Cuando la racionalidad falla y la desesperación se apodera de nosotros, la sabiduría bíblica ofrece un camino hacia la paz: uno que trasciende el entendimiento humano y proporciona un alivio genuino de las cargas de la vida.
Debido a la archiconocida lista de los llamados siete pecados capitales, muchas personas han vivido con miedo a recibir un castigo terrible después de la muerte. ¿De dónde proviene esta idea?
Algunos sostienen que las enseñanzas de Jesús son imposibles de aplicar porque contrastan fuertemente con el comportamiento humano natural. Pero no podemos alcanzar nuestro máximo potencial sin practicarlas.
Tratar con dureza o venganza a quienes nos hacen daño o no están de acuerdo con nosotros es humano. No es así como Jesús, «el hombre de Galilea», enseñó a sus oyentes a reaccionar.
A diferencia de la mayoría de los conversos posteriores, los primeros seguidores de Jesucristo no se definían a sí mismos como cristianos. ¿Por qué es eso importante?
En prácticamente todos los aspectos de la vida vemos los efectos del interés propio: desde la codicia y la corrupción hasta la sed de poder y de supremacía.
La idea de la materia como base de todo puede parecer fuera de toda duda. Pero una visión del mundo exclusivamente material no satisface la permanente necesidad humana de comprender por qué estamos aquí y qué significa todo esto.