En un mundo escindido entre el beneficio egoísta y la entrega desinteresada, solo un camino conduce a la paz, la justicia y la conexión humana duradera.
Prejuzgar a los demás por sus características físicas o de otro tipo nos resulta de lo más natural. ¿Cómo podemos superar nuestros prejuicios raciales y étnicos?
¿No se ha equivocado terriblemente el mundo al dar más importancia al valor monetario que a las convicciones morales; al dinero, que a los principios rectos; a los bienes, que al valor humano?