Los remedios naturales y la farmacología moderna no tienen por qué estar reñidos. El enfoque más sensato en materia de salud es recurrir a ambos con prudencia.
Las superbacterias resistentes a los medicamentos amenazan la medicina moderna, pero para derrotarlas se requiere algo más que los avances científicos.
Las creencias y actitudes que culpan a los pobres por su situación pueden cegarnos a la posibilidad de que los sistemas en los que todos participamos sean defectuosos.