Un Doloroso Secreto

Henry, viudo y de 75 años de edad, había vivido solo durante los últimos 20 años. Cuando empezó a manifestar los síntomas de demencia su hija Pam, de 32 años, le sugirió que se mudara con ella. Tal vez estaba sinceramente preocupada por que él necesitara ayuda; sin embargo, como ella admitió más tarde, también vio una oportunidad para mejorar en gran medida su nivel de vida.

Pam forzó a su padre para que le otorgara un poder notarial y rápidamente sacó provecho de la situación. Durante las dos semanas siguientes realizó retiros diarios de 500 dólares de la cuenta de cheques de su padre (el monto máximo permitido utilizando su tarjeta para el cajero automático) y pronto dejó la cuenta en ceros. Se compró joyas, ropa de diseñador y aparatos electrónicos, justificando lo que hacía diciéndose a sí misma que de todas formas ese dinero terminaría siendo suyo como herencia. Además, su papá había sido una gran carga en los últimos años, así que se merecía el dinero.

Estaba también el cheque de 2,000 dólares de la pensión mensual de Henry. Pam utilizaba algo del dinero para pagar la comida, las cuentas médicas y los medicamentos de su padre, pero la mayor parte la empleaba en sus gastos personales, incluyendo las mensualidades de su nuevo auto deportivo.

Pam sabía que estaba anteponiendo sus deseos a las necesidades de su padre, pero también sabía que podía salirse con la suya. Tenía un poder notarial y podía hacer lo que quisiera con el dinero de su padre en tanto nadie se enterara de ello. Se aseguró de que los pocos familiares que llamaban de vez en cuando para preguntar por su padre no pudieran hablar con él y de que él no recibiera los mensajes telefónicos que le dejaban. La única persona «externa» con la que Henry platicaba de vez en vez era con su médico durante las esporádicas revisiones médicas, pero Pam lo había convencido de que nadie creería las acusaciones de maltrato provenientes de un viejo senil.

En los meses siguientes la demencia de Henry empeoró y perdió también el control de sus evacuaciones. Cada vez era más difícil para Pam cuidar de su padre o incluso tolerarlo. Parecía que éste siempre necesitaba ir al baño y si no llegaba ahí lo suficientemente rápido Pam lo reprendía con una sarta de groserías.

Llegó el punto en que a Henry ya no se le podía dejar solo, ni siquiera por unos cuantos minutos, porque eso era justo lo que necesitaba para salir de la casa o encender la estufa e iniciar un incendio accidental. Pam estaba consciente de que su padre debía ir a un hogar para ancianos o a un centro de asistencia en donde recibiría atención profesional las 24 horas del día, pero se había vuelto bastante dependiente de los cheques de pensión de su padre.

En lugar de pagar por la atención que Henry necesitaba, Pam encontró su propia solución. Ató a su padre al inodoro y lo mantuvo allí por varios días, hasta el punto en que desarrolló llagas en las nalgas y se deshidrató y enfermó tanto que estuvo a punto de morir. Finalmente, Pam sintió que no tenía más remedio que llevar a su padre al hospital.

A pesar de que los nombres fueron cambiados por la trabajadora social que contó este terrible relato, la historia de Henry y Pam es muy real, y tan solo es un ejemplo de la inquietante realidad de la sociedad actual: un problema que va en aumento y que ocurre a diario en casi todas las comunidades del planeta.

LA MAGNITUD DEL PROBLEMA

El grupo de Acción contra el Maltrato al Adulto Mayor (Action on Elder Abuse) del Reino Unido define el maltrato a los adultos mayores como «un acto (único o reiterado) u omisión que causa daño o aflicción a una persona mayor y que se produce en el seno de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza». El abuso puede adquirir varias formas, incluyendo el daño físico, al abuso sexual, el maltrato emocional o psicológico, la explotación económica o material, y la negligencia deliberada o involuntaria (vea «¿En qué consiste el maltrato a los adultos mayores?», en inglés).

«Con mucha frecuencia la víctima de algún tipo de maltrato es también la víctima de otro tipo de maltrato», señala Laura Mosqueda, directora del Centro Legal contra el Maltrato al Adulto Mayor (Elder Abuse Forensic Center) del Condado de Orange, California, y profesora de medicina familiar de la Universidad de California en Irvine. Por ejemplo, «una víctima de abuso económico puede ser amenazada verbalmente para ceder los derechos de su hogar o para renunciar a sus cheques de seguridad social, o tal vez reciba amenazas de que será golpeada o encerrada en su habitación si no coopera». En el caso de Henry, no solamente se abusó de él económicamente, sino que también fue desatendido y agredido verbalmente

Nadie sabe exactamente la cantidad de adultos mayores que son víctimas de maltrato, pero el informe de 2003 del panel del Consejo Nacional de Investigación (National Research Council) encargado de revisar la preponderancia y el riesgo de maltrato y negligencia a los adultos mayores, calculó que entre uno y dos millones de estadounidenses de 65 años o más han sido lastimados, explotados, desatendidos o de otra forma maltratados por alguien de quien dependen para recibir cuidado o protección.

En el número de octubre de 2004 de la publicación The Lancet, los gerontólogos Mark Lachs y Karl Pillemer de la Universidad Cornell calcularon que, en los Estados Unidos, entre 2% y 10% de las personas de la tercera edad han sido víctimas de algún tipo de maltrato en su hogar. Su conclusión estuvo basada en un análisis de estudios de casos, muestras y encuestas.

Se considera que las cifras para los Estados Unidos reflejan lo que ocurre en el resto del mundo. El «Informe Mundial sobre la Violencia» del año 2002 de la Organización Mundial de la Salud calculó el porcentaje de personas maltratadas de la tercera edad entre 4% y 6% de la población de 65 años o más en todos los países del mundo.

«Obviamente», observa Elizabeth Podnieks, vicepresidenta de la Red Internacional para la Prevención del Maltrato al Adulto Mayor (INPEA) y profesora de la Universidad Ryerson en Toronto, «si la población de un país es más joven (como en muchas partes del África subsahariana, en donde la gente no tiene una esperanza de vida tan alta) no habrá un número tan elevado de casos de maltrato a adultos mayores debido a que no habrá muchos de ellos. No obstante, de entre los que viven allí, el porcentaje de adultos mayores que son maltratados será aproximadamente el mismo que en el resto del mundo».

«Inclusive en muchos países asiáticos, en donde tradicionalmente se tenía un gran respeto por los adultos mayores, en la actualidad se reportan muchos casos de maltrato».

Elizabeth Podnieks Vicepresidenta de la Red Internacional para la Prevención del Maltrato al Adulto Mayor

Podnieks añade que «Inclusive en muchos países asiáticos, en donde tradicionalmente se tenía un gran respeto por los adultos mayores, en la actualidad se reportan muchos casos de maltrato». Podnieks especula sobre el hecho de que tal vez en Asia ya no se tiene tanto respeto por los adultos mayores como alguna vez se tuvo, por lo que hay menos costumbres sociales en contra del maltrato a los adultos mayores.

OCULTO Y SIN DENUNCIAR

Quizá un factor más importante aún sea que el problema se ha mantenido tradicionalmente oculto de la opinión pública, considerado sobre todo como un asunto privado o un secreto de familia. Según Podnieks, «hoy en día cada más gente está hablando sobre el maltrato a los adultos mayores y reconociendo su existencia. Se está investigando y reconociendo más. Siempre ha existido, pero hace 20 o 30 años la gente no lo buscaba. Ahora estamos en su búsqueda y estamos encontrando muchos casos. Sin embargo, todavía es un problema que en gran medida no se reporta».

De hecho, muchos expertos están de acuerdo en que el número de casos reportados representa solamente la punta del iceberg. El Centro Nacional sobre el Abuso a Personas Mayores (National Center on Elder Abuse), financiado por la Administración sobre el Envejecimiento (Administration on Aging) de los EE.UU., calcula que sólo uno de cada seis casos de maltrato a adultos mayores ocurridos en el hogar se reporta a las autoridades. Por ejemplo, en 2003 se reportaron 565,747 casos a las agencias de Servicios de Protección para Adultos (Adult Protection Services) de EE.UU., mientras que consideran que el número real de víctimas de maltrato en ese año pudo haberse acercado a los dos millones.

Las más de las veces el autor del maltrato es un familiar, motivo por el cual la mayoría de los casos no se reportan. De acuerdo con el Estudio Nacional sobre Incidencia de Maltrato a Adultos Mayores (National Elder Abuse Incidence Study) de 1998, financiado por la Administración sobre el Envejecimiento, «casi el 90% de los incidentes de maltrato y negligencia hacia los adultos mayores en donde se conoce al autor, se trata de un familiar, y dos terceras partes de dichos autores son los hijos adultos o el cónyuge».

«Con frecuencia las víctimas se muestran renuentes a reportar el maltrato porque les da vergüenza lo que su familiar les hizo, o sencillamente les da pena haber cometido el gran error de confiar en dicha persona y de haber permitido que las utilizaran», señala Mosqueda.

Algunas víctimas simplemente no desean que sus hijos tengan problemas con las autoridades. «La idea de que su hijo o hija vaya a la cárcel puede ser peor que tolerar el maltrato», especula Sharon Brangman, profesora de medicina y jefa de la división de geriatría de la Universidad SUNY Upstate Medical University en Syracuse, Nueva York.

Deana Johnson, asesora regional de la Red para la Prevención del Maltrato a las Personas Mayores de Ontario (Ontario Network for the Prevention of Elder Abuse) y directora ejecutiva del Consejo sobre la Vejez (Council on Aging) de Windsor, Ontario, agrega que «muchas de las víctimas intentarán proteger a sus hijos adultos a cualquier precio». Ello incluye el hecho de inventar excusas para el comportamiento de sus hijos e incluso culparse a ellas mismas por lo que sus hijos les hicieron.

 «Una madre podría preguntarse a sí misma, “¿Qué es lo que pude haber hecho para que mi hijo me trate así? Debo haber sido una mala madre”».

Deana Johnson, Directora Ejecutiva del Consejo Sobre la Vejez (Winsord, Ontario)

Asimismo, Johnson explica que «Una madre podría preguntarse a sí misma, “¿Qué es lo que pude haber hecho para que mi hijo me trate así? Debo haber sido una mala madre”. Así, de alguna manera piensa que hizo algo para merecer el maltrato, porque como madre ella educó a su hijo». Inclusive en los casos de maltrato físico, la gente mayor a veces trata de minimizar la situación diciéndose cosas como: «Ay, no quiso golpearme tan fuerte».

Otras víctimas mayores eligen callar simplemente porque sienten que dependen de quienes las maltratan debido a la atención física que les brindan. «La víctima sabe que está siendo maltratada, pero también está consiente de que quien la maltrata es la misma persona que le está brindando atención», dice Johnson. «Todo es cuestión de “Si no tuviera a mi hija para que cuidara de mí terminaría en un asilo”. Esta generación opina que un “asilo” es el depósito a donde vas a morir. Actualmente muchos hogares para ancianos son muy agradables y cuentan con muchas actividades y hermosos paisajes; sin embargo, ése no es el tipo de hogar que la gente mayor se imagina. Todavía piensan en “el asilo” y en que cualquier cosa es mejor que estar ahí».

UNA PREOCUPACIÓN CADA VEZ MAYOR

Aunque tal vez sea cierto que se están reportando más casos de maltrato hacia los adultos mayores que en años anteriores, muchos expertos creen que no cabe duda de que el número real de casos se incrementará en los próximos años debido a que la edad de la población en muchos países, así como el número de gente mayor, va en aumento.

Como nunca antes los adultos mayores constituyen un gran porcentaje de la población de EE.UU. y la cifra seguirá en aumento a medida que la generación del ‘boom de la natalidad’ continúe envejeciendo y los estadounidenses sigan disfrutando de una larga vida. Muchas de las personas nacidas dentro del boom de la natalidad, que actualmente pueden tener entre 40 y 60 años de edad, pueden esperar vivir bien hasta sus 80 y 90 años. Para el año 2011 las primeras personas que nacieron dentro del boom de la natalidad estarán listas para jubilarse y, para el año 2025, los expertos prevén que habrá el doble de personas mayores de 65 años que de adolescentes. Canadá, Australia, Europa y Japón están experimentando tendencias similares.

«Debido a que la población mayor sigue en aumento y al incremento en los costos de la atención médica y de los planes de vida para las personas de la tercera edad, más gente asumirá la responsabilidad de aquéllos que los criaron», predice Carmen Bitondo Dyer, profesora adjunta de medicina de la Universidad de Medicina Baylor en Houston y codirectora del Instituto contra el Abuso y el Maltrato a los Adultos Mayores de Texas (Texas Elder Abuse and Mistreatment Institute). «Con pocas alternativas y sin la capacitación necesaria para manejar sus nuevas responsabilidades como personas a cargo del cuidado de otros, muchos infligirán dolor». (Vea «¿Quién está en riesgo?», en inglés).

