La Eterna Búsqueda: ¿Qué es la Verdad?

La verdad. Durante mucho tiempo estuvo bajo el dominio exclusivo de filósofos y teólogos, pero entonces arribó el Siglo de las Luces, y la ciencia y el racionalismo intervinieron. El enfoque binario de la ciencia actual es bien aceptado al buscar la verdad: por medio de la observación y la experimentación, llegamos a las conclusiones de esto o aquello, verdadero o falso. Sin embargo, ¿es acaso la verdad un simple asunto de verdadero o falso, negro o blanco, esto u lo otro? Yendo aun más lejos, ¿es el camino a la verdad una opción binaria entre la religión tradicional o la filosofía y la ciencia? La sabiduría antigua ofrece otro camino.

Por mucho tiempo los filósofos han buscado entender y definir la verdad. Hoy en día, para la mayoría de la gente de hoy, sin embargo, la verdad es simplemente lo opuesto a la mentira. Esta idea está bien arraigada en nuestras sociedades, que suelen emplear preguntas de falso-verdadero para evaluar a los estudiantes durante toda su vida escolar hasta el nivel universitario. Es una manera puramente racional y lógica de ver las cosas, y es la idea central en la creencia de que en última instancia los seres humanos pueden saber todo lo que hay que saber a través de la razón. No tendremos la respuesta hoy, pero con el tiempo será descubierta.

No hemos llegado hasta aquí de manera accidental. En Europa durante el periodo medieval y temprano moderno, tres «periodos» ayudaron a moldear las ideas por las cuales eran gobernadas las sociedades. La formación de estos periodos varió de país a país y de época a época, pues estas representaban los estratos de la ciudadanía bajo el monarca, con frecuencia expresados por el clero, la nobleza y el vulgo. En cualquier momento dado, el monarca o una de estas tres entidades dominaban, así que el poder para dirigir las masas (y por ende dictar la «verdad») podía recaer en diferentes ocasiones sobre el rey, o la iglesia, los opulentos o eventualmente con el vulgo mismo.

A principios del siglo XIX algunos en Inglaterra observaron el surgimiento de un cuarto periodo, nombrado medios de comunicación; comenzaron a ver los periódicos de su época como una poderosa fuerza adicional para la conformación de ideas y el establecimiento de la verdad. Aunque esa no fue la última palabra, por su puesto. El conocimiento aumentó, y para los comienzos del siglo XX la ciencia llegó a ser vista por algunos como el quinto periodo. De hecho, los métodos y pruebas científicas se habían tornado mucho más rigurosos en la última década, y en las mentes de muchos había reemplazado totalmente todos los enfoques anteriores, en particular la filosofía y la religión, como el camino a la verdad. Después de todo, se pueden establecer resultados exactos, por un proceso de repetida experimentación. Esta es la verdad empírica—una que está basada en la observación y la experiencia.

«La verdad es uno de los temas centrales de la filosofía, además de ser uno de los más amplios. Ha sido un tema de discusión por sí misma durante miles de años». 

Michael Glanzberg, “Truth,” in Stanford Encyclopedia of Philosophy (2009)

Sin embargo, sin importar el medio por el que la gente busque la verdad, a menudo tienen dificultad distinguiéndola de la aparente realidad de sus propias percepciones. Debido a sus normas y enfoques la sociedad alimenta esta idea errónea. Nuestros tribunales de justicia claman que operan basados en la verdad, sin embargo permiten ser moldeados por las percepciones del demandante, del acusado y los testigos. La incidencia de falsas declaraciones menoscaba semejantes nociones de la verdad. El periodismo también se supone que está basado en la búsqueda de la verdad, desafortunadamente este también depende grandemente de la realidad percibida por el reportero o el redactor.

Incluso la ciencia puede estar basada en la realidad percibida por el científico. Biólogo y renombrado ateísta, Richard Dawkins, se ha hecho fama para si mismo proclamando que la razón es el único medio por el cual la verdad puede ser establecida o dada a conocer—es la verdad que puede ser descubierta por el intelecto humano, el producto de nuestro entendimiento racional y de nuestro creciente conocimiento. Sin embargo, uno de los capítulos en su libro El espejismo de Dios que se titula «Por qué es casi seguro que no hay Dios» (hincapié añadido), lo cual sugiere que las convicciones que sostiene Dawkin sobre la inexistencia de Dios son una verdad menos absoluta que una percepción—su creencia admisible no probada y demostrable de que Dios existe solamente en la imaginación de las personas.

Los filósofos, obviamente, no están dispuestos a renunciar a su papel de determinar la verdad. Lord Martin Rees es un asistente de la American Philosophical Society (Sociedad Filosófica Estadounidense), además de haber sido anteriormente presidente de la Royal Society (Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural), el parangón de la misión científica británica. Este, recientemente tuvo un desacuerdo con las afirmaciones de Stephen Hawking, otro eminente científico británico quien encontró los medios para prescindir de Dios y por lo tanto en cierto sentido unirse a las filas con Dawkins. De acuerdo a Rees y otros como él, a dichos científicos notables les resulta fácil hablar de la información objetiva, sin embargo se encuentran fuera de su elemento cuando tiene que ver con los aspectos religiosos o filosóficos más subjetivos de la humanidad; por otro lado, los filósofos que también son científicos se sienten cómodos en ambos campos. Rees señaló en una entrevista publicada en el The Independent (27 de septiembre, 2010) que Hawking «había leído muy poco de filosofía y mucho menos de teología, así que no deberíamos ponerle peso alguno a sus puntos de vista sobre este tema».

Andrew Louth, profesor de teología sin duda alguna estaría de acuerdo. En el libro Discerning the Mystery: An Essay on the Nature of Theology (Discerniendo el Misterio: Un Ensayo sobre la Naturaleza de la Teología), que se basa en una declaración hecha por el filosofo danés del siglo XIX Søren Kierkegaard, argumentando que la ciencia produce información y hechos, y por ende ciertas verdades objetivas, aunque no el tipo de verdad que ha sido buscada por generaciones de personas. Louth sostiene que no toda la verdad puede ser encontrada con el enfoque objetivo de las ciencias.

Sin embargo, los divulgadores de la ciencia atea se han creado partidarios, y entonces el debate continúa.

El Hecho es . . .

Lo que demuestran las controversias entre los «entendidos» de nuestra sociedad, es que en ambos lados el concepto de la verdad sigue siendo en gran parte de los contrarios: algo o es verdadero o es falso. Nos sentimos cómodos con esto porque nos permite etiquetar y organizar perfectamente todo lo que nos rodea lógicamente en términos de blanco y negro, además que nos ayuda a sentir que tenemos en cierta medida control.

Sin embargo, la sociedad humana no siempre ha pensado de esta manera. Es un producto del pensamiento humanista, y debe su estatus al filosofo francés René Descartes (1596–1650) y lo que conocemos hoy en día como la lógica cartesiana, o dualismo.

Descartes es bien conocido como el padre de la filosofía moderna. Sus ideas fueron un punto de partida para aquellos que en el siguiente siglo producirían la Ilustración—la Era de la Razón.

El escritor inglés John Milton, fue contemporáneo de Descartes, aunque no influenciado por su método. Se le conoce mejor a través de su poesía, especialmente por su poema épico El Paraíso Perdido y El Paraíso Recobrado—no solamente son poemas sino también tratados teológicos. En una introducción contemporánea del Paraíso Perdido, el académico David Hawkes comenta sobre el paradigma pre-cartesiano de Milton. Observa que los lectores modernos con frecuencia se cuestionan la relevancia de lo que él llama «el mito de la creación bíblica» en la era científica actual, un momento en que (nuevamente en palabras de Hawkes) «la veracidad histórica del Génesis ha sido refutada», y continúa: «La primer tarea que encuentran los principiantes en el poema, es superar el prejuicio, compartido hoy por los fundamentalistas religiosos y laicos por igual en que el relato de la Biblia debe ser literalmente verdadero o absolutamente falso. Debemos entender que para Milton y sus contemporáneos, la escritura fue interpretada en varios niveles, de los cuales, el literal de ninguna manera fue el más significativo».

Como lo señala Hawkes, la lógica cartesiana y la Edad de la Razón alcanzaron a los «religiosos fundamentalistas y laicos por igual». En la actualidad encontramos fundamentalistas y cristianos evangélicos involucrados en la misma búsqueda, como los científicos, en donde quieren establecer la veracidad de la Biblia utilizando datos empíricos o verdades. Por con siguiente se van a buscar el arca de Noé u otras pruebas como evidencia del recuento bíblico con las cuales asediar a los incrédulos.

Hawkes continúa: «Milton creía que la verdad era histórica, que cambiaba y se desarrollaba junto con la sociedad humana. Este consideraba la historia como una narrativa, una continua revelación evolutiva de la verdad». Pero, acaso ¿de esto es de lo que se trata la verdad—un objetivo sin fin desplazable, motivado y cambiado por la ultima fantasía filosófica o social? ¿Es simplemente cuestión de cómo decide la sociedad utilizar el término?

Verdad con V Mayúscula

La Biblia dice, «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Si vemos a la verdad como algo más que conocimiento, ¿Qué tiene la verdad que nos hace libres?

Primero, para comenzar deberíamos preguntarnos nuevamente, ¿qué es la verdad?, y ¿que mas dice la Biblia sobre ello?

El tema aparece con frecuencia en las Escrituras, ya sean en hebreo o griego. Aunque el tema en ocasiones es utilizado en el sentido legal—por ejemplo, un testigo verdadero en contraposición de un testigo falso—constantemente ligado a un nivel más alto de lo que podría establecerse a través de la compresión humana o la razón.

La mayoría de las personas quienes profesan el cristianismo estiman la verdad de acuerdo a una declaración hecha por el mismo Cristo: «Tu palabra es verdad» (Juan 17:17; véase «La Verdad del Asunto»). Debido a que el término «la Palabra de Dios», en su uso en el español, con frecuencia es sinónimo con «la Biblia», muchos cristianos equiparan la verdad con la Biblia.

Las palabras de Jesús se entienden mejor en conexión con una declaración en Éxodo 34:6–7, que identifica la verdad como parte del mero carácter del Ser que sacó a Israel de Egipto. Sin embargo, no solamente es parte del carácter de Dios, también encontramos que la verdad puede ser internalizada cuando la gente se somete al gobierno de Dios en sus vidas (Salmos 51:6). Entonces, una vez internalizada, entonces dirige por completo sus estilos de vida, como lo testifica por su ejemplo el siervo del patriarca Abraham (Génesis 24:27, 48).

Por lo tanto, la verdad abarca mucho más de lo que podríamos comprender dentro de nuestro uso de la palabra hoy día. Esta es parte de un carácter justo, una cualidad que se convierte en parte de nuestro carácter también. Esa dimensión bíblica claramente está ausente de los debates actuales y de los discursos filosóficos del pasado. La verdad no es ni exclusivamente empírica ni solamente el resultado de una discusión filosófica. No se limita a las palabras de la Biblia, ya sea en los idiomas originales o traducidos a uno de los cientos de lenguas que pueden establecerse en la posible oposición a las ideas de la ciencia o la filosofía. Por milenios la humanidad ha buscado sin éxito la verdad máxima. Nuestra única esperanza de encontrarla es a través de la apreciación del carácter del Dios todopoderoso. Un entendimiento claro está disponible para aquellos que desean entender: la verdad es una cualidad del carácter de la persona que se conoce como el Hijo de Dios, que vino a esta tierra como un modelo a seguir por toda la humanidad. Sólo es posible cuando seguimos ese modelo y vivimos como Él vivió.