros, tanques, aviones, drones, etc. China gasta ahora más en armamento que cualquier otro país, excepto Estados Unidos: más de trescientos mil millones de dólares en 2025. Dada la alta rentabilidad de los mercados asiáticos, los cinco principales proveedores de armas son Estados Unidos, Francia, Rusia, Alemania y China.
Durante los últimos treinta años, las naciones asiáticas han ido aumentando su poderío económico y, por consiguiente, su poderío militar, mientras que Europa y América del Norte han experimentado un declive. La riqueza trae consigo poder y el poder a menudo conlleva guerras.
Todo esto no hace más que confirmar la claridad y la verdad de la afirmación de Jesús de que el mundo experimentaría un patrón continuo de conflictos y guerras hasta el día de su intervención para salvar a la humanidad de su autodestrucción (Mateo 24:21-22). Solo entonces el reino de Dios se convertirá en el centro desde el que se extenderá una paz duradera por toda la tierra —cuando, en palabras del profeta Miqueas, «No alzará espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra».