En esta nueva serie examinaremos el deseo de algunos hombres, a lo largo de la historia, por convertirse en dioses-salvadores, así como la atracción que las personas sienten hacia ellos y su tendencia a apoyarlos, con lo que dan legitimidad a su mandato y estimulan sus fantasías de omnipotencia.
En la historia abundan los aspirantes a salvadores que han prometido la paz y la prosperidad, y que han fallado en brindarlas. ¿Hemos aprendido la lección de que ningún ser humano o forma de gobierno nos puede liberar o brindar la salvación final?
Parece ser que la explotación del fervor religioso nunca ha estado muy alejada de la superficie mientras que los líderes buscan y mantienen seguidores – aun en estados devotamente ateístas. En la Unión Soviética esto ayudó a fomentar uno de los regÍmenes más sangrientos de la historia.
En su libro, The God Delusion, el biólogo evolucionista, Richard Dawkins, reúne todo su talento característico para un debate apasionado, ingenioso y lúcido. Pero su lógica tiene defectos significativos.
Adolfo Hitler y Benito Mussolini habían expresado sus pretensiones mesiánicas incluso antes de alcanzar el poder total, y más tarde aceptaron voluntariamente la divinidad que su público adorador les otorgó.
La magnitud de la maldad perpetrada por Adolfo Hitler y Benito Mussolini, y el vil fracaso de sus presuntuosos planes, les probó ser falsos mesías de primer orden.
Descrito como el «restaurador de la religión, salvador de la Iglesia, soberano ungido, un santo en vida», Napoleón quizás fue el más arrogante en la historia de los pretensos mesías.
Donde nunca se pone el sol Carlos V y la Defensa de la Cristiandad El Carlos V el último emperador coronado por un Papa, se vio a sí mismo como un soldado de Dios... con Marte y Neptuno a su lado.
La Caída y el Surgimiento del Imperio Romano La idea de que el poder político puede conferir aspectos divinos en los líderes humanos tiene una larga historia.
La adoración del emperador heredó algunos de sus conceptos del antiguo oriente, donde los reyes eran considerados hijos de los dioses. El famoso Código del Rey Hammurabi (EC 1792–1750 a.C.) de la primera dinastía de Babilonia contiene una descripción de cómo se encontraban entrelazados el dios, el rey y el pueblo.