Para ampliar el problema tenemos el hecho de que cada vez se presta mayor atención a la juventud y, como una consecuencia lógica de ello, en muchas partes del mundo hay un menor respeto por los adultos mayores. ¿Qué relación tiene esto con el maltrato a los mayores? «Si no se ve a la población mayor como valiosa, apta y respetable, entonces el siguiente paso es que se empiece a mostrar esa falta de respeto», señala Lee Stones, una gerontóloga de Thunder Bay, Ontario, y asesora regional de la Estrategia para Combatir el Maltrato hacia las Personas Mayores de Ontario (Ontario Strategy to Combat Elder Abuse). «Entonces la situación se puede intensificar hacia un panorama regular de maltrato psicológico o algo peor».

QUÉ HACER AL RESPECTO

¿Qué puede hacer la sociedad para frenar el problema de maltrato a los adultos mayores? El primer paso es la educación. «Necesitamos llegar al punto en que todo el mundo sepa de lo que se trata el maltrato a los adultos mayores y que esté consiente de su existencia», afirma Podnieks. «Mientras más hablemos de ello, será un problema más real, y mientras más gente quede impactada por él, más comprometidos estaremos como sociedad a hacer algo al respecto».

Es posible que las personas encargadas del cuidado de los adultos mayores también tengan que ser educadas. Aunque muchos toman con seriedad esta responsabilidad y realizan una notable labor ante lo que podría parecer una tarea imposible e ingrata, otros pueden encontrarse rápidamente en dificultades. «Necesitamos asegurarnos de que estas personas tengan contacto con los recursos de la comunidad que puedan ayudarlos, de manera que no se sientan abrumados por sus responsabilidades», señala Johnson. Muchas comunidades cuentan con grupos de apoyo, programas educativos, etc., a fin de ayudar a las personas encargadas de su cuidado a llevar a cabo sus tareas.

También es necesario educar a las personas de la tercera edad. Necesitan saber qué recursos están disponibles en su comunidad para protegerse a sí mismas. Muchas ciudades, por ejemplo, cuentan con una comisión contra el maltrato a los adultos mayores que investiga los reportes de posibles maltratos y brinda su apoyo y ayuda práctica a las personas de la tercera edad que son víctimas de maltrato.

A un nivel más básico, Stones añade que es necesario educar y enseñar a los niños que la vejez no es una época mala. «El envejecer es fascinante y las personas de todas las edades deben ser respetadas y queridas», afirma. «Si la generación joven verdaderamente entiende y respeta a la generación mayor, es más probable que tenga a la gente mayor en un alto concepto y será mucho menos posible que la maltrate». (Vea «La receta contra el maltrato a los adultos mayores: El respeto», en inglés).

Esto nos lleva a lo que de hecho es el problema más fundamental. En última instancia la solución no yace en reconocer los problemas y enseñar a la gente la forma en que debe de cuidar de los adultos mayores y lo útiles que pueden ser. La educación no puede arreglar el problema si la gente no reexamina sus valores. ¿Es más importante la autosatisfacción que la preocupación por las necesidades y derechos de los demás? ¿Se debe valorar más a la juventud y la belleza que a la sabiduría que se obtiene con la edad y la experiencia? ¿Aluna vez se podrá justificar la avaricia y la explotación de los demás?

El erradicar el maltrato a los adultos mayores necesitará el compromiso de la gente de todas partes para asumir la responsabilidad por sus ideas y acciones. Entonces seguramente los casos de maltrato no alcanzarán el nivel del caso de Henry. Henry fue llevado a la unidad de cuidados intensivos de un hospital cercano en donde se solicitó la participación de las autoridades locales, quienes literalmente lo rescataron al revocar el poder otorgado a su hija y al llevarlo a un centro en donde podía recibir la atención continua que necesitaba.

Podnieks cree que todos debemos estar al pendiente de las personas como Henry y nos exhorta a que «Tenemos que ser el guardián del otro. El maltrato a los adultos mayores no es un asunto privado. En la práctica, eso significa que si usted no ha visto a su anciana vecina por algún tiempo, no debe tener miedo de tocar a su puerta sólo para saber cómo está. Hágale saber que usted está ahí si le necesita y que es importante para usted. Esté dispuesto a involucrarse. Después de todo, podría tratarse de cualquiera de nosotros en sólo unos pasos más de nuestro caminar por la vida».